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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala con los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y de América Latina y el Caribe

Madrid, 17.05.2002

S

eñoras y Señores Jefes de Estado y de Gobierno,

Sean mis primeras palabras para expresar, en nombre del pueblo español, a Vuestras Excelencias nuestra más cordial bienvenida a España, país que les brinda a todos ustedes su más calurosa hospitalidad.

Esta Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, que acaba de concluir, reviste un significado muy especial, tanto para España como para la Unión Europea.

Como nación poseedora de un alma iberoamericana, en expresión del último Premio Cervantes, Álvaro Mutis, España ha desarrollado a lo largo de 500 años una intensa y fraterna relación con las naciones americanas y caribeñas.

América ha sido siempre un referente fundamental, no solo en la historia de España sino también en la de Europa. Nos unen el pasado, la cultura, las lenguas, unas estrechas relaciones políticas y económicas y, por encima de todo ello, nos une nuestra común pertenencia a una civilización asentada en valores y principios compartidos.

Estos valores y principios son la base de la relación privilegiada entre Europa y América, sobre la que se asienta la "asociación estratégica" entre ambas regiones, nacida en Río de Janeiro, en la Primera Cumbre birregional que Brasil tuvo la visión de acoger, y que ahora hemos consolidado en Madrid.

Calificamos de "estratégica" nuestra Asociación porque, desde una enriquecedora diversidad, compartimos una visión de la realidad internacional y nos mostramos dispuestos a asumir, solidariamente, una amplia gama de compromisos para responder a los desafíos del mundo en que vivimos.

Así, manifestamos nuestra firme voluntad de acabar con el terrorismo. Los crueles atentados del 11 de septiembre abrieron los ojos de la Comunidad Internacional a una realidad que muchos de los aquí presentes hemos sufrido durante años en nuestros países. Permítanme que otorgue un valor especial a nuestro acuerdo para reforzar los mecanismos de cooperación política, legal y operativa con el objetivo de eliminar esta lacra de nuestros días. Creo que con ello damos un ejemplo al mundo de la fortaleza de nuestras convicciones.

Los retos del siglo XXI nos exigen que reforcemos el funcionamiento del Estado de Derecho y mejoremos la calidad de la democracia. Nos une la profunda convicción de que sólo la democracia puede considerarse legítima forma de vida política y de que el reconocimiento y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales son principios irrenunciables que conforman nuestra identidad común en el marco de la civilización occidental. Nuestros ciudadanos deben tener la seguridad de que las instituciones tutelarán sus derechos y protegerán sus libertades. Sólo si respetamos escrupulosamente ese marco de libertades podremos construir solidariamente nuestro futuro desarrollo económico y social.

Para aprovechar las ventajas de un mundo globalizado, somos conscientes de que debemos estimular los intercambios comerciales y la inversión, de forma que el progreso llegue a todas las regiones y todos los sectores de la población. La globalización será una inmensa oportunidad para nuestros pueblos si sabemos brindarles las herramientas necesarias para aprovechar las ventajas que ofrece un mundo más interdependiente. Debemos felicitarnos, por ello, de haber incrementado nuestra cooperación en el campo educativo, en el de la asistencia social y en el ámbito tecnológico. Señalamos así el camino para crear más oportunidades de progreso y mejora económica para todos.

Son éstos algunos de los logros alcanzados en esta Cumbre de Madrid, que ha permitido consolidar un nuevo y más ambicioso escenario para el pleno despliegue de las capacidades de la Unión Europea, América Latina y Caribe. Esperamos que el camino que queda hasta la próxima Cumbre, que se celebrará en México, en 2004, sirva para profundizar nuestro entendimiento, nuestra cooperación y nuestro diálogo político.

Señoras y Señores Jefes de Estado y de Gobierno,

Les propongo un brindis por el futuro de las relaciones entre América Latina, el Caribe y la Unión Europea, con el deseo de que su solidez y fortaleza contribuyan a que todos los pueblos de ambas orillas del Atlántico disfruten de los beneficios de la paz, el progreso, la democracia y la libertad.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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