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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de Apertura de las Reales Academias.

Madrid, 06.10.2004

M

e llena de gran satisfacción presidir, un año más, este solemne acto inaugural del Curso Académico de las Reales Academias que integran el Instituto de España.

Una satisfacción, fiel reflejo de mi ilusión y permanente compromiso de entrega al mejor desarrollo de las Reales Academias, en ejercicio del Alto Patronazgo que la Constitución me asigna.

Hoy celebramos un acto que nos permite subrayar la exigente, rigurosa y trascendental labor del conjunto de nuestras Reales Academias.

En esta apertura del Curso, quiero dejar constancia del alto aprecio que la Corona profesa a las instituciones académicas que el Instituto de España aglutina y representa.

Es mucho lo que debemos a nuestras Reales Academias. Han sabido volcar sus mejores esfuerzos en el desarrollo intelectual, progreso científico y enriquecimiento cultural de la sociedad española, mediante la investigación, conservación, y difusión del ingente patrimonio que representan las ciencias y las artes que en ellas se cultivan.

La Comunidad Académica, aquí tan dignamente representada, constituye una realidad eficaz y fecunda que nos llena de orgullo por la calidad y diversidad de sus integrantes, la amplitud y actualidad de sus trabajos y la nobleza de sus altos fines.

Vuestra vigilante atención y capacidad creativa en los distintos ámbitos, vuestra incansable búsqueda de la excelencia, vuestra dedicación al estudio y la investigación, merecen el permanente respeto y la admiración de todos.

Hacemos extensivo nuestro afectuoso saludo a quienes comparten con vosotros los mismos afanes e ilusiones, no sólo por la investigación y el estudio, sino también por la divulgación de sus resultados: me refiero a los Académicos de Número, Correspondientes y Honorarios de las restantes Academias.

Mucho nos alegra que esta bella y armoniosa construcción neoclásica de Juan de Villanueva, sede actual de la Real Academia de la Historia, pueda albergar, por segunda vez en los últimos años, el acto que hoy nos congrega.

Por disposición del Rey Felipe V, la Academia Universal -que ya había pasado a denominarse Real Academia de la Historia- asumió el ejercicio de las tareas de Cronista General de España y Cronista de las Indias. Desde entonces contando con su Biblioteca y Archivo, uno de los más ricos de España, ha sabido alcanzar ampliamente los objetivos que se propuso.

En el cumplimiento de su tarea, la Real Academia de la Historia ejerce sus funciones con la dignidad e independencia propias de la labor intelectual. Una labor sólo comprometida con el espíritu de objetividad que caracteriza a todo trabajo académico, en su inteligente e incansable búsqueda de la verdad.

Es deber de todos, pero lo es especialmente de esta Real Academia, traer a la memoria nuestro patrimonio histórico, y contribuir a la mejor transmisión de tan valioso legado para comprender mejor todo lo que España representa.

Es importante reforzar los puentes de comunicación entre los investigadores de la historia, los docentes que la enseñan y los alumnos que la aprenden en su formación como ciudadanos.

Me complace felicitaros muy sinceramente por el ingente esfuerzo que estáis desplegando para llevar a buen término el gran Diccionario Biográfico Español.

Felicito asimismo a esta Real Academia de la Historia por haber sabido dar respuesta, mediante ciclos de conferencias, a esa demanda social que aspira a profundizar en el conocimiento de nuestro pasado.

Os animo a proseguir vuestra colaboración con las Academias iberoamericanas de la Historia, y os deseo el mayor éxito en el Noveno Congreso de las Academias que próximamente se celebrará en Madrid.

No se puede entender España sin conocer y apreciar todo su rico patrimonio histórico y cultural. En su cultivo, impulso y divulgación, las Reales Academias desempeñan un papel del máximo relieve, que la sociedad debe conocer y valorar en toda su dimensión.

La Corona ha estado muy estrechamente vinculada a las Reales Academias desde sus orígenes. De ellas siempre ha recibido una lealtad y un afecto que hoy deseo agradecer. Un reconocimiento que deseo extender a las Administraciones, fundaciones y empresas que aportan su mecenazgo y colaboración al mejor desarrollo de vuestra labor.

Sabéis que la Corona os ha otorgado siempre su pleno aliento y apoyo. Un aliento y apoyo que hoy deseo renovar, junto a la expresión de mi compromiso e identificación permanentes con los muy altos fines que todos perseguís al servicio de España.

Queda inaugurado el Curso 2004-2005 de la Real Academia de la Historia y de las Reales Academias del Instituto de España.

Muchas gracias.

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