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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena oficial ofrecida por el Presidente de la Republica Argentina

Buenos Aires, 11.09.1991

Q

​uisiera agradecerle muy sinceramente la hospitalidad del pueblo argentino y vuestras amables palabras de bienvenida. Es para mí motivo de gran satisfacción encontrarme de nuevo en Argentina, país que trae a mi memoria recuerdos entrañables de mi arribada a bordo del Juan Sebastián Elcano como guardiamarina de la Armada española hace ya casi cinco años. Días aquellos que quedaron grabados en nuestras memorias por el cariño y afecto con que vuestro pueblo nos recibió haciéndonos sentir como “hermanos de la orilla de enfrente”. Naturalmente, mi alegría al estar aquí otra vez, no proviene solo de mis recuerdos anteriores sino que, como español siento un orgullo singular al pisar la tierra que, según la frase feliz de Don Claudio Sánchez Albornoz, era su segunda España.

A lo largo de la Historia, muchas cosas han unido a nuestros dos países. Por supuesto una lengua y una cultura, pero también unos vínculos humanos que hunden sus raíces seculares en ambas orillas del Atlántico.

Argentina acogió e hizo suyos a cuantos españoles llegaron a esta tierra en el pasado, empujados por la necesidad económica, por la búsqueda de la libertad no reconocida en mi patria, o por el anhelo de empezar una nueva vida.

Pero lo mismo podríamos decir de la llegada de argentinos a España por idénticas razones, de manera que los flujos migratorios han sido constantes aportaciones a la confirmación de Argentina y España.

España ha contemplado siempre la Argentina como un lugar con un porvenir brillante y prometedor.

Cuando a pesar de todas las dificultades conocidas, Argentina retornó en 1983 al camino de la democracia, no faltaron voces que anunciaron amenazas insuperables para el sistema democrático. No fue, Señor Presidente, el caso de España, que desde el principio confió en que la voluntad de los argentinos por vivir en libertad sería capaz de vencer los obstáculos que pudieran oponerse a este deseo ferviente. Hoy, transcurridos ocho años, nadie duda que la democracia volvió para permanecer, y quiero rendir cumplido homenaje a todos los que hicieron y hacen posible esta realidad.

Señor Presidente:

Argentina, el pueblo y su Gobierno se encuentran hoy empeñados en un ambicioso proyecto que, a su término, habrá supuesto una profunda modificación de las estructuras económicas del país y cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de todos los argentinos y aumentar la justicia social.

Cuando el Gobierno argentino brindó a los inversores de otros países la oportunidad de participar en el programa de apertura económica, España no rehuyó la invitación. Los empresarios españoles acudieron a la llamada y, en la actualidad, mi país es el primer inversor extranjero en la Argentina. Me llena de satisfacción que España haya hecho una firme y decidida apuesta por el futuro de este país y puede estar seguro, señor Presidente de que no escatimaremos iniciativas ni esfuerzos para contribuir a que esta gran nación alcance la prosperidad y el bienestar que su pueblo exige y ella se merece.

Dentro de poco más de un año celebraremos el V Centenario del Descubrimiento de América que por encima de cualquier otra consideración, supuso el trasvase de cultura más importante de la Historia.

En relación a la inmensidad del territorio americano, asombra conocer la manera en que muy pocos hombres llevaron a cabo una labor tan gigantesca con la elemental tecnología disponible en los siglos XV Y XVI.

Por esta razón, esta fecha debería también servir para obligarnos a reflexionar sobre el futuro en un profundo examen de conciencia y preguntarnos si, con los magníficos medios que el siglo XX pone a nuestra disposición, no es posible mejorar de forma radical las condiciones de vida de nuestros pueblos y proporcionarles una mayor oferta de bienes culturales, sociales y económicos.

La responsabilidad de los Gobiernos para con sus pueblos es hoy mayor que nunca. En este sentido, confío en que la conmemoración del V Centenario inaugure una nueva época de solidaridad entre las naciones iberoamericanas de uno y otro lado del Atlántico.

También confío en que los principios de la democracia y del respeto de los derechos humanos en cada país del continente iberoamericano y la unión de todos ellos en experiencias integradoras permitan a Iberoamérica encontrar su lugar en el mundo y afrontar con éxito los desafíos del siglo XXI. La reciente Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Guadalajara nos permite albergar sólidas esperanzas sobre la existencia de una confianza común en esos principios y experiencias.
Mi deseo más ferviente es que estos anhelos de un futuro mejor que acabo de formular aquí, se transformen en una realidad venturosa.

Por este deseo, que lo es de todos los españoles, los de España y los que en Argentina encontraron su segunda patria, y al tiempo que le reitero mi agradecimiento emocionado por vuestra hospitalidad, permitidme, Señor Presidente, que levante mi copa e invite a todos los presentes a brindar conmigo por la salud y ventura personales de Vuestra Excelencia, por los lazos fraternos que unen a nuestros países y a nuestros pueblos y con admiración, afecto y emoción, por Argentina y por los argentinos.

Muchas gracias.

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