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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la VIII Cena Anual del Comité Olímpico Español

Madrid, 18.12.2013

B​uenas tardes…noches a todos, a la Familia Olímpica española y del deporte en general. Me alegra de nuevo volver a compartir unos momentos con todos vosotros, en esta gala del COE; que son realmente momentos de celebración, de amistad, de reconocimiento y de mirar con confianza e ilusión hacia nuestro futuro, en este caso deportivo.

Y agradezco profundamente −lo hacemos todos− al Presidente del COI Thomas Bach que nos honre con su presencia hoy aquí en Madrid, como lo hizo el año pasado su antecesor Jacques Rogge. Gracias Presidente Bach por sus palabras y le deseamos el mayor éxito al frente de la gran Familia y Movimiento Olímpico mundial. Sabe que tiene en el olimpismo español un aliado fiel para acometer su exigente y ambiciosa tarea. Enhorabuena por su elección y −hoy− por el Premio Especial “Juan Antonio Samaranch” que recibe de nuestro COE.

Antes de continuar, quiero dar las gracias de una manera muy especial por esta Orden Olímpica de Oro, distinción que recibo sinceramente emocionado. Y la quiero compartir con mis compatriotas olímpicos, con todos los que, desde España y llevando con orgullo sus colores, han impulsado los ideales del Movimiento Olímpico. No en vano nuestro país ha sido siempre un actor muy importante en la historia del Olimpismo.
También quiero felicitar a todos los galardonados hoy en esta VIII Gala Anual del Comité Olímpico Español. Ellos representan perfectamente a todos esos compatriotas con los que quiero compartir la Orden Olímpica. Pero permitidme que destaque a nuestro nuevo medallista olímpico (el Nº134), Manuel Martínez; que acaba de recibir la medalla de Bronce en lanzamiento de peso de los JJOO de Atenas 2004. Nos alegramos todos muchísimo, aunque sea casi 10 años después de la competición. La verdad es que siempre pensé que tenía cara de medallista…

Queridos amigos,

El deporte no para; la dedicación, la pasión… ¡y la juventud! —sobre todo de los deportistas–, no permite relajo ni freno. Esto lo marca el ritmo de competición, la gestión organizativa, el interés de extender los valores deportivos y olímpicos, el afán de buscar también la gloria deportiva personal y colectiva…y, claro, de darnos también a todos los españoles unas cuantas alegrías con vuestros éxitos.

Hoy estamos en nuestra querida ciudad de Madrid, no en Lausana, ni en Buenos Aires… Asumimos deportivamente esa victoria de un competidor, digerimos una gran ilusión insatisfecha, y le deseamos unos brillantes y magníficos juegos a la ciudad de Tokio. Pero no desfallecemos en nuestra determinación de continuar haciendo las cosas cada vez mejor, llevando el deporte español a mejores resultados, a mejores prácticas, a mayor inclusión, formación y prestigio… a tantas cosas buenas que hacéis o sois capaces de lograr.

Sobre aquella candidatura quiero decir que era extraordinaria —¡extraordinaria!— y que la luchamos poniendo en práctica los mejores valores olímpicos. Agradezco de corazón el esfuerzo, el trabajo y la actitud de todos los que formaron parte de Madrid 2020, que tanta ilusión despertó en todos los españoles. Fue un objetivo que aglutinó a los representantes de las instituciones, los deportistas y la sociedad civil, dando una idea muy precisa y preciosa del sentimiento de unidad que el deporte puede generar en un país.

Por otro lado, es justo –y un orgullo− reconocer que, desde hace lustros, España es una potencia deportiva de primera magnitud en muchas disciplinas individuales y colectivas; y es un hecho que nuestros deportistas han llegado a lo más alto, destacando especialmente en los últimos tiempos el deporte femenino

Las futuras candidaturas a organizar unos juegos son harina de otro costal y no nos corresponde aquí debatir o determinar ese futuro. Sí, en cambio, nos importa y nos compromete velar siempre por ampliar y profundizar la práctica deportiva, junto a los principios y valores de la Carta Olímpica en los que creemos.

Por otro lado, es justo –y un orgullo− reconocer que, desde hace lustros, España es una potencia deportiva de primera magnitud en muchas disciplinas individuales y colectivas; y es un hecho que nuestros deportistas han llegado a lo más alto, destacando especialmente en los últimos tiempos el deporte femenino.

Es, además, una realidad espléndida la pujanza de nuestro deporte paralímpico, buena muestra de la firmeza con la que los valores de la igualdad de oportunidades y de la integración se consolidan en nuestra sociedad a través del deporte. Al mismo tiempo, España tiene una capacidad mundialmente reconocida para organizar y albergar grandes acontecimientos deportivos de todo tipo.

Todo ello ha sido posible gracias a mucho esfuerzo, trabajo y un gran espíritu de lucha que sintetizan muy bien lo mejor del carácter español. Estos principios han sido acompañados por políticas sensibles al deporte, conscientes de sus beneficios y potencialidades.

Porque el deporte —y todos aquí lo sabemos bien— proyecta una serie de valores, como el juego limpio, el afán de superación o la solidaridad, que impulsan la mayor calidad humana y que deben ser guía para la educación de nuestros jóvenes. Precisamente el Movimiento Olímpico tiene entre sus objetivos la formación a través del deporte, difundiendo valores, hábitos y actitudes orientadas a la mejor formación de la juventud.

Mantener el nivel de excelencia del deporte español es un reto difícil que asumimos con voluntad y con los mismos principios. Como deportistas, como olímpicos, como españoles, trabajaremos en todo momento para conservar y acrecentar los éxitos que, juntos, hemos conseguido.

Y termino ya, gracias de nuevo, al Presidente Bach por querer estar hoy con nosotros y acompañarnos en esta Gala. A los galardonados, enhorabuena. Y Gracias al COE por la Orden Olímpica de Oro, es un grandísimo honor haberla recibido.

Os deseo una Navidad muy Feliz a todos y para el 2014 muchas alegrías y triunfos deportivos.

Muchas gracias.

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