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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración de la II Conferencia Internacional de la Automoción.

Madrid, 25.11.2002

C

on mucho gusto he aceptado la invitación de los organizadores a presidir la inauguración de la II edición de esta Conferencia Internacional de la Automoción. Por tanto en primer lugar gracias por vuestra amable invitación.

Seguidamente permítanme que felicite al Señor Giulani por su conferencia y le agradezca que nos haya visitado hoy para participar en este acto. Quisiera aprovechar esta ocasión para testimoniarle personalmente mi admiración y respeto por su labor al frente de su ciudad asumiendo un compromiso y vocación de servicio público hasta las últimas consecuencias, demostrando una capacidad organizativa y de liderazgo reconocido, alabado y admirado por todos en su ciudad y País, así como por todos lo que nos sentimos atacados en aquel 11 de septiembre.

Creo que esta conferencia es una iniciativa del mayor interés para todos. Pues, además de su indudable importancia en el panorama general de nuestra economía, la automoción tiene muchas e importantes repercusiones sociales.

El automóvil se ha impuesto en nuestra vida individual y colectiva. Se ha hecho imprescindible, y su protagonismo puede resultar en ocasiones excesivo. Condiciona nuestro trabajo, nuestra vida familiar, nuestro tiempo de ocio y hasta nuestra libertad de circulación, como ya anticipó Ortega y Gasset, una vez más, en una memorable reflexión sobre la concordia.

Quisiéramos, y estoy seguro de que todos coincidimos en esto, proponer y subrayar los muy numerosos aspectos positivos de la automoción. Pero la realidad nos induce, con la fuerza de la evidencia a otro tipo de reflexiones, que van dirigidas sobre todo a procurar una especial sensibilidad hacia la prevención, en el sentido más amplio, de esa auténtica pesadilla de nuestro tiempo que son los accidentes de tráfico.

Es ésta una cuestión ante la que no podemos permanecer inactivos, ni siquiera indiferentes. El compromiso en esta materia es un imperativo moral inexcusable e inaplazable. Y además es un deber cívico para contribuir a mejorar nuestra convivencia.

Ciertamente la máxima responsabilidad de cuanto se refiere a la prevención corresponde a los poderes públicos, a las Administraciones central, autonómica y local y a la comunidad médica y científica. Pero su trabajo, por bien ideado y formulado que resulte, no tendrá plena eficacia sin una respuesta y una cooperación decidida por parte del tejido social, de todas las personas que en algún momento se ponen al frente de un volante, pasean por la calle, diseñan vehículos y sistemas o equipos de control de tráfico, de los educadores, padres y centros de formación de los departamentos de recursos humanos, y evidentemente de los profesionales que ejercen su trabajo en o desde el vehículo, etc.

La sociedad tiene que emitir sus propios mensajes, debe plantear sus propias fórmulas, y crear y mantener una posición activa, y una vigilancia permanente en este sentido.

Por eso quiero felicitar especialmente a la Fundación Eduardo Barreiros y al sistema MAPFRE por implicarse directamente en este objetivo a través de la Conferencia que hoy inauguramos. Les animo a seguir aportando, en sus sucesivas ediciones, nuevos elementos al conocimiento y a un comportamiento cada vez más responsable en el ámbito del tráfico.

El tema de esta Conferencia es "Medicina y Automoción". Si los expertos y estudiosos coinciden al señalar la primacía del factor humano en la etiología de los accidentes, es más que oportuno analizar este factor con una óptica multidisciplinar, en la que la medicina tiene un papel fundamental.

Cuestiones como los estados mentales y las principales afecciones que influyen en los conductores, la muy interesante de los límites a la conducción por razones de edad, y las experiencias de quienes han vivido situaciones traumáticas conduciendo un automóvil, hacen especialmente atractivo el programa de esta reunión.

Los conferenciantes que van a inaugurarla y clausurarla, los ilustres científicos que van a desarrollar sus ponencias, y los expertos que van a participar en ella aportarán sin duda, dada su capacidad y experiencia, un soporte riguroso y bien fundamentado a quienes han de tomar las decisiones adecuadas para reconducir a términos humanos y aceptables la situación actual de la siniestralidad.

Termino recordando que los aspectos más negativos de la realidad a la que nos enfrentamos no es sino la consecuencia de la erosión generalizada de los valores que deben presidir la convivencia y el respeto mutuo. Una situación que, además, está siendo aceptada como inevitable, en aras de una tolerancia mal entendida.

En este punto todos tenemos la obligación de ser mucho más beligerantes, e intervenir activamente en la tarea de desterrar, en beneficio de todos, la pretensión de que el derecho de cada uno es una facultad ilimitada y arbitraria, que se ejerce irresponsablemente y en perjuicio de los demás.

Con el deseo de que estas sesiones abran camino a una mentalidad general más consciente de los principios y deberes que el uso racional del automóvil impone a la sociedad y a cada uno de sus miembros, declaro inaugurada la II Conferencia Internacional de la Automoción.

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