Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades y Agenda
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey al Centro de Investigación Nuclear en el XXX Aniversario de su fundación

Suiza(Ginebra), 21.09.1984

S

eñor Presidente, señoras y señores, agradezco profundamente al señor Presidente del Consejo y al señor Director General del CERN, la gentileza de invitarme a participar en esta ceremonia conmemorativa de la fundación, hace treinta años, de la Organización Europea para la Investigación Nuclear. Ello me da oportunidad de expresar, ante las ilustres autoridades suizas y las distinguidas personalidades de todos los países aquí representados, mi satisfacción por asistir a este acto solemne en que se conmemora un acontecimiento europeo de primera magnitud. Treinta años de trabajo, durante los cuales un grupo de países europeos ha permanecido, en plena libertad y leal colaboración, unido en la tarea común de abrir nuevos caminos al conocimiento científico, constituyen, en efecto, un acontecimiento al que España se asocia de todo corazón.

Me complace especialmente mostrar esta satisfacción y gratitud en Ginebra, la ciudad en que vieron la luz primera o encontrado hospitalidad tantos genios europeos, y, por tanto, en Suiza, país amigo, tierra de libertad y de paz, que, como se ha dicho acertadamente, ha sabido volcarse en su historia a la gran aventura del pensamiento, de la cultura y de la investigación.

España, después de ocho años de presencia y colaboración en el CERN, debió retirarse de la Organización en el año 1968 por causas materiales ajenas a su deseo de pertenecer a la misma. Felizmente hemos podido retornar y lo hemos hecho en un momento de buenos augurios, cuando el CERN se encuentra en plena madurez y se dirige hacia nuevos horizontes de trabajo. En efecto, hace un año por estas fechas, el Presidente francés François Mitterrand y el Presidente de la Confederación Helvética, Pierre Aubert, hoy Consejero federal, y aquí con nosotros, inauguraron los trabajos de construcción del enorme anillo acelerador de partículas, conocido con el nombre de «LEP», que será la más reciente máquina incorporada a la batería de los ingenios del CERN para el estudio profundo de la materia. En los trabajos de construcción participan empresas y expertos españoles y ello es un símbolo de nuestra efectiva reincorporación al CERN.

En aquella ocasión inaugural, el Presidente Aubert encontró una metáfora afortunada: dijo que quizás el LEP, el gran anillo, venía a ser un símbolo en sí mismo de unión y de alianza; en este caso la unión de los europeos. Creo que debemos retener las palabras del entonces Presidente de la Confederación Helvética y mantener su idea como un lema que guíe nuestra conducta.

La gran lección que nos ofrece el CERN, al cabo de treinta años de trabajo, es que ninguna empresa humana verdaderamente trascendental se puede realizar ya en la soledad. Citando a Georges Sarton podríamos hacer nuestras sus palabras cuando afirma: «la ciencia es esencialmente internacional, o tal vez sería mejor decir supranacional». Los hombres de ciencia de todo tiempo y lugar, cooperan juntos, y no pueden dejar de cooperar aunque particularmente así lo deseasen, pues su tarea es esencialmente la misma. Todos ascienden por la misma montaña y aun cuando sus huellas diverjan, todos tienden a la misma meta. Miles de científicos dedican toda su vida a esta obra colectiva, como abejas en una colmena. Sólo que su colmena es el mundo. Es de desear que este ejemplo europeo en el plano científico sirva para estimular idénticos ejemplos internacionales en los planos político, económico, social y cultural.

Deseo aprovechar esta ocasión para invitar a los europeos que aquí trabajan a proseguir sin desmayo su tarea. El conocimiento humano es el más precioso patrimonio de la humanidad, debido precisamente a que es el único común a todos y carece de fronteras.

El CERN tiene en sus manos poderosos instrumentos experimentales que pueden confirmar teorías que acaso, fueran en el pasado, consideradas como juegos de la inteligencia. Sabemos bien que este es, sin embargo, un camino difícil que exige gran tenacidad e imaginación. Los descubrimientos e invenciones que a los que somos profanos en la ciencia física nuclear nos sorprenden como prodigiosas conquistas del valor y de la inteligencia humanas, revelan además en su aplicación retos sin precedentes a nuestra sociedad por las enormes posibilidades y responsabilidades que nos plantean.

Ernest Renan ya nos advertía que la ciencia es el alma de la sociedad pues la ciencia es la razón, beneficiándose toda nación con los hallazgos que realizan las demás y siendo por ello el progreso científico una vía privilegiada de fortalecer la paz y la solidaridad internacionales.

En esa senda debemos comprender que la investigación científica básica como la que se practica en el CERN no sólo contribuye a la expansión del conocimiento humano, que en sí mismo es un bien supremo, sino a infinidad de posibilidades prácticas según la historia de la ciencia moderna demuestra.

Como recordó la eminente científica universal que fue Madame Curie, el trabajo científico hay que hacerlo «por lo que es en sí, por la hermosura de su ciencia, y después queda la posibilidad de que el descubrimiento científico, como pasa con el radio se convierta en beneficio de la humanidad».

Es este doble estímulo de avanzar hacia las nuevas fronteras del conocimiento científico y, al mismo tiempo, promover el desarrollo espiritual y material del hombre, todo ello en el cuadro de una profunda solidaridad europea, el que ha impulsado a mi país a retornar al CERN con decidida voluntad de trabajo.

España, que se ha incorporado al quehacer científico contemporáneo con atraso, posee sin embargo una rica tradición en contribuciones a la formación de la ciencia occidental.

Precisamente este año hemos celebrado el VII Centenario del reinado de Alfonso X el Sabio, de Castilla, que simbolizó en plena Edad Media, por su personal esfuerzo en pro de una política científica de estudios y traducciones, la gran aportación de mi país al conocimiento en Europa de la ciencia árabe y, a través de ella, de la casi olvidada sabiduría griega. Toledo se convirtió, bajo su reinado, en un centro científico de fama internacional y de enorme importancia en lo que respecta a la ampliación y enriquecimiento del horizonte científico y cultural de occidente. Pero tal vez su recuerdo imborrable se deba en gran parte al hecho de que allí, apuntando hacia el futuro, colaboraron en pie de igualdad eruditos árabes, cristianos y judíos con obras que abren una nueva era en la historia de la ciencia y que se divulgan por toda Europa.

Dentro de ocho años vamos a celebrar en España el V Centenario de nuestro descubrimiento de América y con ese motivo recordaremos la aportación que los marinos, cosmógrafos y geógrafos españoles de la época hicieron al mayor conocimiento del mundo.

A estos destacados ejemplos del pasado lejano no puedo dejar de añadir el de los eminentes científicos españoles modernos que, en un esfuerzo más que nada individual y a veces heroico, se hicieron acreedores a nuestra gratitud. No queremos que haya un solo esfuerzo español aislado, en peligro de perderse, por falta de una concepción apropiada de lo que es la ciencia en nuestros días, ni un solo científico que tenga que exiliarse para encontrar lejos la ayuda que en su patria no pudo recibir. No podemos olvidar que hace setenta y ocho años un eminente español, Santiago Ramón y Cajal, obtenía el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Mas el suyo no era un premio a la ciencia española, era un premio a Santiago Ramón y Cajal, una gloria de España pero una gloria solitaria.

España quiere recuperar el tiempo perdido e imprimir a la investigación científica un nuevo y enérgico impulso, un impulso que sea colectivo, nacional, no aislado, y que nos coloque al nivel de los países de Europa con los que aquí vamos a compartir una tarea apasionante.La reincorporación de España al CERN es una decisión que ha venido impulsada por las autoridades científicas españolas en respuesta a una conciencia y una vocación detrás de las cuales hay una comunidad científica viva. Afortunadamente, y pese a los graves problemas de desarrollo científico que hemos padecido, en mi país existe un importante grupo de investigadores, precisamente de la especialidad de físicos teóricos de altas energías y que promete llegar a las cotas que nos hemos propuesto alcanzar en el seno de la comunidad científica europea.

La calidad de la investigación experimental es igualmente comparable a la de otros países de Europa aunque el número de experimentadores sea inferior, por problemas de estructura que afectan en general a la investigación científica en España. Pero contando con este capital humano inicial que revela una decorosa madurez científica, y con nuestra confianza en el CERN como gran oportunidad para la ciencia española, España se propone seguir dos líneas de actuación que serán los ejes principales de su acción futura en aquello que aquí nos interesa a todos: de un lado, el desarrollo al máximo posible, de la investigación en físicas de altas energías, y de otro, el incremento de nuestra presencia en el CERN de acuerdo con nuestra capacidad y necesidades.

Quiero aprovechar esta oportunidad para felicitar calurosamente a todos los españoles que hoy trabajan en el CERN, en diferentes sectores y funciones, por la seriedad y por la competencia profesional con que se entregan a su tarea; quiero agradecerles en nombre de España lo que hacen y asegurarles nuestro empeño en que no estén solos, sino integrados en un gran esfuerzo colectivo español, que sea, a su vez, un gran esfuerzo europeo.

Al servicio de estos propósitos, el Gobierno español ha trazado un plan que abarcará los años 1984 a 1989 y que permitirá financiar esta rama de la física de altas energías hasta situarla a nivel europeo. Ello traerá consigo una potenciación de esa disciplina especialmente en el campo experimental, una mayor formación de técnicos conocedores de las tecnologías de punta que pueden utilizar las enseñanzas del CERN y una promoción de las conexiones con la industria española.

España es una nación joven en la investigación de vanguardia y ello puede significar una inyección de entusiasmo y de ilusión en esta empresa europea a la que nos incorporamos con el doble incentivo de obedecer a nuestra vocación de plena integración europea y de potenciar el nivel científico y tecnológico español.

Estos son nuestros objetivos. Quisiéramos que el CERN los hiciera suyos como España hace suyos, con convicción, los del CERN.

Me complace afirmarlo así aquí, en Ginebra, en donde el CERN, con su trabajo diario, un trabajo científico que rebasa las posibilidades nacionales y exige la cotidiana solidaridad europea, está probando que el viejo sueño de una Europa unida es realizable. Aquí, todos los días, se yergue Europa como posibilidad.

Como ha dicho un eminente escritor suizo, que es también un eminente europeo, Denis de Rougemont: «No encontraremos a Europa más que haciéndola, como lo enseña el mito de Cadmo. El verdadero medio de definirla es construirla. Se trata mucho menos de delimitarla en el tiempo de la historia y del espacio terrestre que de renovar sin cesar la radiación de su genio particular que resulta ser precisamente universal.»

Muchas gracias.

Volver a Discursos
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+