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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Entrega de los Premios Europeos de Medio Ambiente

Madrid, 20.05.2002

N

uevamente tengo el enorme gusto de reunirme con todos ustedes para celebrar una nueva entrega de los Premios Europeos de Medio Ambiente en su Sección Española. Ello me da la oportunidad, siquiera brevemente, de reflexionar sobre el sentido e importancia de este acto y de los premios que entregamos.

Recordemos que han pasado diez años desde que, en 1992, Gobiernos, sector privado y sociedad civil suscribieron en Río de Janeiro la necesidad de un cambio de rumbo hacia un modelo de crecimiento que no hipotecase nuestros recursos, y con ellos la pervivencia de nuestras sociedades.

Del camino recorrido, de sus avances y retrocesos, obstáculos y oportunidades, se hará balance el próximo mes de septiembre en Johannesburgo, donde se volverá a abordar a escala mundial el problema fundamental del desarrollo sostenible. Al margen de los problemas que seguimos arrastrando y de la enorme tarea que queda por hacer, vemos con satisfacción cómo no solo los ciudadanos manifiestan una creciente preocupación por la degradación del entorno y una mayor voluntad de colaboración en su protección, sino que la protección del medio ambiente ha pasado a formar parte también de las agendas de los gobiernos, las empresas y las organizaciones sociales.

No cabe duda que el papel de la empresa en este ámbito es hoy determinante, por su enorme capacidad transformadora y creadora de riqueza. En los últimos treinta años muchas empresas han incorporado la variable ambiental en su gestión estratégica, y cada vez son menos las que perciben el medio ambiente como una amenaza o freno para el avance de su cuenta de resultados. Por el contrario, el mundo de los negocios observa y comienza a aprovechar los beneficios de una gestión ambiental responsable, identificando el medio ambiente como un valor añadido y una ventaja competitiva que responde a las demandas de la sociedad a la que sirven.

A los importantes avances que supone la adopción de criterios ecoeficientes por parte de las empresas, que reducen el consumo de recursos, residuos y contaminación, se une en nuestros días el valor de la innovación. Gracias a ella la economía mundial va a depender más del progreso de la tecnología que de la explotación de la naturaleza, y será posible obtener un tipo de beneficios que reflejen mas de cerca las preocupaciones y los valores de nuestro mundo.

El sector privado está así generando una nueva cultura de responsabilidad ambiental, y en definitiva social, que redundará en un mejor gobierno de las corporaciones, en un mayor diálogo con todas las partes interesadas, en soluciones más creativas y adaptadas a un mercado global en continuo desarrollo.

Este esfuerzo nos atañe a todos. El marco internacional, las políticas nacionales y las iniciativas regionales y locales deben concertarse en una dinámica colectiva que supere los límites de las fronteras geográficas, económicas y sociales.

A este respecto, es fundamental invertir más en educación, para que tanto empresas como consumidores comprendan que sus decisiones tienen consecuencias importantes para el medio ambiente; que sus actos, por pequeños, rutinarios o cotidianos que parezcan tienen un impacto importante sobre el entorno y su variación o modificación, motivada por una mayor ecosensibilidad, puede tener efectos muy beneficios si se valoran en conjunto. Debemos revisar la escala de valores según la cual se evalúa la importancia de las cuestiones ambientales, y ser firmes en la exigencia de aplicación de los convenios y acuerdos internacionales. Debemos también promover e incentivar las iniciativas y acuerdos voluntarios y facilitar las herramientas para su aplicación. La historia reciente nos permite valorar los riesgos de no pasar a la acción en este sentido.

Hoy tenemos aquí ejemplos concretos de éxito en un área enormemente sensible. Las más de setenta y cinco empresas españolas que han buscado en estos Premios el reconocimiento a su trabajo pueden estar satisfechas. El nivel de los proyectos presentados demuestra un importante avance y una clara determinación de hacer compatible el desarrollo económico con la preservación de medio ambiente.

Felicito especialmente a aquellas empresas cuyos proyectos han conseguido un reconocimiento especial por los miembros del jurado de la Sección Española de los Premios. A las nominadas y a las que finalmente han resultado ganadoras, les expreso mi más sincera enhorabuena. La distinción que hoy reciben es la justa compensación a sus esfuerzos en una andadura no exenta de dificultades, y al acierto en las decisiones que jalonan su trayectoria.

Finalmente, quiero destacar también la labor realizada por la Fundación Entorno en su misión de servir de ayuda a las empresas que quieren iniciar y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles, y el apoyo que el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Ministerio de Medio Ambiente y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales continúan prestando para hacer posibles estos Premios y hacer posibles los principios y objetivos que los sustentan y motivan.

A todos animo a continuar en esta tarea, con la convicción de que el verdadero desarrollo y bienestar es el que asegura su pervivencia en el futuro, procurando que el mundo que vivimos e inevitablemente transformamos sea, tras nuestro paso, más humano y solidario; donde los humanos vivamos crecientemente en armonía con el medio natural que nos rodea y sustenta.

Muchas gracias.

 

 

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