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Palabras de Su Majestad el Rey ante la Asamblea de la República Portuguesa

Lisboa, 12.09.2000

S

eñor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Agradezco de todo corazón sus amables palabras de bienvenida. Esta Asamblea, que encarna la soberanía nacional portuguesa, protagonizó, con mesura y ponderación, la transición política de Portugal, y contribuyó tanto a la consolidación de sus valores democráticos, como a su creciente bienestar y a su desarrollo dentro de la Unión Europea.

Quisiera expresar también mi emocionado agradecimiento por las elogiosas palabras que me ha dirigido Vd. y que, entiendo, tienen como destinatario a todo el pueblo español.

Es ésta nuestra tercera visita a la Asamblea de la República Portuguesa, y la segunda ocasión en que tengo el gran honor de dirigirme a su Pleno. Lo valoro como un gran privilegio, y soy consciente de que se trata de un hecho excepcional.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Hoy no podríamos comprender lo mucho que hemos avanzado sin recordar el largo y a veces difícil camino que cada uno de nuestros dos países ha recorrido.

El año pasado, Portugal celebró el cuarto de siglo transcurrido desde el 25 de abril. Las vivencias intensas y los recuerdos valiosos permanecen. Desde España seguimos con emoción todo lo que acontecía en Portugal: yo, con la Reina, en Madrid; mis padres, desde Estoril.

Cómo no recordar, al evocar aquellos días históricos, los hermosos versos de Sophia de Mello Breyner:

"Esta é a madrugada que eu esperavao día inicial inteiro e limpoonde emergimos da noite e do silêncio e livreshabitamos a substância do tempo"

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Cuando realicé mi primera visita de Estado a este querido país, en mayo de 1978, Portugal y España avanzaban de forma decidida en la construcción de sus respectivos sistemas democráticos. Portugal con cierta ventaja, pues hacía dos años que se había dotado de su nueva Constitución, mientras que España lo haría unos meses después.

Portugal y España decidieron compartir plenamente los valores democráticos de la Europa en la que aspirábamos a integrarnos, inspirados en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Años después, con motivo de mi segunda Visita de Estado, en mayo de 1989, tuve ocasión de destacar ante esta Asamblea el camino que habían iniciado Portugal y España, esta vez simultáneamente, al adherirse a las comunidades europeas.

Si a lo largo de los años setenta las voluntades de cada estado se habían concentrado en la consolidación de sus respectivos sistemas democráticos, en la década de los ochenta ambos países decidieron culminar el paso histórico de su adhesión a la Europa comunitaria, un paso que también resultaría decisivo para la profundización de las relaciones luso-españolas.

Portugal y España, con la riqueza de sus respectivas y fuertes individualidades, talladas a través de los siglos, se incorporaron al mismo e ilusionado proyecto, apoyadas en la decidida voluntad de sus parlamentos nacionales. Dos grandes y viejas naciones europeas, que comparten tantos valores comunes con el resto de los Estados Miembros, culminaban así su pleno reencuentro con la historia de nuestro Continente. La esencia y la dimensión universal de Europa jamás podrían comprenderse sin la decisiva aportación de las culturas de nuestros países.

Hoy, nuestra tercera Visita de Estado tiene lugar en un período de madurez en nuestras relaciones bilaterales, de consolidación en el mutuo entendimiento entre nuestros dos pueblos.

Estos últimos lustros, en la perspectiva de la larga historia de los dos Estados, pueden parecer un período relativamente breve. Sin embargo, han supuesto un cambio profundo de nuestros vínculos bilaterales. Avanzamos por buen camino, y nuestra realidad de hoy es ya parte de un futuro largamente añorado.

La sólida cooperación entre Portugal y España, puesta de relieve en las dieciséis Cumbres anuales bilaterales celebradas hasta ahora, se expresa, además, en un elevado grado de compenetración, no sólo en el plano bilateral, sino también en el de nuestra común pertenencia a la Unión Europea, en el de nuestra participación en la Alianza Atlántica, y en el del desarrollo de nuestra profunda vocación iberoamericana, que se refleja en las Cumbres que venimos manteniendo con esos países hermanos.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Son nuestros propios connacionales los que nos impulsan a conformar nuevas oportunidades de cooperación, en beneficio mutuo y sobre la base de lo mucho ya avanzado.

Los Gobiernos de Portugal, y España, a lo largo de estos años, han venido prestando su vigoroso impulso a esas aspiraciones, sostenidas por Sus Señorías, como representantes de la soberanía nacional.

Así lo manifiestan los acuerdos sobre enlaces terrestres, dos de los cuales ya están en servicio (Madrid-Lisboa y Lisboa-A Coruña), el proyecto de tren de alta velocidad entre nuestras capitales, objeto hoy de intenso estudio entre los dos Estados, y el incremento de los enlaces aéreos. Son éstas algunas de las muchas iniciativas de interés común que han potenciado nuestras vías de conexión, rompiendo así la secular dificultad de comunicación física.

Otro resultado tangible de esas Cumbres bilaterales ha sido la aprobación de acuerdos para desarrollar la red de gas natural, que, tras cruzar el Estrecho de Gibraltar, ya fluye por nuestros dos países. De especial trascendencia histórica ha sido también el acuerdo logrado en materia de aprovechamiento de recursos hídricos de las cuencas comunes, firmado con ocasión de la Cumbre de Albufeira de 1998.

Sirvan, pues, estos ejemplos para mostrar que nuestras relaciones bilaterales presentan una nueva dinámica, sin parangón en el pasado, y un creciente flujo de intercambios humanos, que alcanzó uno de sus momentos culminantes con motivo de la espléndida Expo de Lisboa en 1998, cuya proyección universal cautivó al cerca del millón de españoles que la visitamos.

Mucho es lo alcanzado, pero nuestras relaciones bilaterales están llamadas a seguir tendiendo nuevos puentes de entendimiento en beneficio mutuo, puentes que deben ensancharse en todo aquello que sirva al enriquecimiento de nuestras respectivas identidades nacionales. Portugal nos muestra una vía eficaz para ello, con el atractivo programa titulado "Perfil de Portugal 2000", que tendrá lugar en Madrid durante el próximo mes de octubre.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

El trabajo de las Cámaras Parlamentarias de los dos países constituye el mejor y más sólido fundamento para profundizar aún más nuestras relaciones; se trata de un trabajo que realza la labor de la diplomacia parlamentaria, en su aportación al mayor entendimiento mutuo entre nuestros pueblos.

Por ello, la labor del Grupo Parlamentario de Amistad Luso-Español constituye una excelente contribución al mejor conocimiento de los anhelos, intereses y preocupaciones de ambos pueblos y un magnífico cauce para intercambiar iniciativas o enfoques, con vistas a los nuevos desafíos a los que ambos estados habremos de hacer frente en los próximos años.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Nuestros dos Parlamentos constituyen el foro por antonomasia para la mejor comprensión de las sensibilidades y esperanzas de nuestros conciudadanos. Representan también la vanguardia de dos sistemas democráticos y pluralistas plenamente consolidados, en los que cabe la defensa pacífica de todas las ideas, pero donde no hay sitio para la violencia que atenta contra la convivencia democrática de los ciudadanos.

Me refiero a la violencia terrorista, frente a la que no deben admitirse ni fisuras ni matices. Los demócratas tenemos que estar firmemente unidos en la defensa del sistema de valores compartidos, garantía de los derechos humanos y ámbito de la privilegiada libertad y prosperidad, que con tanto esfuerzo hemos conseguido.

Como demócratas, no podemos ser tolerantes con el asesinato y el terror. Ante la violencia terrorista, estamos firmemente unidos en la defensa de la democracia y la libertad, en el marco del respeto al Estado de Derecho, que nuestras Constituciones garantizan.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Entre los muchos asuntos de Estado de interés común, el proyecto europeo ocupa un lugar preeminente. En este espacio, ambos países, respetando sus identidades nacionales, han aprendido a conocerse mejor y a trabajar juntos. Hoy, Portugal y España añaden a sus relaciones las esperanzas y objetivos propios en un gran horizonte común: la construcción europea.

Portugal desempeña un papel especialmente destacado, tanto por el alcance del compromiso europeísta que revelan sus iniciativas y propuestas, como por su eficacia a la hora de llevarlas a la práctica.

Así, deseo felicitar a Portugal en nombre de España por la labor desarrollada durante su reciente Presidencia de la Unión Europea, que hoy aspira a una nueva ampliación que nos enriquecerá a todos. Ha sido una Presidencia marcada por el objetivo de construir una Europa más justa y solidaria, que esté basada en la innovación, el conocimiento, el pleno empleo, la cohesión social, y el aumento del nivel de libertad y de seguridad de los ciudadanos, mediante una creciente labor en las áreas de justicia e interior.

En el pasado semestre, también, la Unión ha dado pasos muy significativos en el desarrollo de la Política Exterior y de Seguridad Común, con decisiones destinadas a desarrollar una capacidad propia en lo que respecta a la gestión de crisis civiles y militares, sobre una decidida vocación de paz, a favor de los pueblos que sufren la amenaza de la fuerza o el horror de la guerra.

A ello se ha sumado la especial sensibilidad de Portugal hacia el Continente Africano, que ha permitido la celebración de la primera cumbre entre la Unión Europea y Africa. Sus resultados son especialmente alentadores, por cuanto que apuntan a la construcción de una sólida relación entre los dos continentes, a la que, por vecindad y vínculos históricos, Portugal y España somos especialmente sensibles.

Señor presidente,

Portugal ha ido asumiendo nuevas e importantes responsabilidades a escala internacional, centradas en la construcción de un mundo mejor y la defensa de los valores universales presididos por la paz y la solidaridad. De ellas, destaca la participación de sus Fuerzas Armadas en misiones de paz, especialmente en la antigua Yugoslavia, donde han sabido demostrar su eficacia y generosidad ante situaciones difíciles; en ellas -junto a los de otros países- encuentran a sus compañeros de armas españoles.

Pero desearía hacer hincapié en uno de los grandes éxitos de Portugal: saludamos con emoción la culminación del proceso descolonizador de Timor Oriental. Después de veinticinco años, Portugal ha superado con éxito una travesía llena de dificultades, y ha demostrado las virtudes y la eficacia de su política exterior, ejecutada por una antigua y sólida diplomacia y apoyada por el consenso de las fuerzas políticas de esta Cámara.

En esta faceta de presencia exterior, no quisiera olvidar aquí la devolución de Macao a China, que Portugal ha sabido llevar a cabo con delicadeza, corrección y dignidad, evidentes para todos.

Señor Presidente,

Señoras y Señores Diputados:

Al concluir mi intervención, permítanme que les exprese mis mejores votos por el buen éxito de sus tareas parlamentarias, al tiempo que, en esta hora de maduro entendimiento entre nuestras naciones, les ruegue que transmitan el saludo del pueblo de España al pueblo de Portugal, que sus señorías encarnan plenamente en la rica pluralidad de las orientaciones políticas representadas en esta Asamblea.

Quisiera terminar con la expresiva síntesis que incluyen aquellas palabras de Eduardo Lourenço, cuando afirmó:

"O futuro de Portugal foi desde cedoo "lá fora", a distância, nossa ou alheia.Foi a India, o Brasil, a Africa,recentemente e a vários títulos, a Europa.Fomos juntos futuro e por tê-lo sido continuamos sendo-o".

Ante este futuro, Señor Presidente, Señoras y Señores Diputados, Sus Señorías pueden contar con la seguridad de que España está hoy y estará siempre con esta gran nación europea, vecina, aliada y amiga que es Portugal.

Muchas gracias.

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