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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de la República Federal de Alemania Karl Carstens y al pueblo alemán

Madrid, 28.09.1981

C

on una satisfacción muy particular acogemos hoy en España al Presidente de la República Federal Alemana, señor Carstens.

Hay muchas razones históricas de todo tipo que unen a nuestras dos naciones y también muchas razones actuales que aseguran lazos e intereses comunes en el futuro y que proporcionan un especial realce a vuestra visita a España.

Es difícil encontrar dos naciones europeas que ofrezcan tantas raíces comunes de amistad, comprensión y cooperación como España y Alemania han tenido y estrechado a lo largo de su historia. Aunque no son naciones vecinas, tienen una contigüidad cultural e histórica que supera en muchos casos la intensidad de una mera proximidad geográfica.

El interés que la nación alemana ha tenido siempre por España y su cultura ha quedado plasmado de forma práctica en los estudios profundos de nuestra literatura y de nuestras artes, en las investigaciones arqueológicas generosamente emprendidas y en las aportaciones a nuestra historiografía con las que Alemania ha contribuido de manera constante y a veces de forma reveladora al conocimiento más profundo de nuestro país.

A su vez, el interés de España por Alemania ha sido fundamental en la formación de nuestra nación en los últimos siglos. La cultura alemana, en todos sus campos, ha tenido una influencia decisiva en la paulatina integración española dentro de las corrientes culturales europeas de los dos últimos siglos. No puede olvidarse la importancia que han tenido las aportaciones alemanas en el desarrollo moderno de nuestra filosofía, nuestra legislación y nuestros estudios científicos.

El mutuo interés de nuestras dos naciones se sigue manifestando sin interrupción en nuestros días.

Importantes acuerdos de cooperación científica y técnica unen a nuestras comunidades científicas en un fructífero trabajo cotidiano.

Nuestro convenio cultural, aunque modesto y susceptible de un mayor crecimiento, no ha dejado de fomentar desde 1954 los intercambios y las asociaciones dedicadas al mejor conocimiento de todos los campos de la cultura y de las artes.

Millones de turistas alemanes viajan cada año a España y encuentran aquí la misma acogida cordial y humana que han encontrado los trabajadores españoles emigrantes a Alemania.Sin embargo, hay una corriente más profunda aún que los lazos históricos y culturales a los que he aludido: es la afinidad de nuestras dos naciones en su desarrollo político. En nuestros dos países, la gran tradición ilustrada del siglo xviii no se combinó fácilmente con el movimiento romántico del XIX en su expresión política y constitucional.

En ese apasionante hervor de ideas y sentimientos políticos encontrados que fue toda la historia del pasado siglo, existe una mutua interacción entre los pensadores de nuestras dos naciones que produjo resultados políticos y culturales de la mayor importancia y que no es lo conocido que debiera ser.

Como ha demostrado la historiografía alemana, la Constitución española de 1812 tuvo una importancia esencial en los primeros momentos del liberalismo alemán y fue alabada y comentada por hombres como Gervinus y Federico List.

Esas mismas ideas presentes en la Constitución de 1812, e implícitas en las raíces del pensamiento europeo, volvieron a nosotros enriquecidas, y ayudaron a conformar ese clima de comunicación hispano-alemán en el que beberían hombres como Ortega y Gasset, que contribuiría de manera efectiva a la concepción que nuestros mejores políticos se hacen de la libertad y de la justicia.

En nuestra época, tanto el pueblo español como el alemán han sufrido trágicas y traumáticas experiencias. Tras ellas, esa gran tradición política ha renacido en Alemania de las cenizas de una dura guerra. La estabilidad democrática y el progreso social que ha alcanzado la Alemania de nuestros días es uno de los pilares fundamentales de la Europa democrática y fuente de inspiración para cuantos defienden sus valores de libertad política y equidad social.

En el momento en que España comienza a incorporarse a Europa, después de un alejamiento impuesto por diversas circunstancias históricas, nos encontramos ante todo con una Europa dolorosamente dividida. Una división que pasa precisamente por vuestro país y que altera de manera profunda no sólo la unidad de la gran nación alemana, sino la unidad de toda Europa de una manera que contradice su tradición y su destino.

Vuestro país ha adoptado brillantes iniciativas y propugna una política llena de ilusiones, pero también plenamente consciente de la realidad, para superar esa división y fomentar la unión a la que están destinados todos los pueblos de nuestra gran Europa.

Pero también en la Europa democrática encuentra España, en el momento en que se suma a ella, que nuestros gobiernos se enfrentan con problemas de toda índole, principalmente económicos, para mantener las ilusiones e ideales de una gran unión de todas las naciones europeas, que con tanto ardor acometimos al final de la guerra.

En este campo vuestro país se esfuerza por presentar iniciativas que permitan un nuevo lanzamiento de la idea de una Europa unida. En un momento en el que el mundo entero está sufriendo, no sin graves tensiones, una radical transformación de su estructura social, económica y política, es imprescindible que, como lo han proclamado ya muchos de vuestros dirigentes, Europa supere sus divisiones internas y eleve la vista hacia horizontes más altos. Unos horizontes elevados para conseguir que nuestro Continente pueda continuar contribuyendo con los ricos ideales de humanismo y libertad, que han caracterizado su pasado, a la construcción del futuro del mundo entero. De lo contrario, Europa estaría condenada a una pérdida irreparable de sus esencias y a una reducción irreversible de su influencia cultural y política.

Pocos países europeos se han dado cuenta, como Alemania, de la significación histórica que para Europa y para España tiene nuestra plena incorporación en el contexto europeo. Todos recordamos con calurosa gratitud el interés y el apoyo que la República Federal de Alemania ha prestado siempre al desarrollo democrático de nuestro país en los momentos difíciles de su reanudación y la simpatía con que ha seguido los pasos dados por España para incorporarse al occidente democrático.

España es una nación de emociones profundas y la actuación de vuestro país en favor del nuestro en estas circunstancias es algo que no olvidará con facilidad.

Vuestra visita, señor Presidente, nos da ahora una ocasión que deseábamos hace mucho tiempo para expresaros nuestro reconocimiento y nuestra seguridad de que nuestras relaciones continuarán estrechándose y creciendo aún más en el futuro.

Quiero, pues, brindar ahora por esta esperanza y este propósito, por el futuro de la gran nación alemana, así como por Vuestra salud personal, la de la señora Carstens, y la de todos vuestros colaboradores.

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