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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Cena homenaje al Sr. Enrique V. Iglesias, primer Secretario General Iberoamericano

Casa de América. Madrid, 04.03.2014

Y​a han pasado ocho años desde que Enrique Iglesias se hizo cargo de la Secretaría General Iberoamericana, una organización fundamental en el entramado institucional de nuestra Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Hoy podemos decir, bien alto, “misión cumplida”, Enrique. Con tu labor, tan excelente como intensa, has cumplido con brillantez los cometidos que te encomendaron los Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos. Su Majestad el Rey me encarga que te transmita hoy su gratitud y su saludo más afectuoso.

Durante estos años, contando con tu labor rigurosa y apasionada, la Conferencia Iberoamericana ha evolucionado adaptándose a los tiempos, a las situaciones políticas, económicas y sociales; a la realidad internacional y a la de nuestros países, tanto en América como en la Península Ibérica.

Como en tantas etapas de tu vida, allá donde has estado y trabajado, has sabido facilitar consensos, has impulsado proyectos comunes; has hablado, dialogado e incluso negociado con todos, sin importar su origen o condición, entre los iberoamericanos y más allá de nuestra región; y lo has hecho siempre con la altura moral del que desea y busca el bien de los demás y ambiciona el progreso de la sociedad, de nuestras sociedades, de nuestra querida Iberoamérica; para que juntos podamos aportar también al avance general de la humanidad.

Por eso le has dado mucha importancia –y has contribuido− a que la voz de Iberoamérica esté más presente en el resto del mundo. Para ello, has puesto a disposición de Iberoamérica, no solo tu experiencia profesional y vital, sino, también tu inteligencia y buen hacer, tu sensibilidad diplomática, tu simpatía y carácter conciliador, mucho trabajo, mucha energía y la mejor voluntad.

La Comunidad Iberoamericana tiene ante sí grandes retos, pero contiene igualmente en sí misma las capacidades y los recursos para poder abordarlos con éxito. Esas capacidades pueden alcanzar su mayor efectividad a través de la concertación y la cooperación más estrecha entre nuestros países. Por eso es fundamental la SEGIB, y por eso son fundamentales las demás instituciones del Sistema Iberoamericano que articulan nuestra Comunidad de Naciones

Has sido y eres también un buen amigo de España, algo que tenemos muy presente. En 1982 tuve la alegría de entregarte el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en tu querida tierra natal. Una tierra que te nombró hijo predilecto en 1992, y que siempre has guardado en tu corazón como embrión de tu identidad. Así te acompañó junto a tu familia para sumarse a la identidad de vuestra querida patria uruguaya; y allá la hiciste más grande –¡la enriqueciste!− con tu sentimiento y vocación latinoamericana e iberoamericana.

Enrique, te estamos agradecidos de verdad. Puedes estar muy satisfecho y orgulloso de todo lo que has logrado, pero también de la infinidad de amigos que has hecho –y sigues haciendo− en el camino. Aquí era imposible tenerlos a todos, claro, pero todos los que estamos nos honramos de tenerte como tal. ¡Gracias!

La Comunidad Iberoamericana tiene ante sí grandes retos, pero contiene igualmente en sí misma las capacidades y los recursos para poder abordarlos con éxito.

Esas capacidades pueden alcanzar su mayor efectividad a través de la concertación y la cooperación más estrecha entre nuestros países. Por eso es fundamental la SEGIB, y por eso son fundamentales las demás instituciones del Sistema Iberoamericano que articulan nuestra Comunidad de Naciones. Una sólida institucionalidad es clave para impulsar y canalizar el mejor desarrollo de los proyectos en beneficio de nuestras sociedades y ciudadanos.

Pero detrás de las organizaciones están las personas, los profesionales que les dan vida, que las impulsan y las hacen útiles. Y aquí es donde la labor abnegada de hombres y mujeres como Enrique es insustituible.

Pronto asumirá la Secretaría General la Señora Rebeca Grynspan, una magnífica profesional en la que los Gobiernos iberoamericanos han depositado toda su confianza y a la que, desde aquí, felicito y anímo con gran afecto y ganas de colaborar. Estoy convencido de que su labor, a partir de las bases tan sólidas dejadas por Enrique Iglesias, resultará en una Comunidad Iberoamericana cada vez más consolidada y presente en el mundo. Le deseo mucho éxito y le recuerdo que España afirma en todo momento su compromiso con Iberoamérica, un compromiso que queremos dejar patente con nuestra permanente colaboración con la SEGIB y todos los organismos iberoamericanos.

Querido Enrique, quiero terminar estas palabras como lo hice hace unos meses en el IX Encuentro Empresarial Iberoamericano durante la Cumbre de Panamá: deseándote lo mejor con mi convencimiento de que —conociendo tu generosidad—, podremos seguir contando contigo, porque tu experiencia es un activo del que los iberoamericanos no debemos ni queremos prescindir.

Muchas gracias.

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