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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la presentación del "Diccionario Esencial de la Lengua Española"

Madrid(Real Academia Española), 13.11.2006

L

a Real Academia Española nos convoca esta tarde para celebrar un nuevo hito en su largo y exitoso caminar. Y queremos que ello constituya un renovado homenaje al dinamismo que están imprimiendo a su extraordinaria labor, esta Real Academia y las Academias de América y Filipinas, en favor del uso y divulgación de la Lengua Española. Bien pueden comprender, por la misma naturaleza del trabajo que aquí se presenta y por el patronazgo real que ostenta esta Academia, mi satisfacción y alegría al acompañaros, compartida con la Princesa, en la presentación oficial del nuevo Diccionario Esencial de la Lengua Española.En efecto, como nos ha recordado su Director, en los últimos años hemos tenido la oportunidad de seguir de cerca el ingente trabajo de esta Casa y de sus Academias hermanas de América y Filipinas, y hemos gozado de la satisfacción de acompañarlas en la hora de la recolección de los frutos de su valiosa tarea: la Ortografía, la Edición Popular del Quijote, el Diccionario Panhispánico de Dudas, el Diccionario del Estudiante, y ahora, este Diccionario Esencial que presentamos.Aunque vuestras tareas abarcan todos los ámbitos de la lengua, hablar de la Real Academia es, sobre todo, hablar del Diccionario. En este sentido, no resulta casual que el Diccionario haya sido, históricamente, el objetivo primero y la primera empresa lingüística académica.Gabriel García Márquez ha contado cómo su abuelo, el coronel, le mostró un día en su casa de Aracateca, siendo él muy niño, un voluminoso diccionario que en su cubierta tenía estampada la figura del mítico Atlas, sobre cuyos hombros se asentaba la bóveda del universo: «Esto quiere decir andndash;le dijo el abuelo- que los diccionarios tienen que sostener el mundo».En efecto, eso que llamamos mundo y, en particular, la historia y la vida de los hombres, está hecho, está tejido de palabras que se van depositando a lo largo de los tiempos en el diccionario. Allí conviven todas entremezcladas, cada una con su marca.Basta repasar la Tabla de abreviaturas de este nuevo volumen para comprender que el Diccionario contiene el mundo: la naturaleza entera: fauna, flora y reino mineral; y junto a ella, la realidad creada por la palabra: las ciencias y las artes, la técnica y los oficios, el pensamiento y sus conceptos, los hechos sociales...Pero el abuelo de García Márquez confiaba al diccionario la misión de sostener, como un Atlas, ese universo, lo que nos abre otra perspectiva de consideración. Muchas de las palabras que un día circulaban de boca en boca, llevan hoy en el Diccionario la marca de «desusadas».Pueden volver, como advirtió Horacio, al comparar al diccionario con un árbol de hojas caducas que se renueva de continuo: volverán esas palabras o acepciones desusadas, si así lo quiere el uso de los hablantes, que son quienes, en definitiva, hacen de continuo la lengua y marcan sus derroteros.Pero, aún cuando no hayan vuelto en un determinado momento, esas palabras conservan en el Diccionario un valor de vida, como instrumentos de la historia: artes y oficios hoy desaparecidos, o radicalmente transmutados, modos de trabajo o costumbres sociales de otra época, que aparecen vivos ante nuestros ojos gracias al Diccionario.El Diccionario viene a ser así un espacio de encuentro con nuestra historia y con toda la extensión de gentes que han hablado y hablan español. El pan de nuestras palabras es un pan mestizo, precioso alimento familiar de diálogo de España y de Naciones hispanohablantes.Entre las tareas que, estrechamente unida a las Academias de América y Filipinas, está desarrollando la Real Academia Española, la más importante, sin duda, es la que ellas mismas denominan «política lingüística panhispánica», que se concreta en la coautoría de todas sus publicaciones oficiales, para contemplar en cada una de las distintas obras andndash; Diccionario, Gramática, Ortografía - el español total, en su sólida unidad y en su riquísima variedad.Este Diccionario Esencial de la Lengua Española que hoy se presenta lo refleja de manera viva. La globalización social y los fenómenos a ella asociados andndash;universalidad instantánea de las comunicaciones, viajes y migraciones - están potenciando el intercambio de palabras y modos de expresión de los hispanohablantes, lo que, al tiempo que abre las puertas a un mejor conocimiento mutuo, ensancha la base común del léxico hispano.El hecho de que este nuevo Diccionario esencial sea obra de las veintidós Academias constituye, ya por sí mismo, un servicio a la consolidación de los vínculos familiares de la Comunidad Iberoamericana y demuestra, al mismo tiempo, la solidez y anchura de sus fundamentos.La lengua, lo hemos escuchado ya, la hacen quienes la hablan y la escriben. La Academia nos advierte de continuo que su función es registral o notarial: dar fe de lo que los hablantes van consolidando en el uso.Una tradición de casi tres siglos ha confiado, además, a la Academia la responsabilidad de fijar la norma de la corrección. No se trata andndash;lo sabemos- de un ejercicio de autoridad convencional, arbitraria: la norma viene a consagrar lo que, siendo acorde con el sistema de la lengua, se ha hecho normal. Sin prisa y sin pausa, la corporación académica, que en su propia composición representa una rica variedad de sensibilidades, apoyándose en un estudio riguroso, va dando carta de naturaleza a los vocablos, atendiendo a la continua evolución que como entes vivos experimentan. El Diccionario conjuga de ese modo la doble función de espejo y de guía.Señoras y señores:Este nuevo Diccionario esencial merece toda nuestra admiración y la mayor felicitación. Recoge parte del trabajo lexicográfico que las veintidós Academias han hecho en los últimos cinco años e incorpora la tarea específicamente normativa del Diccionario panhispánico de dudas publicado hace un año. Como acabamos de oír, su calificativo de «esencial» no apunta a un diccionario de urgencia sino a una obra que selecciona lo más importante, por más vivo, del diccionario mayor y lo completa con apéndices actualizados.Por todo ello, también merece la Real Academia Española nuestro agradecimiento: por el trabajo bien hecho, atento siempre a la voz del pueblo, mesurado y riguroso en el refuerzo de la unidad y gozoso en el reconocimiento de la variedad.Gracias por poner en nuestras manos un instrumento andndash;el patrimonio vivo del léxico español- forjado a lo largo de los siglos para ensanchar nuestra capacidad de expresión que alimenta nuestra libertad y convivencia.Un instrumento que, con el idioma que refleja con tanta precisión y autoridad, nos permite reconocer en los cientos de millones de personas que usamos esta lengua ancha y universal, a los miembros de una Comunidad lingüística de vasta y diversa cultura, de enorme creatividad y de creciente proyección universal.Muchas gracias.

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