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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de los Premios Nacionales de Diseño.

Barcelona, 29.04.2002

M

e alegro de tener ocasión de presidir este año la entrega de los Premios Nacionales de Diseño, que hoy alcanzan su undécima edición. Una continuidad bien lograda, que confirma la visión y el acierto de los promotores de esta iniciativa, el Ministerio de Ciencia y Tecnología y la fundación Barcelona Centro de Diseño, a quienes creo que es de justicia manifestar nuestro reconocimiento.

Acierto es también que este acto se celebre una vez más en Barcelona, cuyo nombre está unido desde hace tiempo a proyectos de innovación, que nacen y crecen espontáneamente del sustrato favorable de un tejido empresarial y profesional sólido y bien preparado.

Mobles 114 y Dani Freixes son dos ejemplos excelentes de este talante, por su calidad como profesionales y su proyección externa. A ambos les expreso mi sincera enhorabuena.

A primera vista el diseño parece una cuestión puramente estética, que hace al producto más atractivo a la vista. Pero quienes se dedican a él con asiduidad y competencia saben bien que tras esta agradable superficie hay una dura disciplina y una compleja ingeniería.

El diseño tiene un valor económico y un significado cultural, dos campos muy precisos en los que no cabe la improvisación. La economía exige capacitación y competitividad, la cultura creatividad y autenticidad.

El diseño es un signo de calidad. Calidad es uno de los signos distintivos de nuestro tiempo, no sólo en el proceso productivo, en el que se ha hecho indispensable, sino en otros muchos campos que se identifican con el progreso: educación, medio ambiente y vida cotidiana.

Sobresalir en este campo implica un alto grado de eficacia. La economía se revalida por el éxito de un producto en el mercado, ese campo en el que hoy se dirimen tantas batallas esenciales. La Cultura consiste en una adecuada pedagogía, la de los modelos que van conformando la psicología colectiva y la mentalidad social. Una y otra se alimentan mutuamente, porque cada modelo se edita para obtener el favor de un público, y la producción se agota si no se renueva habitualmente.

Creo que vivimos un buen momento del diseño en España, del que todos debemos felicitarnos, pues contribuye en gran manera a mejorar nuestra imagen y a potenciar nuestras posibilidades en el horizonte de la globalización, en el que vivimos y del que dependemos.

Buena prueba de este avance son estos Premios que hoy entregamos. Concluyo animando a sus organizadores a seguir adelante en su ambiciosa tarea, y a sus galardonados a continuar estimulándonos con su talento y su ejemplo.

Muchas gracias.

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