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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicada al Voluntariado

EE.UU.(Nueva York), 05.12.2001

S

eñor Presidente:

Para mí es un honor intervenir en esta Sesión Plenaria de la Asamblea General dedicada al Voluntariado, que me permite reiterar ante tan distinguido auditorio el firme compromiso de la sociedad española, de su Gobierno y el mío propio con esta noble tarea y los principios de libertad y justicia, solidaridad, altruismo y participación, que la informan y justifican.

Desde hace tiempo me siento personalmente vinculado al movimiento voluntario y sus objetivos. Por ello, agradezco la oportunidad que se me ha brindado de reforzar ese vínculo con el estímulo que ha supuesto colaborar con las Naciones Unidas en la difusión de los objetivos perseguidos durante el Año Internacional del Voluntariado. Su vigencia en el tiempo constituye un nuevo reto que debemos acometer como muestra de nuestro compromiso cívico.

Con esta sesión que hoy celebramos se clausura un Año dedicado a un movimiento que contribuye a integrar personas, a cohesionar sociedades y es un instrumento clave en la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, convirtiéndolos en protagonistas del desarrollo económico e interlocutores imprescindibles de los poderes públicos para el diseño de las políticas sociales.

Su dimensión internacional es una de las consecuencias más positivas de la globalización, un proceso que ha ampliado nuestro horizonte colectivo hasta un punto en que ya no puede controlarse mediante sistemas ideológicos o programas políticos cerrados, sino que debe concertar las convicciones y responsabilidades colectivas para construir un espacio común de libertad y creatividad.

Este contexto es el que explica la importancia evidente del movimiento voluntario. De ahí lo acertado de la decisión de las Naciones Unidas de declarar este Año Internacional del Voluntariado. Porque a reserva del balance que se habrá de acometer en el futuro, estos doce meses ofrecen un resultado positivo y esperanzador pues no cabe duda de que el año 2001 ha contribuido a fomentar la acción voluntaria, tanto en los ámbitos nacionales como en el internacional, a reforzar el movimiento voluntario y a reconocer la labor de millones de personas que, de forma desinteresada, dedican una parte de su vida a ayudar a los más desfavorecidos.

Participar ya es, sin duda, mucho. Pero, como señaló el Secretario General, Kofi Annan, en la presentación del "Informe del Milenio" a la Asamblea General: "Estamos al servicio de las gentes del mundo y debemos escucharlas. Nos están diciendo que nuestros anteriores logros no son suficientes. Nos están diciendo que debemos hacer más, y hacerlo mejor".

Miremos, pues, hacia el futuro. El Año Internacional del Voluntariado supone, como hemos oído en numerosas ocasiones, un impulso de la tarea voluntaria, más allá del límite temporal de su celebración. Y aún cuando no quepa hablar de un modelo aplicable a todas las naciones, el porvenir del voluntariado se materializa profundizando en diversas direcciones.

En primer lugar, las organizaciones deben acometer una tarea previa de carácter interno y, en concreto, programar prioridades, evitar duplicidades, promover una formación específica y de calidad para sus miembros, incorporando las nuevas tecnologías a su gestión, optimizando y haciendo productiva cada ayuda que se recibe, y abriendo camino a su incremento en el futuro.

Constituye otra tarea prioritaria sensibilizar a la sociedad acerca del valor, oportunidades y necesidades del voluntariado, teniendo en cuenta los grupos de edad y los intereses de los ciudadanos. Esto significa mejorar la relación del movimiento voluntario con los medios de comunicación, y la calidad de su contenido, mediante una información clara, precisa, atractiva así como también positiva.

Es importante, también, comprometer el apoyo del sector público, el sector privado, incluso el no lucrativo, en la modernización del trabajo voluntario y en su dotación. En este sentido es imprescindible una adecuada coordinación entre las Administraciones públicas y las asociaciones de voluntarios, prestando atención a su implicación en estructuras y redes nacionales e internacionales de cooperación.

Además de estos aspectos que acabo de enunciar, creo que todos debemos dedicar nuestros mejores esfuerzos a animar a los jóvenes para que se asocien al movimiento voluntario de forma estable. Si conseguimos incorporar a la juventud, incluso desde la escuela, a los principios y valores que lo inspiran, habremos creado una gran esperanza para el futuro de nuestras sociedades.

Ahora bien, no sólo los jóvenes nutren hoy el voluntariado. También los mayores están trabajando como voluntarios en programas adecuados a su edad y condiciones. Creo, por ello, que se debe fomentar el diálogo entre ambos grupos, lo que permitirá un mayor entendimiento y un acercamiento mutuamente beneficioso. De esa manera, habremos conseguido un mayor grado de cohesión en nuestras sociedades, enriqueciéndolas con la energía y optimismo que aportan los primeros y los conocimientos y experiencias de los segundos.

Creo que también es importante subrayar el relevante papel que los voluntarios pueden desempeñar en su trabajo ayudando a integrar a personas de diferentes culturas, que, con pleno respeto a cada identidad y creencias propias, posibilite unos valores comunes y compartidos. En ese sentido, hemos de esforzarnos especialmente en conseguir que la cultura de la solidaridad intergeneracional e intercultural se integre plenamente en la idiosincrasia de los pueblos, convirtiendo al voluntariado en un puente entre personas, territorios, sociedades e ideas.

No quiero terminar estas palabras sin referirme a España. Siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas, mi país procedió a la creación del Comité Nacional desde el que hemos procurado abordar los grandes retos en esta materia, y en especial la sensibilización de los empresarios hacia el voluntariado, el voluntariado universitario, la proyección iberoamericana de este movimiento y el manejo de las nuevas tecnologías. Asimismo, el año 2001 ha sido testigo del nacimiento del II Plan del Voluntariado para el período 2001 a 2004. Finalmente, constituye una gran satisfacción subrayar que España ha incrementado de forma espectacular su número de voluntarios en los últimos tiempos. De 290.000 voluntarios en 1992 ha pasado a superar el millón en el año 2000, lo cual constituye una buena muestra del arraigo de este movimiento en España y del sentido de solidaridad de los españoles.

El voluntariado se enfrenta a un panorama complejo, de interrogantes y promesas. Ojalá que, con el concurso de todos, siga siendo capaz de ofrecer estructuras eficientes y respuestas globalizadas a las injusticias y contradicciones de nuestro tiempo, que tanto lo necesita. Estoy convencido de que los voluntarios conseguirán que la ética de la solidaridad no continúe como un eco en el silencio y que sea sustento del respeto a la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana.

Muchas gracias.

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