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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de clausura del Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad

Madrid, 26.01.2006

A

l clausurar este emotivo acto, que conmueve profundamente nuestros corazones, dirigimos nuestro pensamiento, emocionado homenaje y afecto a las víctimas del Holocausto y a sus descendientes, a los aquí presentes y a los del mundo entero.

Al igual que otros muchos países europeos, hoy queremos sumarnos al recuerdo del Holocausto, de la "shoáh", al profundo dolor y más firme repulsa de la Humanidad ante el brutal exterminio de tantos millones de seres humanos, que golpeó nuestra propia esencia como personas.

Y lo hacemos con el alma de esta tierra a la que la tradición judía identificó, desde sus más lejanas raíces, como Sefarad. Una Sefarad rica en historia y cultura compartidas que ensalzamos en aquel inolvidable y entrañable encuentro que la Reina y yo mantuvimos, en 1992, con las comunidades judías de España en la Sinagoga Bet Jacob de Madrid.

No hay palabra o imagen capaz de expresar por sí misma, en toda su verdadera dimensión y crudeza, la enorme tragedia que para el pueblo judío, y con él para la Humanidad, representa la "shoáh", con millones de seres humanos perseguidos y aniquilados de forma tan despiadada en los campos de exterminio del nazismo, por el simple hecho de ser judíos.

Rompe especialmente nuestros corazones el sufrimiento de tantos niños y jóvenes sacrificados en la flor de la vida. Merecen, asimismo, nuestro especial recuerdo los miles de gitanos atrozmente asesinados, y los miembros de otros grupos de personas con cuya vida también se acabó cruelmente en tan diabólicos e inhumanos recintos.

Hoy no podemos dejar de reservar, como españoles, una  mención especial al emocionado recuerdo que merecen los miles de hijos de España, que tanto padecieron y a quienes vilmente les fue arrebatada la vida en aquellos campos de horror. A todos ellos están dedicadas las placas con las que, desde nuestra primera Visita a Austria en 1978 y nuestro  Viaje de Estado a Polonia en 2001, queremos recordarles en los campos de exterminio de Mauthausen y de Auschwitz-Birkenau.

En este día deseamos, en suma, expresar el más profundo respeto a todas las víctimas del Holocausto, nuestro hondo pesar a sus familiares, y nuestra solidaridad hacia el sufrimiento de los supervivientes.

Pero el acto que nos reúne no es sólo de homenaje debido a millones de víctimas, sino también una ocasión para manifestar nuestro más firme compromiso -que debe ser el de las generaciones venideras- con los derechos inalienables de la persona, con la libertad y el más pleno respeto a la dignidad del hombre, de modo que nunca jamás pueda repetirse infamia semejante.

Un compromiso imprescindible para poder seguir construyendo sociedades unidas en torno a los principios y valores de la paz, la libertad, la justicia y la democracia, empeñadas en evitar y erradicar cualquier forma de barbarie o violencia.

Los llamados "Justos entre las Naciones", a quienes hoy también honramos,  nos señalaron el camino a seguir: el de la entrega y valentía en la defensa de los derechos y libertades de nuestros semejantes.

El racismo, el odio o la intolerancia no pueden tener cabida en nuestras sociedades. Reafirmemos también nuestro compromiso en la prevención de los crímenes contra la Humanidad.  Concluyo mis palabras dedicando un saludo afectuoso a los supervivientes, a los familiares de las víctimas y, de manera  particular, al conjunto de la comunidad judía de España.

¡SHALOM!

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