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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de Despachos a la 66ª Promoción de la Carrera Judicial

Auditorio de Barcelona, 18.07.2016

Lo primero que quiero deciros ─sobre todo a los protagonistas de esta ceremonia, de esta celebración─, y de corazón, es: ¡Enhorabuena! Habéis alcanzado un hito fundamental en vuestras vidas, uno que os permite desde ahora iniciar vuestro trabajo y responsabilidad, siguiendo vuestra vocación de servicio como jueces y futuros magistrados, y ─así─ formar parte de uno de los pilares más fundamentales para el buen funcionamiento de las instituciones y para la convivencia en cualquier sociedad: La Justicia.

Pero, en un día como hoy y en un acto como este —de hondo significado para el Estado de Derecho y para los principios que definen a las sociedades democráticas—, y al comenzar mis palabras, quiero dedicar un homenaje lleno de respeto y de dolor a las víctimas del terrible y cobarde ataque terrorista perpetrado el pasado jueves en la ciudad francesa de Niza. Manifestamos la mayor solidaridad de España con nuestro país vecino y con todo el querido pueblo francés con el que compartimos los firmes valores de la libertad y del respeto a los derechos humanos.

Ninguna amenaza, por totalitaria ─o violenta─ que sea, conseguirá nunca doblegar la voluntad de nuestras sociedades de vivir en libertad conforme a los valores universales de la dignidad humana. Quienes tratan de negarlos responderán por sus acciones; y nuestra voluntad y la fortaleza de nuestras naciones libres y democráticas prevalecerán siempre sobre sus objetivos.

Es realmente una satisfacción y una alegría poder compartir ‒como en otras ocasiones‒  este día y este acto con vosotros aquí en Barcelona, con vuestras familias y con vuestros profesores. Sois 50 nuevos jueces, mujeres y hombres de toda España, que integráis la 66 promoción de esta carrera. Con esta entrega de despachos culmina para vosotros un duro y exigente periodo de formación y preparación que, sin duda, os ha exigido un gran esfuerzo que hoy se ve finalmente recompensado.

Este acto simboliza vuestra incorporación al Poder Judicial como jueces de carrera. Podéis sentiros muy satisfechos por este gran logro, y con seguridad estaréis muy emocionados al compartirlo con vuestras familias y con aquellas personas que os han apoyado y alentado durante todo este tiempo. Permitidme que a todas ellas les extienda igualmente mi mayor felicitación, porque todos sentimos que vuestro éxito es también suyo en parte. Su permanente preocupación y apoyo les hace ser merecedores de un justo reconocimiento.

La independencia de la Justicia es esencia del Estado de Derecho y hemos de proclamarla, preservarla y respetarla tanto en su vertiente institucional, como en su vertiente individual. Bajo el principio de separación de poderes que consagra nuestra Constitución, la independencia del Poder Judicial como institución es imprescindible para el adecuado funcionamiento de nuestro Estado y de nuestra democracia

Aunque no cabe duda ─como os decía al comenzar─ de que sois vosotros los auténticos protagonistas de esta jornada, quiero insistir en el hecho de que este acto es también una ceremonia de gran calado para todo nuestro país, para nuestras instituciones y para nuestro Estado de derecho. La incorporación de nuevos jueces a la Administración de Justicia española es una expresión muy relevante del funcionamiento de nuestro sistema democrático de derechos y libertades. Hoy somos testigos de las renuncias y sacrificios que muchos de nuestros jóvenes están dispuestos a hacer para alcanzar altas metas: en este caso, el ejercicio de una noble profesión que busca proteger el bien común mediante la administración de justicia.

Con el ingreso en la Judicatura adquirís un compromiso firme, permanente e inquebrantable con todos los ciudadanos, con la protección de sus derechos, con la institución de la que pasáis a formar parte, y con España en su conjunto. Os convertís en actores con una gran responsabilidad en el ejercicio de unas funciones que resultan imprescindibles para nuestra convivencia en sociedad. Encarnáis la legitimidad del Poder Judicial y sois conscientes, al mismo tiempo, de la necesidad de consolidar siempre el Estado de Derecho y de merecer, con vuestra labor diaria, la confianza de los ciudadanos, que es una exigencia necesaria para la correcta gestión y gobernanza del espacio público.

La tarea que os corresponde a partir de ahora es, por tanto, de una gran trascendencia, pues en vosotros los jueces recae la inmensa responsabilidad de adoptar decisiones que conciernen a la vida, la libertad, el honor, los derechos, la propiedad, la seguridad y la dignidad de las personas. Alcanzaréis el éxito en esta misión si os conducís con rigor y con el impulso permanente del estudio y el conocimiento, manteniendo firmes vuestra independencia y honorabilidad.

La independencia de la Justicia es esencia del Estado de Derecho y hemos de proclamarla, preservarla y respetarla tanto en su vertiente institucional, como en su vertiente individual. Bajo el principio de separación de poderes que consagra nuestra Constitución, la independencia del Poder Judicial como institución es imprescindible para el adecuado funcionamiento de nuestro Estado y de nuestra democracia. Lo es también para la independencia de cada juez individual en el ejercicio de su función jurisdiccional. Y, sin duda, en esta función concurre una circunstancia propia y específica que siempre debéis tener presente: vuestra independencia a la hora de impartir justicia ha de convertirse en una norma de comportamiento y en un modelo ético de conducta.

Juzgaréis de forma libre, sometidos únicamente al imperio del Derecho. De esta manera, garantizaréis los derechos y libertades de los ciudadanos y contribuiréis a la convivencia democrática de los españoles siendo merecedores de su aprecio y respeto.

Confiamos en vosotros que comenzáis ahora, llenos de ilusión, vuestra andadura profesional, para que sigan estando vivos y presentes esos valores de la función judicial, así como los principios de nuestra Constitución, que son los que han permitido situar a España en el mundo como un país avanzado y moderno. Vuestra tarea es compleja, exigente y difícil, pero al mismo tiempo enriquecedora y gratificante.

Os deseo una carrera profesional muy fructífera y mucho éxito porque, como les he dicho a vuestros predecesores en ocasiones anteriores, vuestro éxito será el de todos.

Muchas gracias.

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