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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de Apertura del Curso de las Reales Academias

Madrid, 08.10.2008

E

n esta apertura de Curso quiero que mis primeras palabras sean para reafirmar mi profundo reconocimiento y admiración hacia la labor de las Reales Academias que integran el Instituto de España, al tiempo que para reiterar mi compromiso personal e institucional de pleno apoyo a su buen funcionamiento, conforme al Alto Patronazgo que la Constitución me encomienda.

Por todo ello, me llena de especial satisfacción poder presidir este Acto solemne y reunirme de nuevo con todos vosotros para abordar juntos los nuevos proyectos y anhelos, retos y esperanzas, que os ocupan.

Dirijo asimismo un afectuoso saludo a los Académicos de Número, Correspondientes, Honorarios y miembros de las Academias Asociadas, que comparten con vosotros esfuerzos y trabajos, éxitos e ilusiones.

Muchas gracias por las amables palabras que nos habéis dedicado. Una gratitud que, junto con la Reina, deseo hacer llegar en particular a la Real Academia Nacional de Medicina por su afectuosa acogida y por sus desvelos para dotar a este Acto del alcance que merece.

No hace falta que subraye lo mucho que me complace volver a este hermoso edificio de la calle Arrieta, inaugurado por mi abuelo el Rey Alfonso XIII.

Con su solemne apertura, concluía una andadura de dos siglos por todo Madrid, convirtiéndose desde 1914 en la sede de esta Real Academia Nacional de Medicina.

Una Academia que se levanta sobre el antiguo solar de la Biblioteca Nacional, que abarca todas las áreas del saber, reforzando así la más pura tradición del humanismo, inseparable del ejercicio de la Medicina.

Rendimos tributo al grupo de ilustrados, atento a los avances médicos y científicos, fundamentales para la prosperidad de los pueblos, que puso en marcha tan insigne Institución en el primer tercio del siglo XVIII.

Partiendo de aquel mismo objetivo fundador, analizar y discutir problemas médicos y procurar el cultivo de las ciencias, esta Real Academia ha sabido acumular una valiosa tradición científica e investigadora digna del mayor encomio.

De ahí, que el más sólido fundamento de esta docta institución radique precisamente en el alto prestigio científico y profesional que siempre ha distinguido a sus miembros. Así lo expresa su lema fundacional, al afirmar que se engrandece por el esfuerzo conjunto de quienes la componen.

El compromiso de esta Real Academia con el progreso colectivo se traduce en la pasión y sabiduría con las que cultiva el mejor conocimiento de los temas y problemas relacionados con la salud.

Una noble tarea, al servicio del bienestar de España y de los españoles, que merece todo nuestro respaldo, estímulo y agradecimiento.

Atentos a los avances científicos y a la actualidad investigadora, sus proyectos abarcan muchos asuntos concretos de interés inmediato, que atañen a la opinión pública y que se tratan a menudo en los medios de comunicación.

Sus trabajos se caracterizan por un estudio y reflexión construidos con enorme rigor y continuo esfuerzo, desde el pensamiento libre, independiente, siempre fundamentado y sereno.

En la nueva sociedad del conocimiento en que vivimos, nuestras Academias expresan la deseable unión entre Ciencia, Saberes Artísticos y Humanísticos, haciendo del saber, la verdad y la belleza, objetivos cardinales y conceptos casi indisociables.

Su tarea simboliza por antonomasia la permanente búsqueda de la excelencia, tanto en el desarrollo intelectual y el progreso científico, como en la creación cultural y en la conservación de nuestro ingente patrimonio histórico-artístico.

Fiel a estos principios, la Ciencia que se cultiva y difunde desde las Academias se ajusta a una concepción integradora de los valores humanos.

Esa concepción integradora es el hilo conductor que aúna las actividades de todas las Reales Academias y que se dirige a facilitar las relaciones de los seres humanos entre sí y con el mundo que nos rodea.

Con objeto de lograr su debida proyección y eficiencia, es preciso que sigamos mejorando día a día la difusión en nuestra sociedad del trascendental trabajo que realizan nuestras Academias.

Por ello, os animo a seguir trabajando para que vuestros estudios y recomendaciones se trasladen cada día de forma más eficaz a favor de la permanente modernización y del avance de nuestra gran Nación.

Quiero destacar y agradecer en este sentido la espléndida colaboración de las Fundaciones, empresas e instituciones privadas, que facilitan la tarea de las Academias en el desarrollo de nuevos proyectos conjuntos al servicio de nuestra sociedad.

En esta apertura del nuevo Curso sólo me queda por expresar mi homenaje a toda la gran Comunidad Académica aquí representada, como realidad prestigiosa y fecunda que nos llena de orgullo a todos los españoles.

Con ese espíritu, quiero reiteraros en este día el más firme respaldo de la Corona a las Reales Academias en su noble afán por construir una España siempre mejor.

Declaro inaugurado el Curso 2008-2009 de las Reales Academias del Instituto de España.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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