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Palabras de Su Majestad el Rey a los miembros del Gobierno y de las Organizaciones No Gubernamentales en la sesión informativa sobre ayuda a los refugiados de Kosovo

Madrid, 26.04.1999

A

gradezco a las representaciones de las Organizaciones No Gubernamentales su presencia en esta reunión, que sigue a la que acabo de tener con los miembros del Gobierno más directamente implicados en la ayuda a los refugiados de Kosovo.

En estos momentos, la sociedad española sigue con interés y enorme preocupación la gran tragedia del pueblo kosovar. Por eso, es tan importante articular mecanismos de cooperación solidaria que alivien la situación de tantos cientos de miles de personas desplazadas en el entorno del área del conflicto.

España tiene una larga tradición de participación humanitaria que se ha puesto de manifiesto en Ruanda, en Zaire, en Armenia, en Bosnia, en Centroamérica y en tantos otros sitios donde la conjunción de las administraciones públicas y las organizaciones no gubernamentales desarrollaron y siguen desarrollando una labor profundamente humanitaria.

Ante la situación que se vive en los Balcanes, es preciso conciliar actuaciones solidarias, en el marco de cooperación de la Unión Europea -a través de la Oficina Humanitaria- así como en estrecha colaboración con el ACNUR para agilizar e intensificar el apoyo a las personas desplazadas.

A esta tarea estamos convocados todos los españoles, cada uno desde sus posibilidades y aptitudes. De ahí la importancia de los mecanismos de coordinación entre las administraciones del Estado y el importante sector de organizaciones no gubernamentales españolas que gozan de un merecido prestigio por la calidad y entrega de su trabajo.

En estas circunstancias es preciso ganar tiempo al tiempo, adelantando previsiones y dispositivos de urgencia, pero sin olvidar que todo el trabajo que se haga en los Balcanes y en los programas de acogida en España ha de planificarse a corto, medio y largo plazo. Hemos de atender la inmediatez de situaciones de vulnerabilidad, de urgencias sanitarias y de desprotección. Al mismo tiempo, es preciso anticiparse a lo que debe ser la preparación del camino de retorno.

Hay que evitar que se produzca el fenómeno del desarraigo. De ahí que en la atención a los desplazados kosovares que vengan a España se tenga muy presente el respeto a sus señas de identidad, sus hábitos culturales y su lengua -sobre todo en el caso de menores- para conseguir que su aclimatación en España no conlleve traumas añadidos a los sufrimientos que han padecido en todo este tiempo de conflicto. España debe ser generosa en su aportación a la recuperación de la paz en Kosovo, y, muy especialmente, en la atención a las personas desplazadas en los países del entorno así como las que han venido y vendrán hasta que se consiga la paz. Sin escatimar esfuerzos, y con la experiencia acumulada de otras actuaciones, abrigamos la esperanza de que seremos capaces de abordar programas y actuaciones que redunden en beneficio de los ciudadanos kosovares.

Deseo fervientemente, en fin, que la paz sea pronto una realidad en Kosovo y que empecemos a prepararnos para participar intensamente en el proceso de reconstrucción de una tierra a la que añoran volver los que ahora han tenido que huir del horror y la destrucción.

 

Itzuli Hitzaldiak atalera
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