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Palabras de S.M. el Rey en la Sede de la Academia Olímpica

Grecia(Olimpia), 27.05.1998

S

eñor Ministro Alterno de Asuntos Exteriores,Señor Director de la Academia Olímpica Internacional,

El ser humano no puede vivir sin ideales. Mas allá de las circunstancias del momento, hay que tener la presencia de espíritu de olvidar la contingencia para alcanzar aquello que puede perdurar a través de los siglos.

Sin duda, esto fue lo que animó a aquellos que varios siglos antes de nuestra Era crearon una fiesta local, la de Olimpia, que con el transcurso del tiempo se convirtió en la medición del tiempo antiguo.

Los atletas que deseaban participar en los Juegos Olímpicos tenían que poseer las cualidades que describían un modo de entender los más altos valores de la civilización griega: ser libre, no haber cometido crimen ni sacrilegio, no haber violado las reglas de los Juegos, ni roto la tregua sagrada.

Con el tiempo, las civilizaciones tienden a perfeccionarse, pero en ocasiones también sufren dolorosos retrocesos: en la época clásica, las guerras se detenían por la tregua olímpica, pero en este siglo ¿cuántas veces se han interrumpido las Olimpiadas por causa de guerras?.

Al sobrevolar esta mítica región de Arcadia, he pensado en lo mucho que la civilización actual debe a esta tierra. Al ver los templos y edificaciones que mantienen aún hoy viva aquella tradición, embarga al visitante el sentimiento de silenciosa grandiosidad que pervive en medio de estos bosques.

Si los edificios han sufrido el paso del tiempo, la llama sigue viva y alienta cada cuatro años un espíritu que, según nos cuenta Herodoto, extrañó grandemente al rey persa Jerjes, cuando supo que aquellos hombres no competían por dinero ni por ningún bien material, sino por una corona de olivo: "No se enfrentan por dinero, sino que se enfrentan por la virtud".

Quisiéramos que ese espíritu perdurara y que con esa llama olímpica que cada cuatro años parte hacia algún lugar del planeta, viajen siempre los ideales que hicieron de esta ciudad una de las cimas de la civilización.

Yo mismo, que siempre me he considerado un fiel seguidor de esos principios olímpicos, me he sentido partícipe del esfuerzo de los atletas por superarse, por alcanzar nuevas cotas físicas y esprituales. Este ideal olímpico agrupa hoy a hombres y mujeres sin distinción de condición, raza o religión.

Cuando en el año 2004 la ciudad de Atenas acoja nuevos Juegos Olímpicos de la Era Moderna, habrán pasado justo 2.780 años desde la primera Olimpíada. Pero más allá de todos los siglos transcurridos, deben perdurar las esencias que vieron nacer este ejemplo de hermandad entre los pueblos.

Por ello, quiero, por último, en estos momentos y en esta ciudad, símbolo entre los símbolos de concordia entre los seres humanos, apoyar plenamente la propuesta del Gobierno griego y del Comité Olímpico Internacional de convertir a Olimpia en sede de un "Centro Internacional para la Tregua Olímpica", como medio de sobrepasar los desgarramientos que, desgraciadamente, asolan en un lugar u otro nuestro mundo.

Muchas gracias

Itzuli Hitzaldiak atalera
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