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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomatico

Madrid, 24.01.2000

S

eñor Nuncio Apostólico,Señores Embajadores y Encargados de Negocios, Señores Representantes de Organismos Internacionales,Señoras y Señores:

Permítanme, ante todo, expresarles mi agradecimiento por su presencia en esta ceremonia y mi reconocimiento por las generosas palabras pronunciadas por el Decano del Cuerpo Diplomático y por sus afectuosas expresiones de pésame que mi Familia y yo agradecemos de corazón.

Hoy, cuando el terrorismo criminal ha hecho de nuevo su aparición, quiero hacer públicos mi rotunda condena y mi profundo dolor, así como mi solidaridad para con la familia del Teniente Coronel Blanco, asesinado hace muy pocos días por ETA.

Deseo unirme a la afirmación conjunta que ha venido haciendo en estos días la sociedad española de los valores esenciales que defiende: la libertad, la convivencia pacífica y los derechos humanos.

Pero no sólo compartimos los sentimientos de condena y dolor ante estos actos de barbarie; también se ha hecho más firme la voluntad de combatirlos con la ayuda de una cooperación internacional creciente y eficaz, dotada de instrumentos cada vez más desarrollados.

En este sentido, quiero expresar mi agradecimiento por las numerosas muestras de apoyo recibidas y por la solidaridad expresada por la comunidad internacional.

España, como uno de los más antiguos Estados de Occidente, posee intereses y obligaciones permanentes que son fruto de su situación geográfica y de su andadura histórica. Junto con ellos, existen otros nuevos, nacidos del hecho de ser un país cada vez más próspero y activo. De ahí nuestra voluntad de incrementar la presencia y la responsabilidad internacionales de España, partiendo de los principios y valores que hemos hecho propios y que seguirán inspirando nuestra acción exterior durante estos años de transición entre dos siglos: la paz, la libertad, la democracia, los Derechos Humanos, la cooperación para el desarrollo y la ayuda humanitaria. En los últimos años, el papel de la Organización de las Naciones Unidas en el contexto internacional no ha dejado de crecer. Se ha puesto de manifiesto que las Naciones Unidas tienen la legitimidad y la capacidad de movilización necesarias para emprender complejas tareas de estabilización y de reconstrucción. La acción diplomática del Secretario General y del propio Consejo de Seguridad ha sido asimismo fundamental para la prevención de conflictos.

Consideramos, igualmente, que las Naciones Unidas, así como sus Organismos especializados, constituyen un foro privilegiado de concertación para paliar los efectos de una globalización incontrolada. Son también, sin duda, un instrumento irreemplazable en la lucha contra la pobreza.

Es evidente que las Naciones Unidas sólo podrán asumir tan ingentes responsabilidades si cuentan con suficiente base financiera y si se culmina con éxito el proceso de reformas en curso.

Hacemos votos por que la Asamblea del Milenio, que tendrá luga este año, sirva para reflexionar sobre estas cuestiones y promueva el apoyo a la labor de la Organización por parte del conjunto de la comunidad internacional: Estados, sociedad, opinión pública... España, como hasta ahora, no vacilará en seguir prestando su firme respaldo a la Organización.

Europa y la Unión Europea continuarán siendo este año objeto de nuestra permanente atención y nuestro esfuerzo. En el V Centenario del nacimiento del Emperador Carlos V, soberano de honda raigambre europea y que precedió a otros en el alumbramiento de la idea de una Europa unida, no quiero dejar de reafirmar la esencial vocación europea de España.

El lanzamiento del euro ha supuesto la culminación del ideal integrador desde el punto de vista económico. Ha llegado, pues, la hora de desarrollar las potencialidades que este hito abre en otros ámbitos.

Varios son los retos que se nos presentan al respecto. De entre ellos, hay que destacar la necesidad de que la Unión Europea actúe de una manera concertada, con una sola voz en el escenario internacional, mediante el desarrollo de una Política Exterior y de Seguridad Común.

La Unión Europea dispone ya de la voluntad y de los medios necesarios. Buena prueba de ello es la reciente creación de la figura del alto Representante para la PESC, responsabilidad que ha sido encomendada a un español.

España estima que, tras las importantes decisiones adoptadas en el Consejo Europeo de Helsinki, se ha fijado con claridad el camino a recorrer en los próximos meses, tanto para articular esa acción exterior de conjunto como para la consolidación de una dimensión europea de seguridad y defensa.

Los avances realizados en el proceso de ampliación de la Unión han hecho también de 1999 un año clave en el proyecto de construcción europea. El éxito de la empresa dependerá del rigor y la solvencia con que se lleve a cabo. España apuesta decididamente por esta apertura histórica y brinda a los futuros socios su experiencia, su colaboración y su firme apoyo político.

Los trágicos acontecimientos que, en los últimos años, han afectado a parte de nuestro continente ponen de relieve que una estabilidad y una seguridad mayores requieren un ejercicio de solidaridad permanente, así como eficacia para desplegar acciones coordinadas que permitan frenar los enfrentamientos y mitigar sus consecuencias.

Por ello, con la convicción de que la Unión Europea constituye un elemento esencial de estabilidad, España continuará apoyando la estructuración de una auténtica política de seguridad y defensa común.

España ha seguido reforzando su vínculo trasatlántico a lo largo del último año, en el que se celebró el cincuentenario de la Alianza Atlántica en la Cumbre de Washington y se adoptaron significativas medidas para concluir su proceso de adaptación a los cambios producidos en materia de seguridad internacional, con la aprobación de un nuevo Concepto Estratégico para el siglo XXI.

España ha culminado su plena incorporación a la estructura militar, con la atribución de un Mando aliado y la inauguración del Cuartel General de Retamares en Madrid.

Iberoamérica es y será una permanente prioridad para España. Se trata de una región que forma parte de nuestra propia identidad, con la que nos unen lazos íntimos que desbordan cualquier posible descripción. España comparte con Iberoamérica una comunidad de valores e intereses y un rico entramado de relaciones que abarcan prácticamente todos los campos. Los resultados de las Cumbres anuales de Jefes de Estado y de Gobierno son la expresión cumplida de una forma peculiar de entendimiento y colaboración, de la cual su novena reunión en La Habana ha dado fiel muestra. La decisión de crear una Secretaría de Cooperación Iberoamericana con sede en Madrid constituye el ejemplo patente de la voluntad de continuidad y del éxito y consolidación de tan fructífero proceso.

España se felicita de que ese modelo de entendimiento y cooperación se haya extendido a las relaciones entre Europa y América Latina y el Caribe. La Cumbre de junio de Río de Janeiro ha permitido iniciar con buen pie este proceso, tan prometedor para el futuro de las relaciones entre los dos continentes, con la creación entre ambos de una auténtica alianza estratégica. La celebración de la II Cumbre, que tendrá lugar en España en el año 2002, abre el camino de su afianzamiento como gran foro de colaboración. Al respecto, nos parece justo expresar nuestra satisfacción por haber colaborado en ese histórico acercamiento, a cuyo futuro desarrollo prestaremos nuestro decidido concurso.

España tiene, a su vez, la intención de seguir profundizando en sus vínculos con los países del Caribe, insistiendo así en una política emprendida durante el pasado año.

Nuestras relaciones con Iberoamérica hacen que sintamos como propias las desgracias que, como la reciente de Venezuela, afectan a personas que nos son tan próximas. Quiero reiterarles hoy el apoyo español en estos difíciles momentos.

Sentimos también con preocupación los problemas surgidos entre países hermanos como Honduras y Nicaragua, y apelamos a la concordia para que pronto se alcance una solución satisfactoria para ambos países.

España, país mediterráneo por geografía, vocación y cultura, ha colaborado decididamente para crear una zona de paz y prosperidad compartida en esa región. España continuará impulsando este proceso que empezó en Barcelona hace cuatro años, así como todas las iniciativas orientadas a reforzar los vínculos existentes entre los países ribereños.

En efecto, compartimos con los pueblos mediterráneos una historia común y sus problemas no nos resultan ajenos. Por ello, España mantendrá su compromiso de cooperación en aras de la estabilidad y el progreso de esos países en esta época de cambios que están atravesando.

En Oriente Medio, en fin, hemos contemplado con enorme satisfacción cómo el Proceso de Paz recupera un nuevo impulso. La reanudación de las negociaciones en la banda palestina, primero, y en la siria, después, ha venido a subrayar que el camino hacia una paz justa y duradera debe adquirir de nuevo el carácter global con el que se abrió en la Conferencia de Madrid de 1991.

Quiero expresar también aquí  el profundo dolor que nos ha embargado por la pérdida de nuestros hermanos Hassan II de Marruecos y Hussein de Jordania. Los nuevos monarcas saben que nuestro pesar corre parejo con la voluntad de apoyarles en la labor que tienen ante sí.

España ha seguido manifestando un creciente interés en Asia y el Pacífico a lo largo del último año, como corresponde a un área importante de nuestra acción exterior. Se ha producido un refuerzo de las relaciones institucionales y de las relaciones comerciales y económicas, y, asimismo, se ha prestado atención a la cooperación y al ámbito cultural. Sin duda, queda camino por recorrer para estrechar los lazos con esta región tan relevante en el mundo de hoy.

África subsahariana es, asimismo, un foco de atención de la política exterior de España. La cooperación al desarrollo, en unos casos, o la intensificación de las relaciones políticas con países que han experimentado importantes procesos de transición, en otros, son realizaciones a las que es preciso dar continuidad. Por lo demás, España considera que la causa de la paz y del desarrollo sostenible en el continente africano requiere un enfoque integral de los problemas, como ha sido puesto de manifiesto por el Secretario General de las Naciones Unidas.

El compromiso con la paz, la libertad, la democracia y los Derechos Humanos es un principio que vertebra la política exterior de España, lo que se refleja en múltiples líneas de actuación.

Por un lado, a través de la Cooperación Internacional, cuyas cifras de Ayuda Oficial al Desarrollo han alcanzado en 1999 su más alta cota hasta la fecha. Esa exigencia de fraternidad brota de la propia sociedad y de sus asociaciones y Organizaciones No Gubernamentales, protagonistas de una verdadera eclosión de la acción asistencial y de desarrollo hacia otros pueblos. En este sentido, es preciso destacar la sacrificada labor que realizan cotidianamente tantos voluntarios y religiosos españoles dispersos por el mundo.

Nuestra acción exterior cada vez es más sensible a las peticiones de la Comunidad Internacional en materia de Operaciones de Mantenimiento de la Paz. Miles de españoles, civiles, militares y miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, trabajan en los más diversos puntos del planeta, procurando aliviar la suerte de pueblos abrumados por la guerra, la pobreza o las enfermedades. A todos ellos, y en especial a aquellos que ha perdido la vida en ese empeño, quisiera rendir aquí un merecido homenaje.

En materia de Derechos Humanos, debe subrayarse por su trascendencia la aparición en los últimos años, quizá por primera vez en la Historia, de un amplio consenso sobre el ejercicio de la libertad y del derecho a la vida. En este sentido, España concede singular importancia a la creación de un Tribunal Penal Internacional tras la firma del Estatuto de Roma en 1998, y ha dado ya pasos significativos para cumplimentar el proceso interno de ratificación.

En su conjunto, desde el punto de vista de la política internacional, España examina con satisfacción el año que ha concluido. Indudablemente, queda mucho por hacer. Siguen produciéndose guerras y graves violaciones de los Derechos Humanos y una gran parte de la población mundial continúa viviendo en la pobreza. Pero el mundo quizá no ha tenido nunca tanta conciencia como hoy de todas estas lacras y nunca ha mostrado tanta determinación para erradicarlas. Jamás la Comunidad Internacional ha dispuesto de tantos medios tecnológicos para hacer realidad aspiraciones de siglos y difundir la riqueza, la salud y los conocimientos. Contamos con una capacidad inimaginable hace unos pocos años para lograr ese mundo más justo que anhelamos. De nosotros depende dar vida a ese sueño.

Permitidme que concluya reiterado mi agradecimiento por vuestra presencia aquí, como amigos de España. La Reina y Yo os deseamos un venturoso año 2000, con el ruego de que hagáis llegar a vuestros respectivos Jefes de Estado y a los pueblos que representáis Nuestros mejores votos de paz, concordia y prosperidad.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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