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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Universidad de Oviedo

Oviedo, 25.11.1994

C

​ruzar por primera vez las puertas de esta Universidad, y recibir en este Paraninfo su Medalla de Oro, es para mí un alto honor y, a la vez, una circunstancia especialmente feliz.

Mis primeras palabras han de ser, por ello, para expresar estos sentimientos y para dar las gracias a quienes me han concedido tan alta distinción, tanto más conmovedora al recordar que fue mi padre, S.M. el Rey, el primero en , recibirla.

En un memorable y ya muy lejano acto solemne de apertura de un Curso Académico de esta universidad, se dijo que donde no .se conserve piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no se ha de esperar que brote un pensamiento original ni una idea luminosa.

La Universidad de Oviedo, en los períodos más gloriosos de su historia, se ha caracterizado por ser leal al ideal renovador e impulsor de la cultura y al compromiso , con los retos y necesidades de su entorno vital que quiso para ella su fundador, Fernando Valdés Salas.

Conoció la luz la alma mater ovetense, a comienzos del siglo XVII, en momentos muy difíciles para el principado, pues estaba sumido en una extrema pobreza material y espiritual. La Universidad va poco a poco transformando ese angosto horizonte cultural, y es gracias a la tarea renovadora de uno de sus más insignes maestros, el más decidido combatiente contra la superstición y la ignorancia, Benito Jerónimo Feijoo, cuando alcanza su primer gran momento de esplendor. Ese ambiente ilustrado promovido por el monje benedictino sirve de estímulo a la vocación investigadora de otra eminencia del siglo XVIII, el médico Gaspar Casal, descubridor del mal de la rosa, y enlaza con la valerosa y lúcida tarea de Jovellanos que quiere una Asturias en la que todo prospere y fructifique: los montes, los cerros, los valles y hasta las duras peñas, como él mismo escribió.

Es gloria, por lo tanto, de esta Universidad haber contribuido de manera decidida desde sus primeros pasos a iluminar un ambiente prisionero de la oscuridad del entendimiento y la superstición; de haberse comprometido, más tarde, con el ideal educador, de tolerancia y de capacidad crítica de los ilustrados, y ser después, a caballo entre el siglo pasado y éste, acogedor recinto del compromiso y del entusiasmo docente de unos maestros inolvidables, creadores de la Extensión Universitaria, en una sociedad que reclamaba educación y cultura para los más desfavorecidos. Vana es la palabra del maestro se advertía ya en la antigua Grecia, que no sirve para curar algún sufrimiento de los hombres.

Pérez de Ayala se refirió a aquellos insignes profesores, a los que conoció como el Grupo de Oviedo, diciendo que su labor forjó promociones que sirvieron a España y la inundaron de las tres humanas pasiones, las más altas y nobles: la pasión por la verdad, la pasión por la justicia, la pasión por la libertad. Una característica de esta Universidad nunca interrumpida para fortuna de nuestra Patria.

El compromiso secular de la Universidad con Asturias ha de ser ahora reforzado y renovado para hacer frente a las demandas de un mundo en profundo e impredecible cambio. Estamos en momentos en que se plantean a la institución universitaria exigentes metas de calidad, de apertura externa y de espíritu innovador, al servicio del desarrollo científico y cultural de la sociedad. El papel de la formación, la ciencia y la tecnología, como nos dejó dicho el inolvidable Severo Ochoa, es decisivo como factor estratégico para el desarrollo económico y social y es uno de los principales instrumentos para la riqueza de los países. La Ciencia -escribió Santiago Ramón y Cajal-, creadora de riqueza y fuerza, se venga siempre de los que la desconocen u olvidan.

Las universidades, más que nunca, deben responder a su genuina misión de investigar, educar y transmitir lo mejor de su herencia moral y cultural, y, más que nunca también, cumplir con la maravillosa tarea de hacer hombres dispuestos a la iniciativa y al riesgo de crear, apasionados por el conocimiento y capaces de adaptarse al sugestivo fluir de nuestro tiempo.

La Universidad debe comprometerse, a la vez, con las entidades y empresas de su entorno para hacerlas partícipes de sus saberes, transmitirles destrezas y facilitarles la competitividad en un mercado global, rompiendo con cualquier tentación de aislamiento. No olvidemos la advertencia de Unamuno acerca del peligro que supone el distanciamiento entre las necesidades de la sociedad, honda, real y viva -subrayó-, y el mundo universitario.

Este compromiso de la Universidad debe tener su justa correspondencia en la sociedad en la que se inserta, pues ésta debe sentirla como lo que es: el cimiento más sólido de su progreso moral, cultural y económico. Así lo sintieron en los tiempos fundacionales quienes representaban en la Junta General del Principado a los asturianos al establecer un arbitrio para que el pueblo pagara lo que al pueblo beneficiaba.

La Universidad de Oviedo cuenta hoy con capacidades para hacer frente con éxito a los problemas y desafíos que surgen del cambio cultural y económico que vivimos, por la . excelente capacidad de sus equipos humanos y de los grupos de investigadores, reconocidos internacionalmente, que en ella trabajan. Son la mejor garantía para producir la calidad de la enseñanza que demanda una generación de estudiantes como la actual, alentada por altos ideales y con una decidida voluntad de superación y sacrificio.

Asturias necesita que se mantenga vivo el espíritu que los siglos han ido sembrando entre estas gloriosas piedras y que se utilicen todos esos valiosos recursos humanos con decisión.

El espléndido patrimonio atesorado a través de los tiempos por esta universidad incluye también la mutua lealtad entre profesores y estudiantes.

Lo dice con bellas palabras uno de los más insignes profesores que tuvo este claustro, el inolvidable Leopoldo Alas, Clarín, quien, en una ocasión memorable, y en este mismo recinto, proclamó que la enseñanza ha de ser ante todo una amistad, un lazo espiritual, una corriente de ideas, y también de afectos, que vaya del profesor al discípulo y vuelva al profesor, y que jamás se reduzca a un puro mecanismo cuya única fuerza motriz sea la autoridad cayendo de lo alto.

En este día de la fiesta de vuestra patrona, Santa Catalina, y al reiteraras mi gratitud, deseo de todo corazón que se hagan realidad estas esperanzas.

Muchas gracias.

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