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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos José López Portillo

Madrid, 09.10.1977

S

eñor Presidente, vuestra presencia en Madrid constituye un momento histórico singular. Por primera vez, un Presidente de los Estados Unidos Mexicanos llega a España en visita oficial. En este palacio, testigo durante años de unas decisiones de gobierno que afectaron por igual a nuestros pueblos cuando sus destinos se confundían unitariamente, nos reunimos hoy, en esta cena de Estado, para simbolizar y plasmar ese reencuentro fraternal que ambos pueblos anhelaban desde hace tanto tiempo.

En nombre de ese anhelo popular y de los sentimientos de profunda afinidad que México despierta en el ánimo de todo español, os doy la bienvenida. Más de siglo y medio de vida independiente, en la que nuestras mutuas preocupaciones nacionales han transcurrido por temas y motivaciones dispares, no han disipado el interés y la cordial simpatía con que España se contempla cuanto en México acontece. A menudo, a lo largo de esas décadas de existencia nacional, no hemos dispuesto de medios adecuados para haceros llegar la íntima solidaridad que desde aquí sentimos por muchos de los problemas a los que la nación mexicana ha tenido que hacer frente con esfuerzo, sacrificio y valor. Esta noche, en esta mesa, representada en nuestras dos personas la soberana e independiente voluntad de nuestros pueblos, quiero expresaros la alegría con que vemos el estrechamiento de la amistad que nos enlaza y la promesa de una fluida comunicación en profundidad que de ella se detrae.

En esta hora de reencuentro, la memoria se traslada al último momento estelar de nuestro pasado vivido en común, al comienzo del siglo xix, que tuvo como escenario heroico y ejemplar la bella y luminosa ciudad de Cádiz. Nuestra mutua tradición constitucional nació en tan incomparable escenario, con la activa y generosa colaboración de los representantes de todos los reinos de nuestra comunidad. Allí nacieron unos ideales que, a uno y otro lado del Atlántico, han constituido el germen de una deseada convivencia pacífica, en libertad e igualdad, profundamente enraizada en las esencias éticas de nuestros pueblos, desde siglos atrás. La historia política y social de cada una de nuestras naciones independientes ha sido, desde entonces, un azaroso y accidentado empeño por lograr la realización práctica de tan singulares ideas.

Por nuestra parte puedo deciros, señor Presidente, que la relación de un magnífico desarrollo cultural, iniciado a finales del siglo pasado, con el no menos espectacular desarrollo económico de las dos últimas décadas, han creado las bases sociales sobre las que se cimenta hoy la voluntad política de institucionalizar esa convivencia pacífica, en armónica libertad, a través de una justa distribución de la riqueza y del respeto a la diversidad regional que atesoramos.

La España que hoy visitáis es perfectamente consciente de la proyección americana que su dimensión cultural alcanzó gracias al esfuerzo y la entrega de tantos y tantos de sus mejores exponentes del pensamiento, las letras y las ciencias. El doloroso éxodo intelectual, que las circunstancias de posguerra originaron, dio lugar a un nuevo y especial capítulo de la obra de España en América. La acogida que allí se les brindó _y entre todas la excepcional que México les dispensó_ es causa de permanente agradecimiento y fuente de esperanza de futuras colaboraciones en todos los órdenes.

De igual manera y en la misma línea, España se siente hoy movida a ofrecer su cooperación económica y tecnológica, como medio de proseguir su obra americana, ya secular. El esfuerzo realizado a lo largo de los últimos años, tan imperiosamente necesario para nuestro desarrollo, nos ha llevado a verter al castellano una serie de procesos tecnológicos, adaptándolos a nuestra realidad y a nuestros niveles progresivos. Brindamos hoy esos resultados, en sus diversas fases, en nuestro afán de establecer una colaboración estrecha con nuestros hermanos de América. Deseamos abrirnos a una convivencia positiva y constructiva con todos los países que surgieron del mismo tronco del que nosotros procedemos, en el convencimiento de que, en la vida internacional, al igual que en la del hombre individual, las afinidades esenciales constituyen los cimientos más sólidos para un fructífero entendimiento. Entre México y España, los lazos existentes preconizan unas relaciones bilaterales de características tan ejemplares, que sólo de nuestro empeño depende el convertirlas en realidad.

Señor Presidente, esta España renovada que hoy os acoge con particular emoción y simpatía ha optado con clara decisión por una vía de existencia democrática, convencidas sus mayorías de que en ellas encontrarán la fórmula que conjugue sus exigencias de libertad con sus aspiraciones de justicia y de orden.Una justicia y un orden que es preciso mantener, superando la violencia que trata de entorpecer nuestro normal y pacífico desenvolvimiento y que provoca actos como el que hoy mismo a todos nos ha llenado de tristeza y de pesar.

El pueblo español seguirá cifrando su progreso, como en años anteriores, en ese propio esfuerzo del trabajo, del que ha sabido dar siempre tan claras pruebas.Así es la España que os abre sus puertas y os da la bienvenida. Permitidme que, como Rey de un pueblo de tales características y orgulloso de serlo, levante esta noche mi copa por ese otro pueblo ejemplar que es el mexicano, por su felicidad y prosperidad y por la de su dignísima esposa.

Bienvenido a vuestra casa, señor Presidente.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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