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Palabras de Su Majestad el Rey en la Sesión Institucional del X Simposio COTEC Europa

Roma, 28.10.2015

V

​orrei cominciare le mie parole —in questo decimo simposio della COTEC Europa— ringraziando il nostro anfitrione, il presidente della Repubblica Italiana Sergio Mattarella, per la sua ospitalità in questa giornata, che si svolge sotto il segno della solidarietà e di una visione comune del futuro dei nostri paesi, europei e latini: Italia, Portogallo e Spagna.

Aproveito também esta oportunidade para saudar, com o maior afeto, o Presidente da República Portuguesa, Aníbal Cavaco Silva, com o quem, ao longo dos últimos anos, partilhei muitos acontecimentos caracterizados por um profundo sentimento de fraternidade ibérica.

Mi primera participación en este encuentro anual de Cotec Europa, en condición de Presidente de Honor de Cotec España, coincide con la celebración del X aniversario de este simposio. Es una ocasión que invita a hacer balance de un foro que nació, inspirado por Su Majestad el Rey Juan Carlos y por Sus Excelencias los Presidentes de las Repúblicas de Portugal e Italia, para que la voz propia de la innovación en el sur de Europa sonara con fuerza en las instituciones comunitarias y en el concierto internacional. Permítanme que agradezca especialmente la presencia del Rey Juan Carlos hoy aquí (en la ciudad eterna) y que mantenga su apoyo y vinculación con Cotec.

La primera reunión se celebró también aquí, en Roma, en el año 2005. El contexto económico entonces era muy distinto del actual. Lo que entonces era bonanza, ahora es esfuerzo por dejar atrás una crisis que ha afectado a millones de ciudadanos en nuestros países. En el ámbito de la innovación, nuestro reto hoy sigue siendo alcanzar el mayor nivel, junto a los países líderes en el ámbito internacional.

Para ello, además de sumar nuevos esfuerzos y recursos, tenemos que saber adaptarnos, con la mayor anticipación, al nuevo paradigma de la innovación. Un paradigma más colaborativo, más social, más abierto…, más alineado, en definitiva, con la cultura y el estilo de vida que nos es propio en el sur de Europa. Ahí, en nuestra forma de ser, es donde se nos abre una nueva ventana de oportunidad.

Menciono de manera consciente un reto muy ambicioso: liderar un modelo de innovación que está emergiendo en todo el mundo, especialmente entre los más jóvenes, tal y como hoy se ha puesto de manifiesto a lo largo de esta jornada. Una nueva forma de innovar que da mayor protagonismo a los valores humanistas y que, salvando las distancias, recuerda a otro periodo de cambios profundos: el Renacimiento; aquel movimiento que reivindicaba en la Italia de hace más de 500 años un futuro mejor, más diverso y más libre y que, a la postre, acabó influyendo positivamente en todo el continente europeo.

Italia, Portugal y España son grandes naciones europeas, admiradas en todo el mundo por su aportación a la Historia y a la Cultura en sus múltiples facetas: las lenguas, las artes, la literatura, los descubrimientos geográficos, el deporte... Pero conviene no olvidar que, durante siglos, nuestros países fueron también referentes indiscutibles en materia de ciencia y tecnología.

Hoy contamos con más capacidades que nunca antes en nuestra historia y, además, podemos aprovechar la oportunidad que nos brinda un contexto cambiante. Un entorno en el que las reglas del pasado, las del modelo de innovación propio de los movimientos ilustrados y de la revolución industrial, empiezan ahora a convivir con otras reglas nuevas y con modelos diferentes. Los trabajos presentados hoy por las organizaciones de Cotec de nuestros respectivos países dan buen testimonio de ello.

En junio pasado, con ocasión de la reunión del patronato de Cotec España, mencioné una anécdota que nos retrotraía a una época en la que la innovación se hablaba en lenguas latinas ─las mismas que durante esta jornada nos permiten entendernos con cierta facilidad, sin recurrir al inglés, que siempre será una eficaz herramienta de trabajo en el mundo actual y técnico, con todos mis respetos y admiración por la lengua de Shakespeare. El pasaje pertenece a un libro de Terence Kealey en el que explica cómo el concepto de “progreso tecnológico”, acuñado por Sir Francis Bacon hace poco más de cuatro siglos y recogido más tarde por su discípulo Thomas Hobbs bajo la máxima “scientia potentia est”, se inspiró en el análisis del poderío  tecnológico de la Monarquía Hispánica durante el reinado de Felipe II.

No mencioné entonces que el propio Bacon ─siempre según Kealey─, considera a Enrique el Navegante, príncipe portugués, como el precursor de esa manera de, entre comillas, “dominar el mundo” a través del conocimiento. De sus lecturas de historia, Bacon dedujo que Enrique el Navegante habría sido capaz de impulsar la Era de los Descubrimientos gracias a su habilidad para integrar el conocimiento de distintas disciplinas. Astrónomos, geógrafos, cartógrafos e ingenieros trabajando codo con codo para desarrollar un verdadero programa de investigación aplicada, cuyos resultados ─la carabela, nuevos mapas y nuevos instrumentos de navegación─ facilitaron los viajes y consolidaron la presencia ibérica en la mayor parte del mundo.

En la misma época en que Bacon hacía estas reflexiones, un joven aristócrata romano interesado por la Historia Natural, Federico Cesi, fundaba la Academia de los Linces, que es considerada la primera sociedad científica moderna. Su sexto miembro, incorporado en 1611, fue nada menos que Galileo Galilei. Esta Academia, todavía hoy activa, comparte sede en el bello Palacio Corsini con Cotec Italia.

Queridos Presidentes, Majestad,
Señoras y señores,
La filosofía de Bacon abrió la puerta a una concepción lineal y progresiva de la historia, frente a las visiones cíclicas dominantes hasta entonces. No quisiera yo volver a ellas para insinuar que haber sido capaces de algo en el pasado, es una garantía para volver a serlo en el futuro… No es verdad. Pero si fuimos máximos líderes científicos y tecnológicos en el pasado, podemos, naturalmente, volver a serlo.

En España, Italia y Portugal disponemos de talento y capacidades tecnológicas de primer nivel: personas, equipos, instituciones, empresas… Pero no hemos logrado dar plenamente el salto de escala de lo individual ─y muchas veces puntual y extraordinario─, a lo colectivo ─y más normalizado y generalizado. Hemos de esforzarnos porque nuestras sociedades conozcan y reconozcan estas capacidades y asimilen la innovación como un atributo propio de nuestras culturas. La innovación entendida en sentido amplio como “todo cambio basado en el conocimiento que genera valor”.

Todo cambio ─no sólo tecnológico─ basado en todo el  conocimiento ─no sólo científico─ que genera valor ─no sólo económico. Pues es ahí, en esa visión ampliada y humanista de la innovación, donde, señoras y señores, nos jugamos nuestro futuro y el de las generaciones venideras.

Muchas gracias.
Muito obrigado.
Tante grazie.

además de sumar nuevos esfuerzos y recursos, tenemos que saber adaptarnos, con la mayor anticipación, al nuevo paradigma de la innovación. Un paradigma más colaborativo, más social, más abierto…, más alineado, en definitiva, con la cultura y el estilo de vida que nos es propio en el sur de Europa. Ahí, en nuestra forma de ser, es donde se nos abre una nueva ventana de oportunidad

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