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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en el acto de entrega de los títulos universitarios en la Universidad Complutense

Madrid, 17.03.1999

H

oy hace diez años que recibí en este mismo lugar, sentada en los bancos en los que ahora estáis los recién licenciados, mi título universitario de Licenciada en Ciencias Políticas. A mí y a mis compañeros "nos comían" los nervios,  en una ceremonia que se reanudaba con aquella promoción de 1989, por la emoción de tener cerca a nuestras familias y de recibir el espaldarazo de un título que nos lanzaba al mundo profesional y nos alejaba de la Universidad.

En aquella ocasión, se nos recordó el precioso consejo de Raimundo Lulio: "Vete por el mundo y maravillate". Muchas veces he recordado ese "oficio de maravillarse" que aconsejaba el filósofo mallorquín hace tantos siglos y que sigue siendo cada vez más vigente en un mundo acelerado como el que vivimos.

Un mundo que nos exige ir con el paso más rápido que generaciones anteriores. Un mundo de constante innovación  externa que nos fuerza a una renovación interna continua, de nosotros mismos y  nuestros saberes.

Un mundo al que, frente al posible caos del cambio constante, tenemos instrumentos y recursos para hacer frente.   Pues es "nuestro", ya  que contribuimos a construirlo  con nuestro trabajo, nuestras ilusiones, nuestras esperanzas y nuestras luchas.

Cada vez "más nuestro", porque ya nada  de lo que pasa en el resto del planeta nos es ajeno. Vivimos en interrelación con todo lo que ocurre en el rincón más alejado y cada vez somos más conscientes de que lo que acontece al último de los seres humanos en la región más desconocida del globo nos afecta. 

Un fuerte sentimiento de solidaridad en los jóvenes, el amor a la libertad, y una auténtica preocupación por preservar un Medio Ambiente que el propio desarrollo puede dañar, me parece que son adquisiciones propias y firmes de estos diez años últimos en un universo cada vez más global.

Me gustaría  resaltar que, en este contexto, la institución universitaria sigue siendo fundamental. En mis años de formación post-grado primero, y luego de dedicación profesional y trabajo, he aprendido que lo que hace valiosos los estudios superiores no radica simplemente en sus contenidos concretos.

Consiste más bien en una actitud y una forma de ver las cosas, en habernos enseñado el valor del conocimiento, y que ese conocimiento no es simplemente, aunque sea mucho, la adquisición de saberes determinados, sino que es sobre todo una experiencia.

Experiencia que se renueva durante toda la vida porque consiste fundamentalmente en saber aprender a pensar. Y por tanto, aprender a renovarse, a sentir el valor de la libertad y el sentido de responsabilidad. La enseñanza universitaria, así, no se acaba nunca y es la que nos da el aire de familia que puede permitirnos movernos en un universo abierto, sin perder por ello la vertebración que nos dan unos valores que son absolutamente imprescindibles para el ser humano.

Querría, en este para mí décimo aniversario, intentar transmitiros lo que yo también recibí y por lo que estaré siempre agradecida a la institución universitaria: la capacidad de aprender constantemente y ese poder de "maravillarse" que, como señalaron nuestros griegos clásicos, es la fuente de toda felicidad y comprensión de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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