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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de Argelia, Sr. Chadli Bendjedid

Palacio Real de Madrid, 01.07.1985

E

s un motivo de alegría y satisfacción para la Reina y para mí, así como para el gobierno y todo el pueblo español el poder hoy daros la más cordial bienvenida a España.

Vuestra presencia, acompañado de vuestra esposa, supone para nosotros la oportunidad de corresponder a la generosa hospitalidad con que fuimos recibidos en vuestro país, hace ahora un poco más de dos años.

Siguen muy vivas en nuestro recuerdo las constantes muestras de simpatía y afecto que recibimos durante nuestra estancia en la República Argelina Democrática y Popular. En especial, nunca podremos olvidar la acogida popular que nos dispensaron a la Reina y a mí, en la histórica Casbah de Argel.

Por todo ello, y por muchos entrañables recuerdos más, que sería largo enumerar aquí, sólo nos queda a la Reina y a mí esperar que vuestra estancia en España sea tan grata como lo fue la nuestra en vuestro país.

Sois el primer Presidente de la República Argelina Democrática y Popular que visita nuestro país. Sabemos valorar plenamente el significado y la dimensión que supone este acontecimiento. Simboliza el encuentro de nuestros pueblos y expresa públicamente la comprensión cada vez mayor que existe entre nosotros, demostrando asimismo la aproximación de aspiraciones y el firme propósito de intensificar nuestra cooperación en los más variados campos y materias.

Siempre nos ha unido la geografía, la historia y la cultura. Somos dos pueblos vecinos de raíces milenarias, por las cuales han pasado las mismas corrientes y las mismas influencias que cada cual ha asimilado y transformado según sus peculiaridades y características, y que, sin embargo, a pesar de mantener este pasado, son pueblos jóvenes: jóvenes por su población y jóvenes por su capacidad de contemplar, con ilusión y esperanza, un futuro de paz y prosperidad, más allá de las dificultades que nos acechan.

Durante siglos hemos compartido una cultura común, creando una civilización que ha sido señera, representando una de las grandes civilizaciones del acontecer humano.

La civilización arábigo-andaluza ha sido uno de los más brillantes focos del medioevo y se ha hecho posible por la convivencia de nuestros pueblos. En ese crisol se ha ido creando un sentido de la grandeza y de la dignidad humanas que ambos compartimos por igual.

Siempre hemos respetado el impacto y la profunda proyección que tiene vuestra nación en el mundo. Desde los albores de su independencia ha desempeñado un papel relevante en todos los foros y organismos internacionales, defendiendo las justas causas que favorecen la convivencia mundial y el desarrollo de los pueblos.

Miembro fundador del Movimiento de los Países No Alineados, la República Argelina Democrática y Popular ha contribuido a la formulación de iniciativas y proposiciones que tienden a lograr una mayor solidaridad entre los pueblos y una mayor democratización en las relaciones internacionales.

España también ha compartido estas mismas causas, pues sabe que la paz sólo se defiende con la justicia, la libertad y la promoción de la dignidad humana. Como Argelia, denuncia incansablemente cuanto disminuye o pone en peligro los derechos inalienables del hombre, como la segregación, la opresión o la miseria.

Por todo ello, juntos podemos contribuir a lograr una cada vez mayor distensión en el mundo conflictivo que nos ha tocado vivir.

Desde nuestra variedad, sin renunciar a defender nuestros intereses y nuestras peculiaridades, podemos mitigar la dialéctica de bloques favoreciendo las causas que puedan ayudar a crear un sistema de relaciones internacionales más justo y más seguro.

Señor Presidente, podemos empezar a crear este clima, comenzando por la región que nos es común. El Mediterráneo ha sido la cuna de la civilización pero se ha transformado ahora en escenario potencial de confrontación.

No deberíamos permitir que esta situación continúe así. Los pueblos ribereños, como España y Argelia, pueden dar el ejemplo; podemos conseguir devolverle al Mediterráneo su grandeza y su capacidad de eje de cooperación y entendimiento.

Para ello, es preciso empezar por nuestro entorno inmediato. En este sentido, vemos al Magreb como una unidad. España ve con esperanza un Magreb que se desarrolle cada vez más integrado y solidario. Sabemos que ello es posible.

En este marco es necesario resolver el conflicto del Sahara. El Gobierno español ha mantenido que «España está dispuesta en todo momento a prestar apoyo, la ayuda y colaboración que le sean solicitados con objeto de consolidar el proceso de paz en el Sahara, dentro de la línea señalada por las Naciones Unidas y por la OUA, a través del libre ejercicio del derecho de autodeterminación por el pueblo saharaui».

Aunque hablamos del Mediterráneo occidental y de la indispensable convivencia entre los países ribereños más próximos, no podemos olvidar que el Mediterráneo es una totalidad, y su seguridad debe ser global. Por ello, y de acuerdo con nuestra constante política con los países y pueblos árabes, vemos con consternación los acontecimientos en Oriente Medio.

Siempre defenderemos la seguridad de todos los Estados de la región y el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino; en este sentido valoramos la importante labor mediadora de vuestro país.

Esta común dimensión mediterránea no es excluyente: ambos tenemos otras proyecciones sobre las cuales se asientan nuestras relaciones exteriores. Así como la República Argelina Democrática y Popular es mediterránea y africana, España es mediterránea y europea.

Acabamos de concluir las negociaciones que hacen a nuestra patria miembro de la Comunidad Europea, plasmándose así la constante vocación europea de España, al ingresar en un conjunto de naciones con las cuales tenemos un mismo pasado histórico y con las que compartimos los mismos ideales democráticos.

Pero esto no supondrá renuncia, sino afianzamiento de nuestras peculiaridades y de los lazos seculares que acabo de mencionar, ya que ambos servirán a su vez para enriquecer y vitalizar la Comunidad Europea, que adquirirá una proyección más mediterránea y universal con la nueva contribución ibérica.

Por ello, la nación argelina y los países árabes deben ver nuestra integración en la Comunidad como el umbral de una más amplia cooperación con nuestros amigos tradicionales y que no pertenecen a nuestro continente.

Entre estos, es preciso contar con nuestros arraigados vínculos fraternales en la América hispana. Representan una dimensión permanente e invariable. España es europea, mediterránea y es también americana por vocación, por historia y por cultura.

Señor Presidente, comprenderéis con qué simpatía e interés hemos seguido vuestro reciente viaje a tres países de habla hispana. Habréis podido ver cómo el legado transmitido por nosotros al nuevo mundo se ha fundido en una civilización diferente, cuya pujanza y vitalidad pueden representar una esperanza para la humanidad.

Por ello, habéis podido decir, señor Presidente, «que las relaciones políticas entre la República Argelina Democrática y Popular y América Latina son relaciones de calidad que se arraigan en la defensa de los mismos principios de libertad, de justicia y de independencia nacional».

Señor Presidente, sentimos la más sincera admiración por vuestra biografía. Sabemos que habéis dedicado la vida al servicio de vuestro país como luchador infatigable por la causa de la independencia y que habéis sabido encarnar los trabajos y las luchas de vuestro pueblo. Con vuestra dirección, Argelia está construyendo, contando con su pasado y tradiciones, una sociedad moderna y avanzada.

Nos hemos vuelto a reunir, señor Presidente, esta vez en Madrid, para renovar nuestro común deseo de intensificar nuestras relaciones y el acercamiento entre nuestros dos pueblos a los que servimos.

Podemos mostrar los frutos de una fecunda convivencia si nos consideramos más que vecinos, socios, amigos y colaboradores en una empresa común.Sólo así, con ese espíritu, podremos adentrarnos en el siglo XXI sin vacilaciones y temores. Ambos estamos construyendo este prometedor y cercano mañana para juntos hacerlo plenamente fructífero.

Que la sincera y fraternal amistad que existe entre nuestros gobiernos y nuestros pueblos nos permita continuar este camino de concertación y de quehaceres comunes que hemos emprendido para contribuir así al desarrollo y bienestar de nuestras dos naciones y al fortalecimiento de la paz mundial.

Con este deseo quiero, señor Presidente, levantar mi copa por la amistad entre España y la República Argelina Democrática y Popular, por la prosperidad y bienestar de su pueblo, por su gobierno y por la ventura personal de Vuestra Excelencia y la de la señora Bendjedid.

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