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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos

Palacio Nacional. México D.F., 18.11.2002

S

eñor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y Señora de Fox,Distinguidas personalidades, Señoras y Señores,

Sean mis primeras palabras para agradeceros vivamente vuestra amable invitación, que nos permite a la Reina y a mí venir de nuevo a México en visita de Estado.

Esperábamos con especial ilusión este viaje porque conocemos la generosa e inigualable hospitalidad del querido pueblo mexicano, que siempre nos ha acogido con el mayor afecto y cordialidad. Para quien os habla, nada hay más emocionante que comprobar cada vez, a ambos lados del Atlántico, la vigencia de nuestras comunes señas de identidad y contribuir a reforzar la amistad fraterna que une a España con todos y cada uno de los países miembros de la Comunidad Iberoamericana.

Esta emoción es particularmente intensa para los españoles cuando visitamos México, pues nos devuelve, como si de un espejo se tratara, una imagen cabal, y en ocasiones mejorada, de nuestra propia identidad.

Si "llegar a España es, en cierto sentido, no salir de México", como expresásteis, Señor Presidente, con tanto acierto como gentileza durante vuestra visita a nuestro país, yo quiero confirmaros aquí que esa misma sensación la sentimos también los españoles en México.

Es precisamente esa sensación la que ayudó a muchos compatriotas a no sentirse del todo fuera de España, porque México les "empatrió" -en expresión de José Gaos- en momentos difíciles. El poeta Luis Cernuda, cuyos restos reposan en México, expresó ese sentimiento: "Cuando casi no creía en mi tierra, la vista de ésta me devuelve la fe en la mía. . .". Siempre estaremos agradecidos al pueblo mexicano por su generosidad en momentos adversos.

España y México nacen de orígenes diferentes, aunque en ambos casos seamos el resultado de aportaciones e injertos que nos han dotado de una especial riqueza intelectual y humana y de buena disposición para comprender al prójimo, que es posiblemente el primer estadio de la tolerancia.

Los españoles somos el resultado de una superposición de culturas que, desde sus orígenes greco-romanos y sobre la base cristiana, ha ido sumando elementos de diversa índole y procedencia: germánica, árabe, judía, etc. Que, dejándonos su impronta indeleble, ha venido a dar lugar a la España de hoy, síntesis de todos ellos.

En México, la fusión del mundo cultural prehispánico con el mundo europeo en el crisol mexicano dio lugar a una nueva identidad mestiza, que se fue afianzando durante los siglos de nuestra historia común y nos enriquece hoy a españoles y mexicanos.

Debemos aprender a valorar y conocer en profundidad nuestra cultura y nuestra historia, porque sólo los pueblos que se sienten seguros de su identidad y la asumen con naturalidad y con orgullo son capaces de abrirse al mundo sin complejos para mantener un diálogo sereno y fructífero con otros pueblos y otras culturas. Las cualidades que conforman la identidad de nuestros pueblos florecen en la tolerancia y en el consenso y alcanzan toda su medida cuando participamos en grandes proyectos comunes. El ensimismamiento nos disminuye, la apertura nos fortalece.

Señor Presidente,

Las relaciones profundas, los contactos y la corriente de afecto que fluye entre España y México, nunca se ha interrumpido, ni siquiera en los períodos de distanciamiento entre nuestros gobiernos. Al contrario, rebrota en esos momentos con más fuerza, casi como un impulso compensatorio.

Las relaciones privilegiadas que constituyen hoy la norma entre nuestros dos países deben mucho, por su parte, al restablecimiento de relaciones diplomáticas en 1977, que permitió normalizar, canalizar y dar un impulso político decisivo al tupido entramado de contactos de todo tipo que son el elemento permanente de interacción entre nuestras sociedades.

Mi visita de Estado a México coincide precisamente con el vigésimo quinto aniversario del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas. Es pues un periodo de fundamental importancia para España y también para nuestras relaciones bilaterales, que en este último cuarto de siglo se han desarrollado de un modo espectacular.

Como bien sabéis, en este período, España se ha transformado en un país moderno y democrático, con una economía abierta y dinámica y con un peso creciente en el mundo. Ello ha sido posible gracias al esfuerzo de todos los españoles y al consenso en lo fundamental de las principales fuerzas políticas que lo representan, que supieron anteponer con patriotismo los intereses superiores de España a cualquier otro.

Señor Presidente,

En el último decenio, México inició también un proceso acelerado de cambio que, con vuestra tarea de gobierno, habéis elevado a política de Estado. La alternancia en el poder, realizada en un clima ejemplar de respeto y convivencia, ha dado un nuevo impulso a la democracia mexicana y a sus instituciones. No dudamos que México, bajo vuestro Gobierno, logrará llevar adelante las reformas estructurales que os habéis propuesto.

Vuestro país se ha abierto también al mundo y vuestra intensa actividad en el exterior, potenciada por la liberalización y fortaleza de vuestra economía y por la reconocida competencia de la diplomacia mexicana, está permitiendo a México jugar un papel muy importante en la escena internacional. A ello contribuye además una presencia creciente en todos los foros multilaterales, vuestra decidida política en favor de los derechos humanos y el liderazgo mexicano en procesos de integración regional e inter-regional.

Tanto España como México han cambiado mucho en los últimos años y lo han hecho en la misma dirección de desarrollo y fortalecimiento de las instituciones democráticas, que es la premisa indispensable para la prosperidad de sus sociedades. Este paralelismo en nuestras trayectorias nos ha situado ante una nueva dimensión de entendimiento y cooperación, y nos ha permitido un mejor conocimiento recíproco y una gran confianza mutua.

En este marco deseo expresaros, Señor Presidente, nuestro profundo agradecimiento por la actitud generosa y la comprensión que México ofrece a España en el desafío brutal que el terrorismo supone a la convivencia democrática en nuestro país. Vuestra solidaridad con el pueblo español en su lucha contra el terrorismo es un fiel reflejo de la importancia que México concede a la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

La lucha contra el terrorismo requiere la cooperación de todos. Los terroristas tienen que tener la absoluta seguridad de que no van a encontrar ni el respaldo, ni el cobijo ni la comprensión de nadie. No cabe otra actitud ni en términos de eficacia ni, sobre todo, en términos morales.

Señor Presidente,

España y México alimentan una vocación integradora que hoy se manifiesta singularmente en el objetivo común de acercar Iberoamérica y Europa.

España desea una intensificación de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y Caribe. México, por su parte, ocupa una posición privilegiada entre los grandes bloques económicos del mundo por sus Acuerdos de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá y con la Unión Europea.

En este contexto, la III Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe que tendrá lugar en México en el año 2004, debe convertirse en un éxito, para lo que España ofrece todo su apoyo. Lo que pretendemos con este proceso de acercamiento, que ya recibió su impulso inicial en las Cumbres de Río de Janeiro y de Madrid, es poner en pie una auténtica relación estratégica entre ambos lados del Atlántico.

Nuestra vocación integradora se pone también de manifiesto en el papel motor de nuestros dos países en las Cumbres Iberoamericanas. No es por casualidad que la primera Cumbre tuviera lugar en vuestra bellísima Guadalajara.

En la XII Cumbre, que acabamos de celebrar en Bávaro, hemos podido comprobar la coincidencia de los miembros de nuestra Comunidad en el objetivo de vertebrar el espacio iberoamericano, sobre la base de la democracia, el Estado de Derecho y la solidaridad.

En el ámbito de la integración regional, vuestra admirable iniciativa del Plan Puebla-Panamá constituye, Señor Presidente, la apuesta más viable y consecuente para la integración de Centroamérica. Sabéis que España apoya firmemente esta iniciativa.

El idioma es nuestro gran patrimonio común, que hermana a cuatrocientos millones de hispanohablantes y es, además un activo fundamental de nuestra presencia en el mundo. Me congratula ver el Acuerdo alcanzado por el Instituto Cervantes y el Instituto de México para la promoción de nuestro idioma y la excelente cooperación que existe entre la Real Academia Española y la Academia Mexicana de la Lengua. Quiero expresar mi admiración y agradecimiento a cuantos se esfuerzan cada día por crear una cultura en español, esto es, una cultura transnacional común, de la que todos los hispanohablantes nos sentimos parte.

Señor Presidente,

España se siente firmemente comprometida con México en la construcción de un futuro de progreso, solidaridad y bienestar para nuestros pueblos. Este compromiso es compartido por nuestras empresas que demuestran día a día su confianza en la estabilidad de nuestras economías y en el futuro compartido por el que trabajamos.

Quiero agradecer la acogida que México dispensa a las empresas y a los empresarios españoles, que son una fehaciente demostración de nuestro compromiso estratégico a largo plazo con la prosperidad de México.

No quiero terminar mis palabras sin expresar, una vez más, mi admiración y mi afecto por México y por el pueblo mexicano y el profundo agradecimiento de la Reina y mío propio por la afectuosa acogida que nos dispensáis.

Permitidme que levante mi copa para brindar por vuestra ventura personal y la de vuestra distinguida esposa y por la amistad fraterna de los pueblos de México y España.

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