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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de los Premios Nacionales del Deporte del año 2000

Madrid(Palacio de El Pardo), 12.06.2001

U

n año más, os doy la bienvenida a este acto solemne de entrega de los Premios Nacionales del Deporte correspondientes al año 2000, que en esta ocasión coincide con el vigésimo quinto aniversario de mi proclamación. Por ello he querido congregar en este Palacio de El Pardo a quienes a lo largo de este último cuarto de siglo han venido impulsando y sustentando el desarrollo del deporte en nuestro país.

Han sido veinticinco años en los que los españoles hemos construido una España renovada que se ha incorporado con entusiasmo al mundo contemporáneo. La familia deportiva ha estado a la altura de esta profunda modernización, tanto por lo que se refiere a los resultados deportivos como en la puesta al día y transformación de su organización y estructuras.

Somos plenamente conscientes de que los éxitos no se improvisan sino que se construyen día a día, desde los cimientos, con planificación, con trabajo en equipo, con tesón, estableciendo las fórmulas y sistemas de apoyo al deportista.

Todas éstas son condiciones necesarias, pero no suficientes, porque en el último momento sois vosotros los que debéis hacer frente en solitario al vértigo de la competición que siguen expectantes miles o millones de espectadores que os confían sus esperanzas e ilusiones.

En el largo camino hacia la excelencia en vuestra vocación habéis tenido que superar numerosas dificultades, asumir múltiples sacrificios, y enfrentaros a la ingratitud de la competición que, en ocasiones, se resiste a recompensar la ardua dedicación invertida.

Y en este recorrido hacia el éxito y hacia el reconocimiento social, habéis contraído también una nueva responsabilidad: la de educar con el espectáculo, la de dar ejemplo de voluntad que no se arredra ante los obstáculos, y, sobre todo, la de liderar el fomento y desarrollo del deporte en España.

En las últimas décadas, el deporte se ha convertido en uno de los principales fenómenos colectivos de finales del siglo XX, y está emergiendo con fuerza como un sector con identidad propia desde un punto de vista social y económico.

Cada vez son más numerosas las personas que practican el deporte como una actividad saludable y de ocio. Por otra parte, en estos años, el deporte de élite ha evolucionado del amateurismo al profesionalismo. Finalmente, el deporte ha adquirido un auge sin precedentes como espectáculo, seguido por millones de personas en todo el mundo, gracias al desarrollo experimentado por las tecnologías de la información.

Se trata sin duda de una progresión enormemente positiva que determina el dinamismo de este sector.

Los valores esenciales del deporte se fundamentan en su dimensión educativa, como instrumento básico para equilibrar la formación y el desarrollo del individuo; en su dimensión de salud pública, cultural y lúdica; y, sobre todo, en su función social, que contribuye a la integración comunitaria y a la creación de lazos de solidaridad entre los ciudadanos.

Todos estos valores se han vinculado al deporte como emanación del movimiento asociativo de base que, desde sus inicios, se ha vertebrado a través de las organizaciones deportivas. Esto es precisamente lo que confiere al movimiento deportivo organizado su legitimidad, su razón de ser y su papel esencial, como elemento de cohesión e instrumento de participación.

La participación es consustancial al deporte. Permite contar con una base social de la que se nutre nuestro deporte de alto nivel, y constituye por tanto uno de los pilares del éxito deportivo.

Por eso quiero rendir un especial homenaje a cuantos en su tiempo libre practican habitualmente el deporte de forma activa, y a los aficionados españoles que se vuelcan con nuestras selecciones y nuestros equipos, cada vez que salen a competir, dando, en cualquier lugar del mundo, ejemplo de lo que es la esencia de la fiesta deportiva: un encuentro y un hermanamiento vivido desde el civismo y el respeto al contrario, de modo que el deporte se exprese como lo que realmente es: un lenguaje común, un lazo de unión entre los pueblos.

Finalmente, quiero felicitar calurosamente a todos los que por méritos propios han sido distinguidos este año con estos Premios Nacionales. Todos nosotros tenemos con ellos una deuda de reconocimiento, por el ejemplo que han sabido dar y por defender la imagen de España más allá de nuestras fronteras.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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