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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Iberoamericano de Humor Gráfico "Quevedos"

Madrid(Alcalá de Henares), 25.11.1999

M

uchos han sido los que han intentado, no siempre con éxito, definir el humor, ese estado de gracia que permite volar por encima de las cosas, y desde su distancia, analizarlas y sonreírlas, desnudándolas de aspereza y falsa trascendencia.

Uno de los grandes maestros del humor español del siglo XX, Enrique Jardiel Poncela, escribió que intentar definir el humor es igual de difícil que pinchar una mariposa con un poste de telégrafo.

Está lejos de mí perpetrar semejante disparate, pero sí creo poder matizar que el humor no es uno y verdadero, que lo hay de todos los colores y alturas, si bien el Humor con mayúscula, el unánimemente reconocido -incluso por quienes no terminan de comprenderlo-, es un don de Dios que nace con la persona, un talento de raíz propia.

Si a ese don y talento se suma el del trazo, el de la palabra, el de la ternura, el de la poesía, el de la inteligencia, el de la oportunidad y el de la valentía, nos encontramos con Antonio Mingote.

Este primer Premio Iberoamericano de Humor Gráfico "Quevedos", no es galardón que premia un hallazgo, un acierto aislado, un dibujo o un pensamiento, por valiosos que estos sean. Premia a toda una vida de sabiduría, maestría, trabajo y limpieza, en el caso de Mingote, dedicada a mejorarnos a los demás día tras día, y año tras año, ya camino del medio siglo, desde las páginas de ABC y Blanco y Negro.

Sus dibujos, a veces, han trascendido de su vocación, y se han convertido en portadas y editoriales. Porque el humor limpia y abrillanta, nos enriquece, nos somete a la voz de la conciencia, y nos libera de estructuras inflexibles y ásperas.

Cuando se editó un libro-homenaje a Antonio Mingote, con cien portadas de ABC comentadas por otras tantas personalidades de la cultura española, mi padre, el Conde de Barcelona, quiso abrir las páginas de ese libro, que no tuvo la fortuna de poder disfrutar, con unas palabras que reflejaban su admiración por su trayectoria personal y artística.

 Hoy estás aquí, querido Antonio, rodeado de tus amigos. Incluso de quienes no pueden estar presentes físicamente, pero sí lo hacen desde sus espacios elegidos. Tus padres, que tanto te dieron, y tus amigos y maestros, ya escapados, como Tono, Mihura, Edgar Neville, Enrique Herreros, Luis Sánchez Polack "Tip", entre otros, que tanto hicieron, como tú, para que España sonriera aún en las circunstancias más difíciles.

Termino con tus palabras: "No sé cómo explicarlo, pero yo a la gente la quiero de verdad". Yo sí me lo explico, y como uno más lo comparto, diciéndole a un español con ochenta años cumplidos entre la genialidad y el esfuerzo: gracias por hacernos mejores.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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