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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto conmemorativo del 150 Aniversario del nacimiento de Ramón y Cajal.

Madrid, 20.02.2002

C

on el afecto de siempre y el interés también personal en todo lo que se refiere a la ciencia y sus avances, vengo nuevamente a esta Real Academia para expresaros sobre todo mi apoyo a vuestras tareas y desvelos. Pero hoy se nos convoca de manera especial para conmemorar el sesquicentenario de Santiago Ramón y Cajal. Me uno con agrado a esta oportuna iniciativa y felicito a esta docta e ilustre Corporación por haberla puesto en marcha de manera tan acertada.

Hacéis hoy un alto en el camino para el recuerdo y la lección de nuestra Historia que representó la vida y la obra de don Santiago. Y para reavivar este recuerdo estáis aquí los miembros de esta Casa y de las demás Reales Academias a las que él perteneció, los expertos en el cultivo de las neurociencias que él principiara, la Academia, la Universidad y los Centros de Investigación, las gentes de su tierra y de su nombre.

Nada mejor para ello que el libro que la Academia de Ciencias edita con motivo de cumplirse 150 años del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal, y que documenta tres de los mejores momentos de su larga e intensa vida intelectual.

La lectura de este libro debiera servirnos a todos de ejemplo en tantas facetas como Cajal lideró, y entre las que destacan la originalidad en el cultivo de la Ciencia, la incorporación de la actividad científica al quehacer universitario, la formación internacional de los jóvenes y la convergencia española a la ciencia europea.

Porque fue, sin duda alguna, bajo su dirección de la Junta para la Ampliación de Estudios cuando España intentó, en las décadas iniciales del siglo XX, este acercamiento que tanto debió a los miembros de esta Academia; porque, como se ha dicho, fueron el matemático Echegaray, el químico Carracido, el ingeniero Torres Quevedo y el físico Cabrera, todos Presidentes de esta Casa, los que, sobre todo, colaboraron con Ramón y Cajal en este empeño a lo largo de un cuarto de siglo.

Su siembra permanece en sus discípulos y en los anales de la comunidad científica. A nosotros, a nuestro esfuerzo, corresponde ahora sacar partido de aquella semilla que sin duda fructificó, tal como recoge este libro, y habrá de ser especialmente decisiva para nuestro progreso.

Éste es, me parece, el contenido y objetivo principal del "Programa de Promoción de la Cultura Científica" de esta Real Academia de Ciencias, del que recuerdo la ceremonia de su presentación, hace algunos años.

Difusión social de la ciencia y de la técnica que, con la educación y la investigación, han de constituir los fundamentos de la potenciación de nuestra capacidad industrial y de nuestra innovación tecnológica. Y que, por otro lado, lejos de afincarse en una aislada tercera vía de cultura, procura fundirse con las maneras tradicionales y, con ellas, recomponer una única y actual forma de cultura.

Ha sido y es, con esta pretensión, con la que vuestros programas anuales recorren los Centros universitarios y de Enseñanza media, las Academias militares, los Ateneos, las nuevas Casas municipales de la Cultura, los Museos de la Ciencia, e incluso, recientemente, los centros en el extranjero del Instituto Cervantes.

Y ello para hacer llegar a la sociedad culta toda la colección de hechos y de descubrimientos de la ciencia y la tecnología que hoy, incrustados en las actividades de la vida moderna, son ingredientes destacados de su creciente calidad en la salud, las comunicaciones, la nutrición, la misma cultura e, incluso, el ocio.

Dentro de este gran esquema que intenta conjugar la gran expresión cultural del conocimiento en sí mismo, y sus extraordinarios avances, con el saber hacer tecnológico, el mundo moderno de la ciencia está obligado a ir ganando terreno e ir allanando los abismos que aún hoy lo separan del saber ciudadano. A este fin conducen, lo sé muy bien, las actividades que durante los pasados años ha desarrollado vuestro Programa.

Con el convencimiento de que solo podrá ser esta cultura integrada la que aporte a nuestra sociedad y a sus miembros los criterios necesarios para ejercer en todo su valor la imprescindible toma de decisiones en libertad, os trasmito mi enhorabuena por esta iniciativa, y por el compromiso que supone con el porvenir de España y de los españoles.

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