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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto inaugural de la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno

Salamanca, 14.10.2005

S

eñores Jefes de Estado y de Gobierno,Señor Secretario General de Naciones Unidas,Señor Secretario General Iberoamericano,Señores Invitados Especiales,Señoras y Señores,Me cabe el alto honor y la gran satisfacción de darles, en nombre del pueblo español y en el mío propio, la más cálida bienvenida a España y a esta espléndida ciudad de Salamanca, convertida en estos días en capital del mundo iberoamericano.

Junto a ese honor y satisfacción, los españoles sentimos una especial ilusión al poder acoger esta Cumbre, pues no en vano nuestra identidad histórica, cultural y política como Nación difícilmente podría entenderse al margen de la realidad iberoamericana.

Hace poco más de catorce años que iniciamos, en la ciudad mexicana de Guadalajara, el proyecto de articular sobre los pilares de la Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos, la Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Aún recuerdo con especial emoción aquella histórica Cumbre. Por primera vez en casi cinco siglos nos reuníamos con el noble objetivo, como entonces afirmamos, de convertir nuestras afinidades históricas y culturales "en un instrumento de unidad y desarrollo basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad".

Reafirmamos entonces nuestro compromiso con los Derechos Humanos, con el Desarrollo Económico y Social, y con la Educación y la Cultura, así como con los legítimos anhelos de nuestros pueblos. Y decidimos proyectar con fuerza nuestra Comunidad, concebida como "uno de los grandes espacios que configuran el mundo de nuestros días".

Un año después, en 1992, coincidiendo con el Quinto Centenario del Encuentro de Dos Mundos, España tuvo el honor de albergar en Madrid la Segunda de nuestras Cumbres.

Permítanme recordar aquella memorable ocasión. Sobre las líneas trazadas en México, subrayamos la importancia que revisten para nuestro proyecto común, tanto la Concertación Política como los Programas concretos de Cooperación, que entonces se ponían en marcha.

Desde entonces, en todas las Cumbres hemos debatido sobre los grandes retos que Iberoamérica y el mundo afrontan. Nuestras Cumbres se han convertido así en la máxima expresión político-diplomática y multilateral de los lazos que nos ligan. De ahí, la gratitud que todos los presentes debemos a cuantos Jefes de Estado y Gobierno también contribuyeron, con su voluntad y esfuerzo, a construir nuestra Comunidad.

Hoy, catorce años después, todos somos más conscientes del inmenso potencial que alberga la más estrecha concertación y cooperación entre las Naciones hermanas que conformamos Iberoamérica. En ese mismo período, se ha ido tejiendo además entre nuestras sociedades una tupida red de colaboración, que abarca los más diversos sectores de interés y actividad, con numerosos congresos, organizaciones, foros y asociaciones, bajo el mismo rótulo iberoamericano.

Señoras y señores,

Las metas que nos fijamos fueron ambiciosas. Constatamos que ya hemos alcanzado logros indudables y que nuestros encuentros encierran, por sí mismos, un alto significado. Por eso, debemos perseverar en su fortalecimiento.

Nos reunimos para tomar decisiones que contribuyan eficazmente a mejorar el bienestar de nuestras sociedades. En nuestras Declaraciones hemos formalizado un conjunto de valores, principios y acuerdos. Trabajamos para que se materialicen de forma efectiva.

El desarrollo de nuestro sistema de Cumbres nos llevó a buscar las mejores fórmulas para lograr la mayor cohesión interna y la más amplia proyección internacional.

En la Duodécima Cumbre, celebrada en la República Dominicana, encomendamos al ex Presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso que reflexionase sobre la institucionalización del Sistema de Conferencias, los mecanismos para hacer más efectiva la cooperación, y las peticiones de vinculación de terceros países a las Cumbres.

Producto de esa reflexión fue el excelente informe que nos orientó sobre las pautas a seguir. Hoy, en la Decimoquinta edición de la Cumbre, que iniciamos en esta bella e histórica ciudad de Salamanca, nos congratulamos de la reciente puesta en marcha de la Secretaría General Iberoamericana; un órgano concebido para fortalecer nuestra Comunidad con un sólido apoyo institucional, técnico y administrativo.

Felicitamos a su primer titular, Enrique Iglesias, y hacemos votos por el fructífero desempeño de sus funciones.

Señoras y señores,

Durante los dos próximos días reflexionaremos sobre temas que importan sobremanera a nuestras sociedades. Permítanme que, entre ellos, subraye la proyección internacional de nuestra Comunidad. Por su dimensión y potencial político, económico, social y cultural, Iberoamérica puede y debe desempeñar un papel más relevante en el mundo actual.

Nuestra Comunidad, asentada en dos Continentes, podrá coadyuvar al fortalecimiento e impulso de las relaciones entre Iberoamérica y Europa. Como principal depositaria del tesoro que representan las lenguas española y portuguesa, así como por su vasto patrimonio cultural, humano, económico y social, debe saber proyectarse cada vez con más fuerza hacia otros países y regiones del mundo.

Son muchos los millones de personas que anhelan resultados concretos de esta Cumbre. Poblaciones en muchos casos con recursos limitados, problemas de primer orden o necesidades apremiantes, que debemos contribuir a resolver.

En estos días nuestros corazones siguen desgarrados ante la dimensión de la tragedia de tantos cientos de seres humanos, víctimas de la devastación causada por el huracán "Stan". Quiero expresar a nuestros hermanos mexicanos y centroamericanos, en particular guatemaltecos y salvadoreños, en nombre propio, y en el del pueblo y Gobierno de España, nuestro más hondo pesar y mayor solidaridad.

Les dedicamos todo nuestro apoyo y cariño, así como el compromiso de trabajar codo con codo para atender a las personas afectadas, ayudar a reconstruir las áreas devastadas y diseñar, desde ahora, mecanismos de ayuda de emergencia, coordinada y eficaz, para poder afrontar situaciones similares.

Señoras y señores,

Saludamos a Andorra como nuevo miembro de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. A su Jefe de Gobierno, Sr. Albert Pintat, dirijo una cálida bienvenida en nombre de todos los participantes en esta Cumbre.

También deseo agradecer la participación como Invitado Especial del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Sr. Kofi Annan. Su presencia pone una vez más de manifiesto su probado interés por lberoamérica, que se corresponde con el firme compromiso de nuestra Comunidad con el sistema de las Naciones Unidas.

Quiero asimismo saludar a los otros muchos Invitados Especiales, entre ellos, al Presidente de la Comisión Europea, Sr. José Manuel Durao Barroso, un iberoamericano como todos nosotros, cuya presencia simboliza el nexo entre Europa e Iberoamérica que Portugal y España, desde el seno de la Unión Europea, se vienen esforzando por fortalecer.

Señoras y señores,

Agradezco muy sinceramente a las autoridades y ciudadanos de la Comunidad Autónoma de Castilla y León y de la ciudad de Salamanca, así como a su ilustre Universidad, la cálida y generosa hospitalidad con la que nos acogen en tan espléndido marco.

Salamanca, como ciudad única, mágica y monumental, uno de los principales escenarios de la génesis del Derecho Internacional, y cuna de los principios jurídicos y políticos de lo que, con los siglos, ha llegado a ser la Comunidad Iberoamericana de Naciones, nos alberga con insuperable solera en esta Cumbre. A ella y a sus habitantes dirigimos nuestra admiración y felicitación al cumplirse este año el 250 aniversario de su espléndida e incomparable Plaza Mayor.

Antes de concluir, permítanme reafirmar mi firme compromiso personal e institucional como Rey de España, con el desarrollo de la Comunidad Iberoamericana. Un compromiso consustancial a la propia identidad de España, consagrado en la Constitución Española y que tiene su mejor garantía de continuidad en la vocación y dedicación iberoamericanas del Príncipe de Asturias.

Desde ese compromiso, comprenderán mi orgullo por lo que Iberoamérica representa, mi satisfacción por lo mucho que ha progresado y mi fe en lo mucho que aún podremos seguir avanzando, si lo hacemos unidos por la senda de la paz y la democracia, en favor del creciente bienestar de nuestros pueblos y Naciones.

Con la esperanza puesta en el buen desarrollo y resultados de los trabajos que vamos a acometer, declaro inaugurada la Décimoquinta Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

Muchas gracias

Itzuli Hitzaldiak atalera
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