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Brindis de Su Majestad el Rey en la cena en honor del Presidente de Colombia

Colombia(Bogotá), 14.10.1976

H

ace 167 años vuestros abuelos del Cabildo de Santa Fe de Bogotá, conscientes de que el Virreinato de Nueva Granada podía ya regir sus propios destinos, quisieron exponer a mis abuelos, a través de la Junta de Sevilla, sus ideas sobre la forma en que deseaban ser gobernados, y le dirigieron un documento que desde entonces se llamó "Memorial de Agravios". Allí se dice: "Las Américas, Señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española". Poco más tarde, los colombianos expresaban su deseo de que el Rey de España les visitara en persona.

Señor Presidente,

Colombia, es desde hace más de un siglo y medio, una nación independiente y soberana, dueña felizmente de su destino y el Rey de España, que al fin llega a Bogotá viene, invitado por vuestra generosidad, para saludaros, para abrazaros como un amigo que es, en verdad, un hermano.

Sin embargo, rotos hace tanto tiempo los vínculos jurídicos y políticos, innecesaria aquella vieja apelación del Cabildo, dadas tantas vueltas del mundo, queda, a pesar de todo, en pie la identidad familiar, la íntima semejanza, el que nos reunamos como si nunca hubiéramos dejado de estar juntos.

Esta es la sensación que me domina al hablaros ahora. No me siento extranjero ni extraño, nada ajeno me rodea.

Y esto es lo que más vale de nuestro encuentro. En un mundo como el actual, a la busca de entendimientos difíciles, de uniones frágiles, de afinidades penosamente procuradas, de bloques, en fin, muchas veces artificiales, nuestra radical solidaridad, inconmovible por muchos que sean nuestros yerros y nuestras torpezas, es un bien supremo e inestimable que debemos guardar y defender. Y, desde luego, debemos ponerlo en uso práctico, en servicio de esa comunidad auténtica que espera aún su momento de plenitud.

Señor Presidente,

Quiero repetiros el agradecimiento de la Reina y mío por vuestra compañía y por todas las atenciones que nos habéis dispensado en estos días. Han sido jornadas inolvidables.

Vuelvo a España con el convencimiento de que esta visita habrá de marcar un hito en nuestras relaciones, como punto de arranque de un entendimiento ideal. Pienso que nuestras conversaciones habrán de fructificar en el eficaz trabajo de nuestros Gobiernos y así me propongo impulsarlo por parte española.

Parto con la esperanza de que nuestra amistad habrá de vivir pronto unas nuevas jornadas en mi país. Permitidme que esta noche os emplace formalmente a ello invitándoos a visitarnos en España.

Al reiteraros mi agradecimiento, levanto mi copa por la prosperidad de Colombia y la felicidad de su pueblo, por vuestra ventura personal y la de vuestra encantadora esposa. Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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