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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Guinea Conakry Ahmed Sekou Toure y al pueblo guineano

Madrid, 25.05.1982

S

eñor Presidente, vuestra presencia hoy en España, acompañado de vuestra ilustre esposa, es motivo de profunda y sincera alegría para la Reina y para mí, pues supone para nosotros y para el pueblo español, la oportunidad de corresponder a la generosa hospitalidad y a la cálida acogida con que fuimos honrados en vuestro país, hace ahora tres años.

Al mismo tiempo, nos evoca la imagen y las impresiones de unos días inolvidables.

Siguen vivos en nuestro recuerdo los actos patrióticos en el estadio 28 de septiembre, así como las muestras continuas de amistad y simpatía que recibimos del pueblo guineano.

Nuestro viaje a la República Popular y Revolucionaria de Guinea tuvo lugar en el curso del primer desplazamiento de un jefe de Estado español a esas tierras fecundas que constituyen el Africa al sur del Sahara.

Quiso España, así, con este viaje, dar testimonio inequívoco de su especial sensibilidad hacia las realidades y los sentimientos de las naciones africanas, tan próximas a nosotros.

En el contexto de nuestro acercamiento a los países africanos, vuestra nación, señor Presidente, aparece como un ejemplo de afirmación de la propia personalidad y de la conciencia nacional, entendidas como asimilación de los valores positivos del pasado histórico para incorporar a ellos todas las energías populares y conseguir la construcción de una sociedad moderna, justa y avanzada.

Permitidme a este respecto, recordar ahora las palabras que escribisteis, señor Presidente, en vuestra obra L'Afrique en marche: «Nous sommes un avenir en construction et les artisans conscients d'un destin meilleur pour une humanité solidarie dans ses oeuvres de paix, de progres et de justice».

(Versión castellana.

Somos un futuro en construcción y los artesanos conscientes de un destino mejor para una humanidad solidaria en sus obras de paz, de progreso y de justicia.)

A riesgo de herir vuestra modestia, quiero dejar constancia aquí de lo que significáis, señor Presidente, para vuestra nación y para el continente africano en general.

Pocas veces, en efecto, se encuentran ejemplos tan evidentes de identificación de un pueblo con su líder, una identificación que acaba de ser refrendada en las urnas.

La historia de Africa os debe también vuestra contribución a la unidad africana. Hoy precisamente se cumple el XIX aniversario de aquel 25 de mayo de 1963, en que, como fundador de la OUA, estampasteis vuestra firma en la carta de Addis Abeba.

En este día de su aniversario, permitidme, señor Presidente, que formulemos nuestros mejores votos por la consolidación de la unidad africana, que nos parece indispensable para la estabilidad del continente africano.

Quiero aseguraros, señor Presidente, la disposición de España de estimular en todo lo posible la relación con la OUA. Tenemos confianza en que su vecindad geográfica al continente y su ejemplar trayectoria histórica constituyen factores positivos para el fortalecimiento de la mejor cooperación hispano-africana, en el mutuo respeto de nuestras opciones y realidades políticas y sociales.

Señor Presidente, desde nuestras conversaciones de Belle-Vue, no podemoso llegar a la conclusión de que la evolución del panorama internacional haya sido positiva.

En el continente africano persisten peligrosos focos de tensión.

No acaba de perfilarse el proceso que conduzca a la independencia total y auténtica del pueblo de Namibia, continúa la discriminación racial.Tal panorama dificulta la solución de graves problemas de fondo que aquejan al continente africano, compromete los ímprobos esfuerzos de vuestros dirigentes y pone en serio peligro el resultado de acciones colectivas coordinadas.

Las consecuencias de tal situación recaen sobre unas poblaciones demasiado castigadas, que pasan a engrosar la ya terrible cifra de cinco millones de refugiados del continente, objeto de lógica y justa preocupación de una conferencia especial de las Naciones Unidas, en la que España comprometió su solidaria contribución.

No sería correcto, sin embargo, ignorar que, en estos últimos años, la actualidad africana ha presentado también elementos positivos.

Recordaré, entre otros, el acceso a su verdadera independencia de la República de Zimbabue, así como el establecimiento de Guinea Ecuatorial de un nuevo régimen de reconstrucción nacional, al que, como sabéis, presta España apoyo y ayuda incondicional, por razones de lealtad a un pasado común y amistad fraternal con su pueblo y debe también citarse el positivo desarrollo de la cooperación regional en el Africa del oeste.

En un mundo que ofrece un aspecto inquietante y convulso, rodeado por un auténtico cinturón de conflictos que pasan por el Oriente Medio, la región del golfo, el sudeste asiático e incluso por nuevas e impensadas áreas geográficas, España, señor Presidente, como nación de larga historia y proyección universal, materializa su presencia y su acción internacional en base a una serie de principios profundamente arraigados en la concepción que del hombre y de la sociedad tiene el pueblo español.

Mi país abriga la firme convicción de que la libertad, la igualdad y la interdependencia de los Estados son las premisas básicas de las relaciones internacionales de nuestro tiempo.

España hace suyas, consecuentemente, cuantas iniciativas y proyectos se encaminen en todos los ámbitos a propiciar el diálogo, afirmar la igualdad soberana de los Estados, fortalecer la confianza internacional, intensificar la cooperación entre distintos sistemas económico-sociales, promover la libertad de los pueblos y, en fin, construir entre todas las naciones de la tierra un porvenir más próspero y más justo para la humanidad.

Sobre estos principios básicos, España, por razones evidentes de carácter histórico y cultural, como nación parte de la Europa occidental, dirige prioritariamente la orientación de su política exterior hacia la integración en las instituciones propias de ese ámbito al que naturalmente pertenece.

Sin embargo, y como sabéis bien, señor Presidente, la presencia y la acción internacional de España no pueden entenderse sin otros componentes que son también constitutivos de nuestra personalidad histórica.

Tiene mi país una esencial dimensión americana determinante en su pasado, en su presente y para su futuro, así como una conexión histórica y cultural con el mundo mediterráneo y árabe y una proyección geográfica hacia el continente africano que enriquecen y dan pleno sentido a nuestra ubicación diplomática en el mundo de hoy.

Por lo que se refiere al continente africano, el Gobierno español apoya activamente las justas causas africanas.

Así, la libertad total del continente con la independencia de Namibia y la lucha contra el apartheid -que rechaza el pueblo español desde lo más profundo de sus sentimientos como un insulto a la dignidad del hombre- reciben y seguirán recibiendo la ayuda incondicional de mi gobierno.Compartimos, pues, señor Presidente, ideales de progreso y justicia.

Nos encontramos próximos en la geografía y los contactos personales intensifican nuestro conocimiento recíproco.

Todo nos invita, por tanto, a relanzar con decisión y optimismo el conjunto de unas relaciones que tienen ya la sólida base de nuestra amistad personal, nuestra fe en el futuro de nuestros respectivos países y la confianza en nuestros pueblos.

Permitidme, señor Presidente, que levante ahora mi copa e invite a todos los presentes a brindar conmigo por la felicidad personal del Presidente Ahmed Sekou Touré y de su ilustre esposa y de las personalidades que le acompañan, así como por el bienestar y prosperidad del pueblo amigo de Guinea.

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