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Palabras de Su Majestad el Rey dirigidas al burgomaestre de Gante

Bruselas(Gante), 17.11.1977

S

eñor burgomaestre:

Nuestra visita a Gante no podría tener mejor pórtico que la alocución que acabáis de pronunciar, en la que habéis referido con legítimo orgullo los méritos de esta gran ciudad, habéis evocado los lazos que la vinculan con España y os habéis hecho portavoz de los cordiales sentimientos del pueblo gantés hacia nuestras personas y hacia nuestra nación. Recibid y transmitid a los ciudadanos de Gante el hondo agradecimiento de la Reina y el mío.Si esta jornada es para Gante una ocasión de alegría, igualmente lo es para nosotros, pues al placer de conocer tan bella ciudad y de tomar contacto con su pueblo se une el honor de la compañía de vuestros Soberanos.

La personalidad vigorosa, inconfundible, de Gante, forjada a lo largo de la Historia, mantenida intacta hasta hoy y que se revela actualmente en el pujante florecimiento de su vida cultural y artística y de su economía, suscita en nosotros sentimientos de admiración. Este mismo edificio en que ahora nos encontramos es una síntesis espléndida del espíritu artístico gantés y del sentido cívico de sus habitantes. Nos complace asimismo el hallar por todas partes muestras de la potencia industrial y comercial de Gante, anticipo de una acrecentada prosperidad para el futuro que fervientemente deseo se convierta en realidad.

Estad seguros de que España responderá a la llamada que le habéis dirigido. Los lazos que acabáis de recordar, la capacidad económica de Gante, las esperanzadoras posibilidades de unas relacione mucho más estrechas, justifican el que por parte española se intensifiquen en todos los órdenes los contactos con vuestra ciudad. Por que esto se realice y por el bienestar y prosperidad de Gante formulamos nuestros mejores deseos.

Señor burgomaestre:

Para que vuestras esperanzas y las mías se lleven a cabo no basta con el propósito. Hace falta, además, algo de lo que todos estamos necesitados. Lo habéis mencionado al final de vuestro discurso al desear la paz para mi pueblo. Lo está diciendo esta misma sala, que se llama sala de pacificación. Por ello, y porque estamos en Gante, quiero terminar mis palabras con las que el más ilustre de sus hijos, Carlos V, concluyó aquel discurso suyo en el año 1536, que ha pasado a la Historia. Al pueblo belga, al pueblo español, al mundo, repito la triple invocación del Emperador Carlos: "Que quiero paz, que quiero paz, que quiero paz".

Itzuli Hitzaldiak atalera
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