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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de la XXIV edición del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias

Teverga (Asturias), 26.10.2013

L​a Princesa y yo queremos, antes de nada, daros las gracias por vuestro recibimiento tan emotivo, por la hospitalidad con la que nos acogéis, y por la ilusión y cuidado con los que habéis preparado este día. Efectivamente un día grande para vosotros, pero lo es también muy especial para nosotros. Así que os felicitamos de todo corazón por este Premio tan merecido, logrado con vuestro esfuerzo y duro trabajo.

Aparte de entregaros con emoción el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, y de compartir con vosotros la alegría de esta celebración; venimos a conoceros, a saber de vuestros sueños, de vuestros problemas, inquietudes y esperanzas; venimos, en fin, a compartir unas horas que ‒seguro‒ serán inolvidables.

Sabemos que hubo un tiempo muy difícil para vosotros; un tiempo no muy lejano, en el que la belleza natural que nos rodea no podía ocultar las heridas causadas por el abandono de las minas de carbón, que fueron el motor económico de desarrollo para estos valles durante decenios; una pérdida que cambió irreversiblemente la forma de vida y la economía.

Una encrucijada nueva e incierta en la que no pocos de los nacidos en estos pueblos tuvieron que buscar trabajo lejos de aquí; y en la que hicisteis frente a muchas dificultades, sobre todo al pesimismo, siempre infértil y paralizante.

Pues precisamente porque habéis tenido la valentía de enfrentaros a esos desafíos, y habéis logrado vencer a la desesperanza, habéis recibido este premio. Aquella forma de vida derivada de la minería del carbón la habéis sustituido por una variedad de iniciativas y de actividades que os han abierto nuevos caminos.

Una nueva ganadería, una nueva e incipiente forma de cultivar el campo, un desarrollo moderno de la hostelería y del turismo rural… Son el resultado feliz de vuestro afán por crear y emprender.

A la vez habéis conseguido equipamientos culturales atractivos como el Parque de la Prehistoria o la Senda del Oso, y cuidáis ‒y protegéis‒ los espléndidos y hermosos recursos naturales, lo que ha sido recompensado justamente con la declaración de Reserva de la Biosfera al Parque Natural de las Ubiñas-La Mesa por parte de la UNESCO. No son estos logros fáciles si no median ideas y tenacidad, esfuerzo y trabajo eficaz.

Sois un ejemplo admirable que desdice lo que a veces escuchamos, voces que quieren convencernos de que vamos, irremediablemente, hacia una sociedad sin futuro. No debemos dejarnos llevar por el desánimo, no podemos permitir que puedan ser ciertos esos presagios tan desalentadores.

Esa España desmoralizada de la que se nos habla no es la España verdadera. La verdadera España es la que está en el fondo de la sociedad, en su alma, consciente de los problemas pero firme en sus convicciones y decidida a superar las dificultades; que si es verdad que son muy grandes, no es menos cierto que no son invencibles.

La verdadera España está construida con cientos, con miles de comunidades como esta de Teverga, que se rebelan contra la adversidad y en las que nacen cada día ideas de futuro, actos sencillos de generosidad y de bondad que fortalecen los vínculos imprescindibles de afecto y de unión. Comunidades que se engrandecen en los momentos difíciles, cuando saben salir de la niebla cerrada hacia la luz; cuando tienen el coraje ‒dicho con palabras de un gran poeta‒ de “encender la antorcha sobre la tierra oscura”.

Con perseverancia y valentía, con la grandeza que da la humildad, sin rendiros al desencanto, sin desalentaros ante las voces pesimistas, habéis logrado impulsar vuestra economía con nuevas iniciativas.

Esa España desmoralizada de la que se nos habla no es la España verdadera. La verdadera España es la que está en el fondo de la sociedad, en su alma, consciente de los problemas pero firme en sus convicciones y decidida a superar las dificultades; que si es verdad que son muy grandes, no es menos cierto que no son invencibles

Os mueve también, naturalmente, el profundo deseo de proporcionar a vuestros hijos una sociedad mejor, llena de posibilidades y abierta a los retos de estos tiempos de cambio e incertidumbre. Una sociedad serena, justa y sabia, más entregada y comprometida que nunca a hacer bien las cosas.

Esta es, pues, una ocasión para festejar todos esos méritos admirables que os han hecho ejemplares y que el Jurado ha querido poner de relieve en este premio. Gracias un año más por vuestro trabajo y dedicación, y por vuestro compromiso con los valores que queremos ensalzar y estimular con su concesión.

Todo ello nos lleva a recordar a quienes en las cuencas mineras viven una etapa de cambios, profundos y difíciles, agravados por la crisis económica general. Conocemos sus problemas, y nos solidarizamos con quienes los sufren, pues sabemos cómo está desapareciendo la forma de vida que se ha mantenido en ellas durante tantos años.

Pero sabemos también que conservan muy vivo su espíritu y esa fortaleza con la que se ha forjado en buena medida la personalidad de Asturias; y cómo siguen teniendo muy presentes los valores que nunca desaparecerán: la lucha por la justicia, la valentía de arriesgar la propia vida para salvar otras en riesgo, la fortaleza ante la adversidad, la unión para hacer frente a las dificultades, el hacer honor a la palabra dada.

Con ese bagaje ético, construido sobre la fraternidad y la confianza, los trabajadores de las cuencas encontrarán, también, estamos seguros, nuevos caminos para emprender; caminos para imaginar y crear nuevas formas de trabajo y de prosperidad. Porque no hay futuro sin ideales y sin sueños, sin una convivencia sosegada y fraterna.

Recordamos hoy también a todos los pueblos, asociaciones y comunidades que han presentado su candidatura al premio, especialmente a aquéllos que llevan varios años haciéndolo con una tenacidad admirable. Les animamos para que sigan adelante con sus iniciativas y actividades comunitarias, pues esta forma de actuar es ya, por sí misma, un premio para todos ellos. La Princesa y yo les enviamos nuestra gratitud y nuestro cariño.

Aquí, amparados y admirados por la belleza que nos rodea, os animamos a que sigáis cuidando lo mucho que tenéis, la hermosa herencia que os han entregado vuestros mayores.

Deseamos que sigáis emprendiendo y haciendo prosperar vuestras nuevas formas de vida, con el impulso de una economía emprendedora ‒ágil y sostenible‒, para adaptarse a los cambios acelerados que vivimos.

Deseamos que sigáis alentando y potenciando también vuestros proyectos culturales, el asociacionismo y la recuperación de las más hermosas tradiciones de la cultura rural; que también fortalecerán el tejido empresarial y económico que habéis conseguido poner en pie.

Os alentamos a que sigáis así, a que las inevitables dificultades no os hagan desfallecer; también a que animéis a las nuevas generaciones a potenciar sus conocimientos, a encontrar en la educación el camino más seguro para hacer frente a la creciente complejidad, a la rapidez de los cambios y a la incertidumbre que caracterizan nuestro mundo.

Anhelamos para vosotros que estos días felices y tan llenos de esperanza que estáis viviendo no terminen hoy. Porque es verdad que todo lo mejor es posible, siempre y cuando no se pierda la fe en que cada nuevo día puede traer nuevos triunfos, sobre todo si vencemos al pesimismo, a la desilusión y al desencanto.

Los colores del otoño que iluminan los bosques cercanos, la magnificencia de las cumbres que nos rodean, forman un espectáculo de una belleza singular; un auténtico regalo para la vista y para el recuerdo. Tampoco olvidaremos nunca, la Princesa y Yo, vuestra ejemplaridad y a la acogida tan cariñosa que nos estáis ofreciendo.

Os deseamos de todo corazón un futuro lleno de esperanza, el mejor futuro.

Muchas gracias.

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