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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de los Estados Unidos de América

EE.UU.(Washington), 02.06.1976

S

eñor Presidente, señora de Ford, señoras, señores,

Agradezco muy sinceramente sus palabras, señor Presidente. Yo también le traigo el mensaje de mi pueblo que ama y respeta al vuestro, que hace doscientos años vive su existencia independiente. Nosotros admiramos en la nación norteamericana que Vos representáis una serie de cualidades que la caracterizan de modo singular. Por ejemplo, el respeto a la individualidad de los hombres y al derecho que tienen a realizarse libremente según el dictado de su conciencia y el profundo sentido de igualdad que aparece en los documentos fundacionales. Habéis logrado en los Estados Unidos una sociedad abierta, en la que las oportunidades se ofrecen a la iniciativa, al talento y al ingenio de cada cual, lo que ha hecho prosperar y crecer sin límites la economía y la riqueza de vuestro país. Habéis convertido, en doscientos años de vida, a vuestra nación en la primera potencia del mundo en el orden militar y político y ello os hace compartir de modo prominente las responsabilidades del orden internacional.

Pero nunca habéis querido olvidar el espíritu del 76, el propósito de los padres fundadores de Filadelfia. Vuestra Constitución, basada en un sabio rodaje de equilibrios entre los distintos rodajes del poder, tiende a que el pueblo elija democráticamente a sus gobernantes para que éstos ejerzan el poder con el consenso de los gobernados, y bajo el mandato de la ley. Filosofía de la vida pública que habéis no sólo mantenido a lo largo de doscientos años sin apenas retocar la Constitución a la que Burke llamó «obra maestra del espíritu humano», sino que la habéis hecho funcionar adecuándola a la vida moderna, a la democracia industrial de masas y a las numerosas, contradictorias y a veces violentas corrientes que confluyen hoy en una sociedad libre, y situada, como la vuestra, a la cabeza del progreso tecnológico.

Muchos se preguntan, con interés, al contemplar ese fenómeno histórico de larga pervivencia en el tiempo de vuestra Constitución, redactada a fines del setecientos, cuál puede ser el motivo fundamental de tan extendida vitalidad en un texto político. Personalmente, creo que el cimiento de vuestros textos constitucionales está en la profunda religiosidad que los inspira. Sin la referencia a un poder divino, no tendría sentido el valor moral que concedéis a la libertad del individuo y a su responsabilidad en el ejercicio de una democracia. Sin esa apelación, la sociedad política humana perdería la cohesión que la sostiene y, por no haber respetado en muchos casos ese principio, hubo tantos sistemas políticos en el viejo mundo que se inspiraron en vuestro modelo sin que llegaran en realidad a sobrevivir durablemente.

"In God we trust" es vuestro lema fundacional. También España, el pueblo español y la Monarquía que yo represento confiamos en Dios. Que El haga de nuestra estrecha cooperación y amistad en todos los terrenos un pacto de paz y para la paz de los pueblos. Que nuestra amistad sea sincera y basada en la justa y equitativa reciprocidad.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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