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Palabras de Su Majestad el Rey en el Centenario de José María Pemán

Cádiz, 22.10.1997

C

on mucho gusto acudo a esta celebración, que para mí supone en primer lugar un sinfín de recuerdos reconfortantes y memorias de juventud, que el tiempo no ha sido capaz de borrar, sino más bien ha colocado en la adecuada perspectiva.

Recordamos en primer lugar al hombre, y con él su obra, que se funde estrechamente con su persona y la expresa con la naturalidad que siempre supo dar a su vida y sus hechos.

De las múltiples e interesantes facetas de José María Pemán quiero comenzar destacando la de articulista. Nadie ha negado su maestría en ese género periodistico en que, a lo largo de sesenta años, derrochó sagacidad, humor, ternura y capacidad para el análisis y comentario penetrante de la actualidad.

Esta ciudad bellísima que tanto amó, y es protagonista de muchos de sus escritos más queridos, nos recuerda su condición de hombre de letras y la vocación permanente con que recorrió los caminos de todos los géneros literarios.

Cultivó la poesía y la novela, escribió cuentos que sólo su natural contención pudo calificar de "sin importancia", brilló en el ensayo y el teatro y se atrevió con la televisión a través de un conseguido personaje, el "Séneca".

Tuvo fecundos aciertos en el arte más antiguo de la comunicación, la oratoria, y ocupó, como director de la Real Academia Española, un lugar destacado en el panorama literario de su tiempo.

Fue, además, un hombre bueno en el mejor sentido de la palabra: liberal en cuanto generoso de si mismo y respetuoso con los demás, aunque con él discreparan, siempre con la mano tendida para ayudar a los jóvenes que empezaban y a los escritores que se hallaban en dificultades.

El Pemán que recordamos elogíó el mérito allí donde se encontraba, prescidiendo de ideologías y posiciones concretas y sin identificarlo con alguna de esas etiquetas con que a veces los españoles desfiguramos el talento y el talante de quienes no coinciden con nosotros.

Por su calidad humana y méritos como hombre de letras, por su sabiduría y su amor a España le concedí el Toisón de Oro. Recuerdo muy bien el día en el que se lo impuse en un acto entrañable en el Palacio de la Zarzuela, poco meses antes de su muerte.

Al cerrar ahora los numerosos actos que se han celebrado para conmemorar su centenario, quiero subrayar también su lealtad a la Corona y sus servicios  a la Monarquía.

Presidió Pemán el Consejo Privado de mi Padre y, en una época especialmente difícil, fue un ejemplo de moderación, equilibrio, sentido de la realidad y espíritu de concordia. Luchó con inteligencia y acierto para que no se quebrara la unidad de la Dinastía, y puso su autoridad en la vida nacional, que fue grande, para conseguir este empeño.

Siendo muy joven escribió este verso: "Así quiero yo ser, como este olivo, pródigo hasta morir". Cumplió generosamente su propósito y su vasta obra literaria reverdece hoy al conjuro de su centenario.

El reconocimiento de sus méritos de escritor y de su calidad literaria e intelectual, así como de su condición de hombre comprometido con la verdad, y por ello tolerante y generoso, son las claves de esta celebración a la que he querido sumarme en su Cádiz natal, que nunca apartó de su pensamiento y su corazón.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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