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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de la República Argelina Democrática y Popular

Palacio Real de Madrid, 07.10.2002

S

eñor Presidente,

Es un motivo de especial satisfacción darle la bienvenida en su visita a España, en mi nombre y en nombre del pueblo español.

No es ésta su primera visita a España, pero sí es su primera visita de Estado como Presidente de la República de Argelia a nuestro país. Tengo la confianza de que en España se encontrará como en su propia casa.

España y Argelia, Señor Presidente, vienen de un espacio geográfico contiguo y de una historia entrelazada. Como hijos del Mediterráneo que somos, contribuimos a su esplendor antiguo.

Desde entonces, nuestros pueblos, por distintas rutas pero con frecuencia con similares desafíos, han tratado de adaptarse a las grandes transformaciones del mundo moderno.

Hoy Argelia es una República con cuarenta años de historia, un país joven, un Estado moderno y al mismo tiempo un pueblo sabio y antiguo. Vuestra Excelencia ha sabido impulsar esta tradición. Ha hecho de Argelia un referente en el mundo árabe y un protagonista de los nuevos proyectos que quieren devolver al continente africano su capacidad de iniciativa. Su anclaje sólido en el norte de África confiere a su país una posición privilegiada para convertirse en intérprete de las aspiraciones del continente en Europa. Argelia ha sabido acometer con tenacidad y firmeza el extraordinario esfuerzo que ha significado la Nueva Alianza para el Desarrollo de África. Estamos convencidos de que ese esfuerzo se verá adecuadamente reflejado en la cumbre Europa-África, que tendrá lugar en Lisboa el año próximo.

Argelia es, asimismo, una nación profundamente vinculada a Europa. Se ha convertido en el más reciente socio mediterráneo de la Unión Europea, tras la firma del Acuerdo de Asociación que tuvo lugar en Valencia el pasado mes de abril.

Desde España hemos seguido con gran atención el impulso que Vuestra Excelencia ha dado a la política exterior de Argelia, recuperando para su país el lugar que le corresponde dentro de la comunidad de naciones.

Señor Presidente,

Hace ahora poco más de un año, los atentados del 11 de septiembre sorprendieron y consternaron al mundo. La magnitud del crimen, el fanatismo de quienes lo perpetraron, la vesania de quienes han ideado y justificado la acción bajo una pretendida motivación religiosa, han sumido a nuestras sociedades en dolorosa indignación.

Los ataques del 11 de septiembre han confirmado al mundo que la amenaza terrorista no conoce fronteras y se ha convertido en el principal enemigo de la convivencia pacífica entre los pueblos. Argelia, al igual que España, conoce la gravedad de esta amenaza y ha sufrido los más terribles efectos que son capaces de engendrar la irracionalidad y el odio, unas veces en nombre de falsos ideales, otras veces secuestrando el nombre de Dios para propagar la violencia y el dolor.

Señor Presidente,

Argelia es hoy protagonista de su propio camino hacia la reconciliación nacional que Vuestra Excelencia ha sabido impulsar con sabiduría, hacia un sistema político de libertades y garantías compatible con su identidad y su propia tradición, que quiere hacer del respeto de los derechos humanos y de la plena integración de la mujer uno de sus fundamentos.

Para todo ello cuenta con el liderazgo de Vuestra Excelencia y la labor de su Gobierno, que recibió el apoyo popular en el pasado mes de mayo. España, en su transición política y económica, contó en primer lugar con el esfuerzo tenaz de su pueblo, pero también con el apoyo solidario de la comunidad internacional y, muy en especial, de nuestros socios europeos y nuestros aliados occidentales. Por eso sabemos lo importante que es el apoyo exterior y sabemos también lo necesaria que es la confianza y el aliento para recorrer el camino.

Vuestra Excelencia sabe que Argelia puede confiar en el apoyo amistoso de los españoles.

Señor Presidente,

Su visita a España no sólo es motivo de satisfacción por la presencia del máximo representante de un país vecino y de un pueblo amigo. Lo es también porque su agenda de trabajo contiene asuntos de gran importancia para nuestras naciones.

El Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, que firmará Vuestra Excelencia con el Presidente del Gobierno, abre un marco de consultas y de concertación que sitúa las relaciones entre España y Argelia al nivel que se corresponde con los estrechos lazos que hemos ido tejiendo en estos años, tanto en el plano económico como en el plano político.

Este Tratado es algo más que una declaración de buenas intenciones políticas, establece un programa de concertación y encuentros similar al que España tiene con sus principales socios y significa, por su naturaleza y contenido, la voluntad de ser referencia de un futuro de cooperación mutuamente enriquecedora.

La política de España respecto a la región del norte de África es prioritaria y quiere ser global y ambiciosa; global, porque quiere desarrollar al máximo el potencial de relaciones con cada uno de los países de la región, y ambiciosa por su intención de abarcar el mayor número de elementos posibles en estas relaciones. En este contexto, España considera a Argelia un socio estratégico y apuesta por profundizar nuestra interdependencia en sectores vitales de la economía, con el deseo de que estos vínculos económicos sean un firme sustento para una relación cada vez más estrecha y diversificada entre ambas riberas del Mediterráneo occidental.

En los últimos años, los empresarios españoles y argelinos han reforzado su cooperación. Han desarrollado unos fructíferos métodos de trabajo, cuyos resultados más patentes se traducen en el excelente momento que atraviesan las relaciones económicas. Las inversiones recíprocas son consecuencia de la confianza de España en Argelia y de la de Argelia en nuestra voluntad de seguir apoyando su desarrollo económico y apostando por un futuro de bienestar compartido.

España apuesta también por el futuro de la sociedad argelina, en particular por su juventud, principal riqueza de su gran nación. Vuestra Excelencia sabe, y lo ha demostrado con los hechos, que la educación y la preparación son la mejor inversión que podemos ofrecer a nuestros jóvenes. Hemos apreciado los esfuerzos acometidos por Argelia en este ámbito.

Señor Presidente,

Hoy más que nunca, españoles y argelinos debemos impulsar una dimensión mediterránea que haga del Magreb un socio privilegiado de Europa. En este sentido, España ha apoyado siempre todas aquellas iniciativas encaminadas a reforzar los lazos y la cooperación entre los distintos países del norte de África, ya se trate de ambiciosos proyectos como la Unión del Magreb Arabe, o de iniciativas con objetivos más puntuales, aunque no menos importantes, como el iniciado en Agadir con la intención de crear una Zona de Libre Comercio.

Nuestro país otorga la mayor importancia a esta cooperación regional. Es evidente que ni España puede hablar en nombre de toda Europa ni Argelia ostenta la representación completa del Magreb. Pero nuestra contribución decidida a este proyecto es de la máxima importancia para lograrlo. Hemos sido testigos de los esfuerzos de Vuestra Excelencia en estos avatares y nos congratulamos de las iniciativas de Argelia al respecto.

Mi país tiene vocación de mantener con todos los Estados del Magreb unas relaciones excelentes. Ello nos impulsa a efectuar un decidido llamamiento a que se hagan los máximos esfuerzos para que las relaciones se desarrollen con toda la normalidad que España desea. Nos preocupa en especial la cuestión del Sahara occidental. España está convencida de que sólo una voluntad decidida entre las partes, capaz de alzarse más allá del horizonte inmediato de las dificultades actuales, permitirá superar los obstáculos que aún subsisten para encontrar una solución a este contencioso, que sea respetuosa de la legalidad internacional, estable y definitiva, para así allanar el camino hacia el proceso de construcción magrebí.

Nuestra preocupación se extiende, asimismo, a Oriente Medio, donde las esperanzas de las últimas semanas en una pronta reactivación del proceso de paz se han visto ensombrecidas por el rebrote de la violencia y las reacciones subsiguientes, que han incrementado considerablemente la tensión en la zona. Urge que las partes retomen la vía de la negociación, sobre la base del cumplimiento estricto de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el apoyo decidido de la comunidad internacional. España, depositaria del "espíritu de Madrid", está (como sus socios de la Unión Europea) dispuesta a aportar su contribución a estos efectos.

El Mediterráneo, antaño cuna de civilización, aspira a convertirse en el área de estabilidad y prosperidad compartidas que ansían sus ribereños. Todos podemos y debemos contribuir a este objetivo, esforzándonos por desactivar las líneas de tensión que cruzan la región y primando los valores integradores y solidarios sobre los elementos de confrontación. Para ello contamos con un instrumento privilegiado, el "Proceso de Barcelona", cuyos mecanismos ofrecen amplio campo al entendimiento y a la cooperación.

Señor Presidente,

Me he referido al principio a nuestro legado cultural común, fruto del encuentro de dos civilizaciones. Es ésta la aspiración máxima de toda cultura, el servir de puente entre los hombres, el mantener abierto su espíritu a otras culturas con disposición al enriquecimiento mutuo, al mejor conocimiento entre pueblos y naciones en el afán común de construir un mundo más justo y próspero.

Excelencia,

Permítame que levante mi copa y brinde por que estas esperanzas sean compartidas y podamos hacerlas realidad, al servicio del pleno desarrollo de nuestros pueblos, el mantenimiento de su rica diversidad y el florecimiento de nuestra vieja y renovada amistad.

Levanto mi copa a su salud y a la de todos los miembros de su delegación.

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