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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de Córdoba.

Córdoba, 17.04.2002

Q

uisiera en primer lugar agradecer sus palabras, señora alcaldesa y junto a la Corporación y los cordobeses y cordobesas el recibimiento tan lleno de afecto y alegría que me han dedicado.

Me agrada poder decir que no es la primera vez que siento cerca vuestra hospitalidad, como tampoco lo es la ocasión que hoy tengo de corresponderos con mi afecto auténtico y duradero.

Llego aquí casi al final de mi visita a esta Comunidad, de la que Córdoba es en cierto sentido resumen al tiempo que depositaría de muchas de sus claves esenciales.

Pues Córdoba es clara y misteriosa a la vez. Tiene secretos que sólo muestra a quien es capaz de verla desde dentro, ahí donde late el corazón de sus habitantes.

Y es ese, en gran medida, mi propósito al acercarme hoy para convivir con vosotros y percibir íntimamente vuestros desvelos y vuestras esperanzas.

Aquí los siglos no se suceden, sino que se amalgaman en una imagen singular y especialísima. Lo esencial de este transcurrir de las civilizaciones es que Córdoba las ha hecho suyas, les ha impuesto su sello, las vive y las revive cada día y cada tiempo, hoy mismo, aportando originalidad propia mientras sigue fiel a su tradición histórica.

La importancia que dais a vuestro patrimonio y cultural no se limita a exponer a la curiosidad ajena un catálogo de maravillas, sino que es un signo de identidad y afirmación colectiva, un recuento continuo de vuestros hechos, que sustentan y actualizan su fama imperecedera.

Cuando Córdoba se enorgullece de su condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, nos está explicando que se lo ha ganado a pulso, por su ejemplo de convivencia, que se siente honda y sobriamente, y expresa con la naturalidad de lo que es propio, no prestado ni pegadizo.

Por eso recojo y me uno sin dudarlo a vuestro objetivo de conseguir la Capitalidad Cultural de Europa, pues coincido con vuestra convicción de que este acontecimiento será la culminación y el resumen de una trayectoria y unos méritos largamente acreditados.

Uno y otros se identifican en el lenguaje de hoy mediante proyectos con nombres concretos. Los de la cultura y el turismo, la estructura urbana y vuestra acreditada vocación como centro comercial y de servicios, de los que me consta os preocupáis, en cuanto realidades más idóneas para revalorizar la imagen de Córdoba en este siglo y sentar las bases de su futuro desarrollo.

Sé que os afanáis en asentarlo favoreciendo la integración y la participación colectiva. Pues el progreso colectivo necesita, para ser auténtico y duradero, del concurso y la cooperación de todos. Tiene que despertar sus mejores energías, procurar la mejora de su bienestar, y dar prioridad a los objetivos que más directamente garantizan su prosperidad.

Voy a conocer directamente y muy de cerca las realidades y aspiraciones en que queréis concretar estos criterios. Estoy seguro de que esta experiencia será mutuamente provechosa, y os animo a emprender con ilusión y optimismo el esfuerzo que siempre es necesario para conseguir lo que se quiere y aquello e lo que se cree.

Os aseguro que contáis ya con mi apoyo en estas vuestra empresas.

Gracias de nuevo a todos.

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