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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de los premios “Príncipe Felipe” a la Excelencia Empresarial

Madrid, 11.01.1994

M

​is primeras palabras deben ser de agradecimiento a los Ministerios de Industria y Energía y de Comercio y Turismo, por la iniciativa de crear los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial cuya primera edición celebramos hoy.

Es para mí un motivo de alegría y orgullo presidir este acto en el que se premia la labor de unas empresas que no han regateado ni energía ni esfuerzo por mejorar nuestra estructura industrial y la imagen internacional de la empresa española.

Quiero, en primer lugar, felicitar a todos y cada uno de los premiados por la importancia y oportunidad de las relaciones concretas que han merecido estos galardones en campos tan diversos como la calidad y el diseño industrial, el esfuerzo tecnológico y de investigación, el aprovechamiento energético y la preocupación por el medio ambiente, así como la distribución y comercialización de sus productos en el exterior.

Los cambios que se están produciendo en el mundo en todos los sectores, y muy especialmente en el campo de la actividad empresarial, son indudablemente profundos: La globalización de los mercados, la aceleración del progreso tecnológico, así como una nueva dimensión internacional del trabajo, hacen que las empresas deban buscar nuevos elementos para lograr tanto el crecimiento económico como la imprescindible creación de empleo.

Y, tal vez, si tuviéramos que destacar uno de estos elementos primordiales deberíamos referirnos a la competitividad.

La competitividad es un elemento que afecta a la sociedad entera y que supone, sin duda, un cierto cambio de cultura. Un cambio que implica una mayor valoración del trabajo bien hecho, nuevas formas organizativas en la empresa que potencien la descentralización en la toma de decisiones y, también, la participación de los trabajadores, dentro de un ambiente de colaboración y de esfuerzo conjunto para alcanzar objetivos comunes.

Si logramos orientar todos nuestros esfuerzos en esta dirección nuestra sociedad empresarial saldrá fortalecida y beneficiada.

La confirmación, tanto a nivel nacional como internacional de los mercados actuales, concede un papel cada vez más preponderante a unos factores que, sin olvidar el precio, hacen absolutamente fundamental que no perdamos de vista el objetivo de buscar la excelencia.

La calidad, el diseño, la innovación tecnológica, la adaptación medioambiental, la eficiencia energética, la dimensión internacional, deben ser elementos todos en los que buscar el mayor grado posible de perfección.

Y, en este campo, por mucho que avancemos, nunca podremos darnos por satisfechos, ya que la competitividad no es algo que se logre de una vez para siempre, sino un camino en el que debemos ir avanzando día a día, como hacen las demás naciones industrializadas.

Quiero terminar agradeciendo a todas las empresas premiadas, la magnífica obra que realizan y animándoles a perseverar en su trabajo.

Muchas gracias a todos.

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