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Discurso de Su Majestad el Rey ante el Senado mexicano

México D.F., 04.04.1997

S

r. Presidente de la Gran Comisión del Senado de la República,Sras. y Sres. Senadores,

Es un honor dirigirme hoy a este Senado de la República, que cuenta, según prevé la Constitución, con facultades exclusivas dentro del Congreso de la Unión en el ámbito de las relaciones exteriores, esencialmente orientadas a analizar la política exterior desarrollada por el Ejecutivo Federal, aprobar los tratados internacionales y ratificar los nombramientos diplomáticos.

Comparezco además ante esta Cámara en un momento político de gran relevancia. El Poder Legislativo se encuentra en proceso de fortalecimiento para avanzar hacia un régimen presidencial  mejor equilibrado por los otros poderes del Estado, en un marco de estricto respeto a la autonomía de cada Poder y dirigido a conseguir el perfeccionamiento democrático de las instituciones mexicanas.

Deseo a la actual Legislatura, así como a la próxima que iniciará sus sesiones tras las elecciones del 6 de julio, la mejor de las suertes en esta nueva etapa de reforzamiento de su cometido.

Lo anterior nos afectará en gran medida a los españoles si consideramos el peso que la relación parlamentaria hispano-mexicana está alcanzando en el conjunto de la relación bilateral.

El pasado mes de  marzo tuve la oportunidad de saludar en Madrid a los parlamentarios mexicanos que participaron en la IX convocatoria de la Reunión Interparlamentaria que vincula a nuestros Legislativos.

Allí se me anunció la constitución de un Grupo de Amistad Parlamentaria que se convertirá en el cauce permanente de contactos entre los dos Poderes, demostrando así la riqueza y calado de los mismos.

Dentro de pocas semanas, además, el Presidente de esta Cámara y el de la Cámara de Diputados estarán presentes en España en una nueva convocatoria de la Conferencia de Presidentes de Parlamentos Democráticos Iberoamericanos.

Todos estos foros de encuentro y diplomacia parlamentaria profundizan y amplían tanto nuestra relación bilateral, cuya excelente salud avalan los resultados de la Comisión Binacional que ayer tuvo lugar, como el proyecto iberoamericano de conformación de un espacio de intercambio en todos los órdenes.

España y México acogieron desde su comienzo con fervor la idea de celebración de las Cumbres de la Conferencia Iberoamericana, como designio de los ejecutivos de todos nuestros países por construir un ámbito político propio. Todos conservamos un especial recuerdo del inicio de esa andadura, que juntos emprendimos en tierra mexicana, en la Cumbre de Guadalajara. Hoy, nuestra cita anual es ya un compromiso imprescindible de encuentro, discusión e intercambio de ideas sobre el acontecer regional y mundial y, a la vez,  plataforma de impulso de otras iniciativas iberoamericanas.

Pero si las Cumbres fueron una idea lanzada desde los Ejecutivos, el éxito del proyecto no se habría consolidado si no se hubiera visto continuado por la proliferación de foros iberoamericanos en muchos otros ámbitos.

Los encuentros sectoriales que agrupan a los responsables de materias afines en todos los ejecutivos, y las reuniones parlamentarias a las que antes he hecho mención,  permiten contrastar opiniones sobre problemas similares, indagar sobre soluciones que partan de nuestro entramado jurídico común, y establecer marcos de colaboración técnica parlamentaria que consoliden aún más los vínculos institucionales.

Por otro lado, los programas de cooperación derivados de las Cumbres han propiciado los proyectos conjuntos y los encuentros entre científicos, estudiantes y educadores, reforzando el conocimiento mutuo y el afecto entre culturas con un fondo compartido que a menudo reconocemos con asombro y emoción.

El espacio iberoamericano se va vertebrando por múltiples caminos: vínculos entre nuestras sociedades, movilidad de nuestros nacionales, negocios y alianzas entre nuestras empresas, encuentros de nuestros artistas y literatos, convenios entre nuestras universidades y circulación de nuestros libros con el convencimiento de la construcción progresiva de una comunidad científica en español.

En definitiva, una trama extensa de interrelaciones que nuestros Poderes Ejecutivos y Legislativos impulsaron con ilusión y fe y que en sus múltiples y variadas expresiones no ha dejado de crecer desde las primeras acciones a principio de esta década.

Y son sobre todo estas iniciativas conjuntas entre Ejecutivo y Legislativo las que ofrecen frutos más maduros y duraderos, proyectos más firmes y creíbles, emprendimientos más costosos y esforzados, pero con un resultado tangencial al alcance de nuestros respectivos ciudadanos.

El proyecto iberoamericano tiene una dinámica propia, pero es a la vez flexible y pragmático. Aplaude otros procesos de integración que se van dando en la América de habla hispana y portuguesa y que van configurando un panorama ambicioso de interrelación política y comercial. Considera esencial el alto diálogo político que se desarrolla en el seno del  Grupo de Río. Observa con atención la consolidación de Mercosur y las posibilidades de expansión de los intercambios intrarregionales que auspicia. Apoya la recuperación en Centroamérica y su articulación regional, en estos momentos tan simbólicos en que Guatemala, el último de sus  países en guerra civil, estrena la paz. Sigue con atención el proceso de integración en América del Norte y la creación de un gran mercado entre México, Canadá y Estados Unidos. El vigor del proyecto iberoamericano se basa en nuestro pasado común, en nuestro deseo presente y en su habilidad para convivir con otras redes supranacionales que aconsejan la geografía y el comercio y que, en definitiva, prolongan nuestra voluntad de relación en otras manifestaciones que se van dando a escalas diversas, pero de extraordinario contenido económico y político.

El futuro de nuestro proyecto es el de consolidación de relaciones diversas entre Estados prósperos, sociedades cultas y tolerantes y regímenes democráticos.

He hablado de espacios de integración en este lado del Atlántico. Al otro lado, España trabaja sin tregua en la construcción de una Unión Europea con mecanismos perfeccionados, que garanticen la libertad de movimientos de bienes y personas, la coherencia de sus planteamientos políticos y sus objetivos económicos y la construcción de instrumentos de solidaridad interterritorial.

En la voluntad europea por diseñar una política exterior y de seguridad común, España no puede dejar de aportar su dimensión iberoamericana.

La adhesión española a la actual Unión  Europea, en 1985, determinó que en todos los foros comunitarios nuestro país planteara la necesidad imperiosa de reforzar los vínculos con la América de habla hispana y portuguesa.

Hoy, más de diez años después, el balance es claramente positivo. Los marcos de relación con Centroamérica, Mercosur, Pacto Andino y Grupo  de Río, los planes de cooperación para aquellos países iberoamericanos que más lo precisan, la red de Delegaciones de la Comisión Europea en toda América, los nuevos Tratados que se han ido firmando en estos años, demuestran que nuestro esfuerzo no ha sido en vano, aunque es mucho  aún lo que nos gustaría conseguir.

España no quiere verse obligada a decantarse por su vocación europea o americana sino integrar ambas dimensiones, trabajar en estos dos frentes de acción exterior que nos marca la historia y contribuir a ser el cauce que una a ambos.

Hoy, nadie duda de esa voluntad y de ese papel que nos ha tocado jugar en la Historia, y desde aquí reafirmo  nuestro compromiso renovado en servicio del mismo.

La reciente propuesta europea, que ya avanzó el Presidente de mi Gobierno en Viña del Mar, de celebrar  una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe constituye una iniciativa más que confirma esta vocación  integradora, revalorizando  el diálogo y la relación ya existente entre ambos espacios.

Así, España ha trabajado con insistencia en el seno de las instituciones europeas para lograr que México y la Unión Europea revisen el Tratado que regula su relación, con vistas a la negociación de uno nuevo cualitativamente distinto que establezca las vías para conseguir un marco de libre comercio, una relación política institucionalizada al más alto nivel y unos esquemas de cooperación paritaria que se extiendan a todos los campos relevantes. En todo empeño, sin embargo, existen riesgos y trabas. Estoy convencido de que todos los mecanismos que he mencionado, y otros por venir, sabrán adaptarse a las necesidades de un entorno internacional en proceso de acelerada transformación tecnológica productiva y de comunicaciones.

La escala planetaria que domina actualmente en los grandes debates nos estimula a las naciones iberoamericanas a seguir construyendo nuestro proyecto al ritmo que imponen los cambios, adaptándonos en ocasiones a ellos, e induciéndolos en otros casos según las propias necesidades que nos dicten nuestros pueblos.

Contamos para ello con el más preciado tesoro compartido: nuestra identidad histórica e idiomática, pero también un objetivo común que realizar en el campo de la intensificación del comercio e inversión recíproca.

Quisiera dar una especial relevancia al hecho de que las relaciones económicas y comerciales entre México y España tienen cada vez mayor entidad.  Su desarrollo es enriquecedor, en el sentido estricto del término, para nuestros dos países. Prueba de ello es que los intercambios comerciales se aproximan ya a los 1500 millones de dólares anuales y que México es el primer suministrador de petróleo de España.

Hemos aunado esfuerzos para crear instrumentos financieros, comerciales, jurídicos y de cooperación entre nuestros dos países con el fin de incentivar nuestras relaciones con un contenido económico y comercial. Corresponde a los hombres de empresa el sacar partido de este marco jurídico existente y hacer realidad estas aspiraciones de los dos pueblos creando riqueza y empleo.

México y España son miembros activos de sendos proyectos de integración económica. No por ello nuestros esfuerzos en el seno de estas entidades nos deben conducir  a relegar a un segundo plano nuestras relaciones bilaterales, en todos los sentidos y por supuesto en el económico y en el comercial. Sería un error histórico y así nos lo recordarán nuestros pueblos.

En estos momentos en que México, mediante una decidida política, ha dejado atrás la crisis financiera de hace unos pocos años, España puede ofrecer para la modernización de la economía mexicana tecnología competitiva en precio y calidad, que además "habla español".

No puede ignorarse, sin embargo, que nuestros países se ven todos ellos azotados por lacras que la globalización de la vida ha hecho más arduo eliminar.

El terrorismo y el narcotráfico son dos de los que causan especial sufrimiento a las poblaciones de España y México y a la supresión de los cuales se orienta una buena parte del esfuerzo de nuestras autoridades.

Como Cámara del Congreso a cargo de las relaciones exteriores, quiero agradecer a este Senado su compromiso y su esfuerzo en favor de la lucha que las autoridades españolas desarrollan contra los terroristas que han convertido la prolongación de su actividad asesina en su única razón de ser y deseo manifestar a este Legislativo que nuestros poderes están inspirados en su actuación diaria por un idéntico espíritu de colaboración para que estos delincuentes internacionales no encuentren cobijo en ninguno de nuestros dos países y sean puestos cuanto antes a disposición de la justicia.

No puedo dejar de referirme al XX Aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros dos países, que celebramos estos días y que puso fin a un prolongado paréntesis de distanciamiento entre Gobiernos, originado por circunstancias que no volverán a ocurrir.

Justo es señalar, sin embargo, que el vínculo entre sociedades jamás decayó: México acogió con generosidad solidaria a nuestros exiliados y emigrantes y ellos nos trasladaron durante los años del alejamiento oficial el pulso y el cariño de este país hermano.

Nuestras sociedades comparten además un extraordinario sustrato literario que fluye a través de las fronteras. México acogió precisamente a parte notabilísima de nuestro exilio de  poetas y novelistas que aquí se hizo mexicano sin renunciar a sus raíces.

Nuestros ciudadanos hablan con orgullo de sus Premios Nobel, con independencia de nacionalidad, cuando mencionan a los laureados que escriben en español.

El Congreso de la Lengua Española, que tendré el honor de inaugurar en Zacatecas el próximo lunes, junto con el Presidente Zedillo, prueba el vigor apasionado de nuestro idioma común.

Quiero terminar haciendo mía una reflexión del gran pensador y poeta que es Octavio Paz. Advierte Paz que "las sociedades no mueren víctimas de sus contradicciones sino de su incapacidad para resolverlas". Y remata esa idea, en otra parte, señalando que "lo que hace creadora a una sociedad" es precisamente "la contradicción complementaria", que exige tolerancia de la opinión ajena y, en buena cuenta, libertad.

En ese empeño estamos y es particularmente pertinente afirmarlo aquí, en el seno del Poder Legislativo, representación por antonomasia de ese sano e imprescindible pluralismo.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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