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Palabras de Su Majestad el Rey en la imposición del Collar de Isabel la Católica al Presidente Balaguer

República Dominicana(Santo Domingo), 01.06.1976

S

eñor Presidente:

Con el Collar de la Orden de Isabel la Católica que os acabo de imponer, se premia, según las palabras de su lema, en el más alto grado, a la lealtad acrisolada. Nadie como Vos, señor Presidente, que encarnáis la historia y el presente de esta nación, podéis al igual que ella merecer con más justicia el reconocimiento de esa lealtad hacia nuestro común pasado y en especial hacia esa Reina cuya fe hizo posible el descubrimiento de América.

En aquella gesta hubo, como en toda empresa humana, odio al lado del amor; sed codiciosa de oro y limpia sed de gloria; y temores junto al valor y a la esperanza. Inspiró, sin embargo, la gran aventura, la virtud salvadora que caracteriza a España a lo largo de su Historia: la virtud de la fe.

La fe cristiana guió a Isabel la Católica cuando escribió su codicilo suplicando al Rey su señor y a la Princesa su hija que los indios fueran bien y justamente tratados; la fe inspiró las humanitarias disposiciones de las Juntas de Burgos y de las Leyes de Indias; la fe impulsó a Hernán Cortés a arrodillarse ante los frailes franciscanos cuando llegaron a México y a besarles las manos; la fe dio fuerzas a Pizarro para trazar con su sangre una cruz en el suelo y besarla antes de morir.

Y aquí, en esta tierra primogénita de España, fue también la fe la que dio inspiración y fuerzas a aquellos admirables monjes Fray Pedro de Córdoba, Fray Antón de Montesino y Fray Bartolomé de las Casas, a los que con toda justeza se les puede considerar tan dominicanos como españoles.

Y años más tarde fue también la misma fe en Cristo la que mantuvo heroicamente en pie, durante su exilio en el desierto de Río Negro, al Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte.

En vuestras palabras y en vuestros escritos, señor Presidente, habéis hecho más de una vez referencia no sólo a la problemática nacional, sino a la continental, pues comunes son muchos de los ideales que hoy alberga el Nuevo Mundo. Vuestra certera intuición os ha permitido señalar cómo la carencia de techos y hogares para las familias constituyen una fuente de desasosiego, cómo la falta de tierras aptas determina el éxodo campo-ciudad, cómo el ocio se alza como factor clave en la inestabilidad de los pueblos. Estas observaciones y afirmaciones del estadista se ven siempre enriquecidas por la nota del humanista, del poeta, que conviven con el político. Y por eso habéis considerado que la belleza forma parte del desarrollo de un pueblo, puesto que sirve para enriquecer el espíritu. Esta ciudad de Santo Domingo, que en un libro emocionado habéis llamado "ciudad romántica" es un ejemplo de esto. Tal vez este ejemplo urbano, de una ciudad que ha desafiado miles de avatares, os ha llevado, señor Presidente, a considerar mágica la palabra construir. Construir escuelas, presas, carreteras, belleza...

Este Continente se ve hoy día sometido a una crisis en sus estructuras, sus costumbres, su moral, sus convicciones. España fue capaz hace cinco siglos de establecer una unidad política y administrativa. Hoy día tiene una misión más delicada y entrañable, de acercamiento e integración espiritual, cultural y ética. A ella dedicaremos nuestro esfuerzo.

 

Itzuli Hitzaldiak atalera
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