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Palabras de S.M. el Rey en la Cena de Gala en Honor del Presidente de la República de Turquía

Palacio Real de Madrid, 03.03.1998

S

eñor Presidente,

Nos cabe hoy el honor y la satisfacción de dar a Vuestra Excelencia y a la Señora de  Demirel la más cordial bienvenida a España. Hemos estado aguardando con impaciencia la oportunidad de devolveros la generosa hospitalidad con la que nos acogisteis durante nuestra visita a Turquía. Aún recordamos las hermosas imágenes de vuestro gran país, aliado, socio y amigo de España, y las cálidas muestras de afecto del pueblo turco.

Vuestra presencia en Madrid, acompañado de una importante y distinguida Delegación, es un testimonio vivo del cambio cualitativo que se está produciendo en nuestras relaciones bilaterales. Nos congrega la realidad del presente y, al mismo tiempo, la promesa de un futuro de amplias posibilidades para la cooperación política, económica, y cultural entre las dos naciones.

Porque Turquía y España comparten afinidades geográficas e históricas, que nos aportan una plataforma incomparable sobre la que sustentar nuestra relación bilateral. Ambos Estados, situados en el Continente europeo y en los dos extremos del Mediterráneo, han sido capaces de caracterizar con su impronta amplios espacios de la historia europea y de constituir un puente entre Europa y Asia, en el caso de Turquía, y entre Europa y América, en el caso de España. De esta manera, los dos países hemos aportado al viejo Continente nuevas dimensiones que le complementan y le enriquecen.

A la vez, Turquía y España han vivido experiencias semejantes de apogeo y de adaptación a la condición global del vivir contemporáneo. Este doble paralelismo tiende a reforzar tantos elementos que comparten nuestros pueblos.

Turquía afronta simultáneamente el reto de atender las legítimas aspiraciones de sus ciudadanos a una vida más próspera, más libre y más segura, al tiempo que busca fortalecer sus instituciones democráticas y el respeto al Estado de Derecho.

La experiencia española es que la democracia y la libertad no son el resultado inexorable del desarrollo económico, ni una conquista irreversible de la modernización del Estado. Son valores que deben ser continuamente alimentados y perfeccionados por nuestra voluntad individual y colectiva. 

Señor Presidente,

Si nuestras relaciones políticas han alcanzado un excelente nivel, que se pone bien de manifiesto con vuestra Visita de Estado, nuestras relaciones económicas están conociendo un despertar que también nos llena de esperanza.

Contamos con las oportunas bases jurídicas e institucionales, con la voluntad de fomentar los intercambios y las inversiones conjuntas, y, sobre todo, con empresarios turcos y españoles cada vez más abiertos al exterior. Cada uno de nuestros dos Estados dispone, además, de un amplio mercado en el otro, y de las posibilidades ilimitadas que para la acción conjunta de nuestros empresarios ofrecen las áreas geográficas extraeuropeas familiares a los dos países.

La experiencia muestra, incluso, hasta qué punto ambos países pueden desarrollar con éxito proyectos conjuntos de extraordinaria complejidad.

Estoy convencido de que los intercambios de misiones económicas y comerciales que tendrán lugar a lo largo de este año y la celebración en Estambul de la próxima Expotecnia, auguran una nueva era en nuestras relaciones comerciales.

Señor Presidente,

Nuestro largo pasado nos enseña a identificar los momentos en que se cruzan los caminos de la Historia.

Nos encontramos en uno de esos momentos. Estamos asistiendo a la conformación de la Europa del siglo XXI. Los países se miden por la grandeza de sus objetivos más que  por el esplendor de su pasado. Y hoy, uno de nuestros objetivos compartidos es Europa. Una Europa más segura, más unida y más próspera. También más abierta al mundo y más consciente de sus responsabilidades internacionales.

España participa sin ninguna reserva en el desarrollo de la Unión Europea, que es también la meta de Turquía, la culminación de las aspiraciones del pueblo turco para ocupar el lugar que le corresponde en la civilización contemporánea.

Buscamos una Europa capaz de dotar a sus ciudadanos de una seguridad creciente y de contribuir, por tanto a la paz y el triunfo del Derecho en la escena internacional. Madrid ha sido recientemente escenario de una histórica Cumbre de la Alianza Atlántica que ha puesto los cimientos de la seguridad europea para el siglo XXI, después de haber asumido las enseñanzas de un siglo XX quebrado por dos guerras mundiales y por una confrontación ideológica que ha congelado durante décadas el progreso de una gran parte del Continente.

Hoy, cuando todos celebramos el final de aquella época y nos disponemos a recoger los primeros frutos de una nueva era de paz y estabilidad, es justo recordar la generosa contribución prestada por Turquía durante decenios a la defensa de Europa, a los principios de la democracia pluralista y a la economía de mercado. Y es obligado extraer las conclusiones pertinentes de esta inalterable lealtad de Turquía a los valores de la civilización occidental: España encuentra en Vuestra Excelencia y en la nación y el Estado turcos un aliado firme, seguro y sin quiebras, cuyo valor para mi país y para el conjunto de Occidente deseo expresamente destacar.

Ahora bien, hay que permanecer alerta. Bosnia y Albania son dos ejemplos de los nuevos desafíos a los que debe atender la Arquitectura Europea de Seguridad, dos ejemplos de la utilidad de contar con mecanismos de respuesta rápida y ágil para la solución de conflictos locales o regionales. Turquía y España pueden sentirse orgullosas de la respuesta generosa de sus sociedades y de la contribución de sus Fuerzas Armadas al alivio de los sufrimientos de la población civil.

Señor Presidente,

España, desde el momento mismo de su adhesión a la entonces Comunidad Europea, ha desarrollado una acción firme y responsable, que cuenta con un alto consenso social, en favor de una Europa más unida y, al mismo tiempo, más abierta a todos los países europeos, sin excepción, dispuestos a contribuir a este gran proyecto de futuro.

Al subrayar que somos muy conscientes de la voluntad de Turquía de participar en esta empresa, España reconoce sin ninguna reserva la vocación europea de Turquía y su aspiración legítima a ingresar en la Unión conforme a los mismos criterios que se aplicarán a los demás candidatos.

España apoya los esfuerzos que vuestro país está llevando a cabo para asumir el reto de la adhesión, y alienta su intensificación con vistas a que Turquía pueda participar, como un miembro más, en el proceso de la construcción europea.

Señor Presidente,

Permitidme que antes de terminar mis palabras me refiera a ese espacio común que es el Mediterráneo. Un espacio que antes nos separaba y hoy nos une. Un cristal a través del que nos vemos, y un espejo en el que nos reflejamos.

El Mediterráneo es, en efecto, ese crisol de culturas y religiones que ha alimentado nuestra conciencia colectiva, y sustentado nuestra convicción íntima de que las diferencias entre los pueblos pueden encontrar su acomodo en un marco de convivencia, en un espacio integrador.

El sueño de Europa, que se ha nutrido de la pulsación integradora que procede de ese fondo común de civilizaciones, estaría incompleto sin su dimensión mediterránea.

Por eso España ha venido defendiendo con ahínco la necesidad de  que los sistemas políticos, económicos y de seguridad occidentales asumieran esa dimensión como uno de sus componentes centrales, y desarrollaran, cada uno en su esfera, una estrategia global para la región. La Asociación Euromediterránea que nace en la Conferencia de Barcelona forma parte de ese designio. Con él se  aspira a crear un espacio de entendimiento y prosperidad, mediante el fomento del diálogo político, la creación de una zona de libre cambio, la consolidación de la democracia y del respeto a los Derechos Humanos, y la participación activa de la sociedad.

Turquía y España, que han interpretado un papel protagonista en la institucionalización de este proceso, tienen la responsabilidad especial de trabajar juntos para que esta estrategia mediterránea rinda todos sus frutos, en beneficio, tanto de los Estados ribereños, como de la paz y la seguridad internacionales.

Señor Presidente,

Estoy persuadido de que Turquía y España sabrán unir aún más sus esfuerzos para extender y profundizar sus relaciones bilaterales y contribuir de esta manera a dar nueva vida a esa empresa compartida que es Europa.

Con esta íntima convicción, hija al mismo tiempo de un ferviente deseo, permítame, Señor Presidente, que levante mi copa en honor de Vuestra Excelencia y de vuestra distinguida esposa, y de la profunda amistad que impulsa a un diálogo, aún más estrecho, entre nuestros dos pueblos amigos.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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