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Palabras de Su Majestad el Rey al Patronato del Instituto Cervantes

Segovia(La Granja de San Ildefonso), 13.10.1994

C

omo el año pasado en el Real Sitio de Aranjuez, y el anterior en los Reales Alcázares de Sevilla, se reúne hoy el Patronato del Instituto Cervantes en este hermoso Palacio de La Granja. Continúa así una fecunda tradición que nos permite renovar nuestros esfuerzos en favor de nuestra lengua y de nuestra cultura.

Sean mis primeras palabras de cordial saludo para los ilustres Patronos, ya que su labor y la de las instituciones que representan simbolizan la vitalidad del arte, de las letras y de la cultura de la comunidad hispanohablante.

Hemos celebrado este año de 1994 el V Centenario del Tratado de Tordesillas, ejemplo magnífico de acuerdo entre España y Portugal, basado en la razón y en el saber científico. Muy pronto, nuestros navegantes llevaron a tierras lejanas en las que resonaron, graves y claros, los ecos de nuestra lengua española. Cinco siglos después, en esas tierras se consagra su prestigio actual, que nos obliga a conservar con amor su tradición, en unos casos, o a enseñarlo como segunda lengua en otros.

Debemos sentirnos orgullosos de la evolución y expansión del español y, a la vez, asumir con responsabilidad el reto de una demanda cada vez más creciente de su enseñanza. Si la tradición nos impone que velemos con exquisito cuidado por nuestra lengua desde la enseñanza en la escuela primaria, su actual dimensión internacional nos obliga a contribuir a su difusión con los nuevos avances didácticos y tecnológicos.

El Instituto Cervantes es la institución creada por España para cumplir la honrosa misión de ampliar el horizonte de nuestra lengua y de nuestra cultura; es una institución todavía muy joven, y de las cualidades que caracterizan a la juventud ha de elegir el ímpetu necesario para lograr una difusión armónica en las diferentes zonas, ha de mostrar su generosidad contribuyendo con su cooperación a la ilusionada tarea de los hispanistas, y ha de extender con juvenil liberalidad una imagen de nuestra cultura que corresponda fielmente a la riqueza y variedad de los países hispanohablantes.

Soy consciente de que el camino que resta supone un trabajo considerable no exento de dificultades; en este camino, la ayuda y los consejos de este Patronato son y serán inestimables. Podéis estar seguros de que en vuestra labor la Reina y yo estaremos siempre a vuestro lado.

«Trabajaremos por nuestra lengua -escribía Dámaso Alonso- con un sentimiento de veneración y respeto como el que suele existir alrededor de un niño al que le espera un gran destino. El destino de nuestra lengua es el de ser vínculo de hermandad, de paz y de cultura entre los cientos y cientos de millones de seres que, en proporción siempre creciente, la han de hablar en el siglo veintiuno y en los siglos y siglos de un larguísimo porvenir».

Os convoco a seguir trabajando con toda vuestra alegría e ilusión en esa tarea de futuro.Se levanta la sesión.

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