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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias al concluir su visita a la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Sevilla, 19.04.2002

T

ras dos semanas de intensa actividad en Andalucía, llega la hora, no de la despedida, sino de la recapitulación y, a este respecto, puedo decir con absoluta sinceridad que, además de un viaje provechoso, ha sido sobre todo una experiencia gratificante.

Esta afirmación es fácil de explicar, cuando se agolpan en la memoria tantos recuerdos, imágenes inolvidables, voces honestas, alegres y preocupadas, ilusionadas y realistas.

En primer lugar, por el verdadero gozo para los sentidos, que es recorrer Andalucía en la plenitud de su primavera y comprobar cómo cambian y se modulan los paisajes, y cómo aparecen a la contemplación del viajero las diversas caras de Andalucía que se extienden desde la frontera de Ayamonte a los confines de Almería.

Pero junto a la pluralidad de los paisajes, me ha emocionado el impacto de un pueblo cordial, receptivo y espontáneo, que me ha ofrecido una demostración muy auténtica de su tradicional sentido de la hospitalidad.

Por tanto solo hay una palabra con la que me resulta posible reunir los sentimientos que acumulo en estos momentos: Gracias. Gracias de todo corazón a todos los andaluces, empezando por el Presidente de la Junta de Andalucía y todo su equipo, el Delegado del Gobierno y todas las autoridades, y a cuantos han dedicado tanto afecto, tiempo y esfuerzo para asegurar y facilitar mi visita; también a los interlocutores económicos, sociales y culturales con los que me he entrevistado, y a tantos ciudadanos, a los que he podido saludar en cada lugar, cada parada y cada momento apreciando su genuino deseo de hacerme sentir bienvenido, cómodo y orgulloso de esta España meridional que representáis los andaluces.

Soy consciente de que no es posible conocer en dos semanas toda la rica realidad de esta tierra grande y hermosa. Sí puedo decir que en las numerosas reuniones y encuentros que he tenido con muy diversos sectores de la vida andaluza, he encontrado interlocutores que me han hablado con sinceridad y con claridad, lo cual agradezco mucho, de lo bueno y también de lo menos bueno de Andalucía, de sus avances y de sus carencias, de los problemas resueltos y de los problemas pendientes.

Por ello al abordar las impresiones de este viaje, he de referirme también a la profunda transformación operada en las comunicaciones e infraestructuras, a la articulación del tejido productivo, a las actividades pioneras del sector agro-industrial, a la consolidación del turismo y a la creación de nuevas alternativas turísticas, a los avances propiciados por la incorporación de las tecnologías de vanguardia y a la función que, en este ámbito, desempeñan los Parques Tecnológicos y otros medios de innovación, así como a sus aplicaciones en la Educación o en la Sanidad.

Andalucía, como he podido comprobar, tiene un gran potencial para intensificar su presencia y participación en una economía crecientemente globalizada, porque en efecto tiene productos de calidad y excelencia, porque verdaderamente posee ventajas comparativas y competitivas para consolidar sus ofertas en los mercados más exigentes. Aunque nadie ignora ni oculta los problemas y atrasos relativos que todavía arrastran algunas zonas y sectores de esta Comunidad. El avance es claro y el compromiso unido al esfuerzo deberán mantenerse e incluso en lo posible intensificarse para seguir acortando distancias. Lo sabéis y sé que estáis encauzando medidas y recursos para ello. Estas dos semanas me avalan en mi convencimiento de que vuestros esfuerzos no flaquearán ante los grandes retos.

Hay que continuar trabajando en esta dirección, y por ejemplo intensificar la creación de más y mejor empleo, con la mirada puesta de manera especial en los jóvenes y en las mujeres, cuya aspiración a desarrollar una actividad laboral o profesional es un derecho y un potencial que la sociedad y los poderes públicos deben atender.

Sé que ese es el objetivo y el compromiso prioritario de la política de consenso desarrollada por las instituciones, los empresarios y sindicatos, y porque tal vez lo más gratificante del viaje, más incluso que comprobar los cambios producidos en la economía o en las infraestructuras, es comprobar el que ha experimentado la propia sociedad andaluza.

Se palpa una nueva conciencia social que, basada en la autoestima, se manifiesta en una actitud cada vez más extendida del espíritu de iniciativa y de la cultura emprendedora, en un mayor dinamismo, en el nivel de formación y especialización o en el compromiso de los jóvenes con la justicia y la solidaridad a través de una militancia cooperante, generosa y desprendida. Me llevo también una reconfortante impresión del arraigo y la solidez del tejido asociativo de todo orden, que no puede más que servir de cimiento al desarrollo, con mayores garantías de equilibrio y de éxito, en lo material y en lo humano.

Fortalecer estos valores, algo que conviene siempre apoyar e impulsar, es garantizar la eficiencia y la autonomía de la sociedad andaluza, como factores imprescindibles para cualquier proyecto de progreso y de futuro.

El camino, bien lo sabéis por la experiencia de estos años, no es otro que la educación, la apuesta por la calidad del sistema educativo. He visto a lo largo del viaje el gran esfuerzo que se viene realizando, cómo la universalización de este derecho ha sido decisiva para el avance y la mejora de las condiciones generales de vida y cómo la oferta universitaria se ha llevado a todas las provincias andaluzas, con positivos efectos en la docencia y en la investigación científica o técnica, más centrada y más atenta a las necesidades económicas y sociales de su entorno.

En Andalucía y con los andaluces he tenido una vivencia personal que difícilmente podré olvidar. Mucho me queda por ver, a muchos hubiera querido conocer y escuchar, y sé que no son pocos a los que no he podido atender. Sin duda que en el futuro habrá numerosas ocasiones para profundizar en muchos temas, llegar a más personas y continuar sintiéndome tan cerca de los andaluces.

Con mi profunda gratitud os ofrezco, sin vacilación ni equívoco, mi apoyo y confianza en vuestro futuro, que es el de todos los españoles.

Gracias de nuevo, y hasta pronto.

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