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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo del bicentenario de la Fundación de la Diputación de la Grandeza de España

Palacio Real de El Pardo. Madrid, 16.06.2015

Gracias Alfonso, por tus palabras y bienvenidos seáis todos los que formáis parte de la Diputación de la Grandeza a este encuentro, aquí en el Palacio Real del Pardo.

Es un encuentro especialmente singular, no sólo por lo que conmemoramos, que es vuestro Bicentenario, sino también porque es ésta la primera ocasión que tengo, que tenemos como Reyes, de reuniros a todos ─los que habéis podido acudir─; al margen de otras ocasiones en audiencias con la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza o con vuestro Decano, durante este primer año de reinado y también antes como Príncipes de Asturias.

Por ello, a la Reina y a mí nos alegra veros hoy; nos alegra conoceros un poco más, aunque con muchos nos vemos en no pocas ocasiones y algunos nos conocemos desde hace muchos años; y nos alegra, claro, poder celebrar la historia que nos une.

Quiero, por tanto, con la Reina, felicitar a la Diputación de la Grandeza de España; por cumplir 200 años, claro, pero sobre todo por el mérito de haber mantenido su prestigio en una sociedad que ha vivido circunstancias de todo tipo en ese periodo de nuestra historia y está, como la mayoría de las sociedades, en continua evolución.

La Diputación, efectivamente, cumple dos siglos de vida, pero hunde sus raíces, aún más antiguas, en las de muchos de los títulos aquí representados; y es una institución que, estoy seguro, sabrá seguir proyectándose y renovándose hacia el futuro, manteniendo siempre fresca y fértil la vocación de servicio a España, al conjunto de nuestra sociedad.

En la España constitucional sabéis bien que vuestros nombres no comportan más que un gran honor; honor que implica responsabilidad y conlleva unas obligaciones para con vuestros antepasados, con vosotros mismos y con España

Como ha señalado vuestro Decano, el Duque de Híjar, la Diputación de la Grandeza nació en una coyuntura concreta ante la necesidad de aportar un apoyo específico al Reino, al Estado. Hoy, es una entidad valorada en el mundo académico, cultural e historiográfico que ayuda a mantener vivo el extraordinario patrimonio que para España representan los títulos nobiliarios a lo largo de los siglos. Un auténtico tesoro de nuestra historia milenaria. En nuestros tiempos, la Diputación contribuye asimismo a inspirar y a dignificar el papel de la nobleza titulada en el siglo XXI.

España es un país rico en cultura y tradiciones, y el hecho de que se mantengan en los títulos los nombres de ilustres personalidades de nuestro pasado que fueron ejemplo de lealtad, entrega, compromiso y desprendimiento es mucho más que un mero recuerdo de nuestra historia.

Veros a muchos de vosotros ─y vuestro título─ me evoca a tantos de sus protagonistas hombres y mujeres: ilustrados, grandes militares, servidores del estado, mecenas, empresarios, académicos, científicos, artistas.

Emular a quienes inscribieron sus nombres en la historia de España no es labor fácil. Honrar esos nombres con vuestro ejemplo y conducta es un gran reto: porque destacar, estar entre los mejores en cualquier ámbito, es cada día una tarea más ardua. Pero es la exigencia de llevar un gran nombre. Y es vuestro deber.

Todos sabéis bien que conservar y representar el legado inmaterial de los antepasados —en vuestro caso, los títulos nobiliarios de quienes en ellos os precedieron— es un signo de nobleza en el más amplio y profundo sentido de la palabra.

Pero también sabéis que debemos mejorar siempre ese legado buscando la excelencia, dedicando un esfuerzo permanente y manteniendo el compromiso solidario con el conjunto de la sociedad; bien como sucesores de los que un día merecieron la dignidad nobiliaria, o, como en el caso de algunos de vosotros, como portadores del título que personalmente habéis recibido.

En la España constitucional sabéis bien que vuestros nombres no comportan más que un gran honor; honor que implica responsabilidad y conlleva unas obligaciones para con vuestros antepasados, con vosotros mismos y con España.

Con estas palabras, con el agradecimiento sincero de la Reina y mío por vuestra lealtad, con nuestros mejores deseos para la Diputación y para todos los Grandes y Títulos de España, y con el recuerdo afectuoso y también agradecido de mis padres los Reyes Juan Carlos y Sofía, termino diciéndoos que estoy seguro de que sabréis seguir estando a la altura de cuanto se espera de vosotros.

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