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Brindis de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida por la presidenta de la República de Panamá

Ciudad de Panamá, 17.11.2000

S

eñora Presidenta de la República de Panamá,

Señores Jefes de Estado y de Gobierno,

Señoras y señores,

Quisiera agradecer encarecidamente a la Presidenta de la República de Panamá su cálida recepción y felicitarla por su espléndida hospitalidad bien reflejada en el magnífico marco de esta noche.

Celebro en este momento recordar la feliz coincidencia de esta X Cumbre en Panamá en este año 2000 con la recuperación de la integridad territorial de este querido país, mediante la transferencia del Canal a Panamá el 31 de diciembre pasado. Este es un motivo de orgullo y satisfacción para la Comunidad Iberoamericana en su conjunto.

La privilegiada situación geográfica de este hermoso país le ha hecho desempeñar un papel panamericano de puente entre el norte y el sur del continente, lo que justificó la convocatoria por Simón Bolívar del Congreso Anfictiónico de 1826 en Panamá. Pretendía con ello encauzar su idea de un continente hispanoamericano unido, suprimiendo las diferencias entre las nacionalidades ya que todas forman parte de unas mismas tradiciones sociales, religiosas, lingüísticas e intelectuales.

Quisiera también saludar muy especialmente a quienes acuden por primera vez a una Cumbre Iberoamericana y darles la bienvenida a este foro que constituye el mejor exponente del patrimonio y el acervo común de cultura y valores que compartimos.

El centro de atención de los debates de esta X Cumbre, la situación de los niños y adolescentes iberoamericanos, reviste particular importancia. No sólo porque su problemática incide en quienes hoy son el presente de esta Comunidad, sino porque mañana ellos serán sus líderes y los sustentadores del progreso de nuestros pueblos.

La voluntad de abrir oportunidades para los jóvenes a través de la educación, con objeto de crear un gran espacio de creatividad iberoamericano, informa ya varios de los programas iberoamericanos de cooperación.

En el umbral del nuevo milenio no podemos negar a quienes serán sus principales protagonistas la atención debida. Hemos de asumir el compromiso de amparar el respeto a sus derechos y libertades, en un espacio que les permita crecer en el cauce adecuado para su desarrollo integral.

Nuestra atención a los hoy más débiles hará más fuerte a nuestra Comunidad de Naciones si conseguimos establecer los mecanismos necesarios para desarrollar sus potencialidades abriendo un horizonte de esperanza y oportunidades de realización personal.

Los compromisos que aquí adquiriremos fortalecerán nuestras sociedades al atender a muchas de sus necesidades básicas con el respeto a las características específicas de cada uno de los sujetos de ese futuro al que antes me refería.

Hace casi quinientos años, desde estas tierras, se avistó el mayor océano de la tierra.

Hago votos porque ahora, desde esta Cumbre Iberoamericana, seamos capaces de avistar el futuro y de encontrar las mejores soluciones para que nuestros niños y nuestros adolescentes puedan desplegar todo su potencial conforme a las aspiraciones de nuestras sociedades.

Quisiera por último reiterarle, Señora Presidenta, nuestro agradecimiento por su generosa hospitalidad, e invitarles a todos a brindar conmigo por la ventura personal de Doña Mireya Moscoso y por el fortalecimiento de esta Comunidad de Naciones.

 

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