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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración de los Observatorios Astrofísicos de Canarias

Santa Cruz de Tenerife(La Palma), 29.06.1985

C

on el objetivo de colaborar, desde la paz y la fecundidad del trabajo científico, al progreso de la humanidad, inauguramos hoy los observatorios astrofísicos del Teide y del Roque de los Muchachos.

Se culmina así un laborioso proceso de realizaciones en el que han trabajado con entusiasmo y rigurosidad desde hace años no sólo el Estado español y sus instituciones científicas, sino también las naciones europeas cuyos altos dignatarios están aquí presentes, y personalidades de la ciencia de excepcional importancia.

Todos debemos sentirnos orgullosos de esta alta tarea común planteada con la normativa jurídica necesaria, los tratados internacionales de colaboración convenientes y un desarrollo de recursos que ha de contar con permanentes asistencias nacionales e internacionales.

Nada de ello hubiera sido posible si por encima de problemas y circunstancias históricas coyunturales, no hubiéramos puesto todos aquello que más íntimamente nos define como hombres modernos: la voluntad de superación basada en una concepción del mundo y de la historia que nos exige cada día un esfuerzo positivo y continuado para enriquecer nuestros saberes y los métodos que racionalizan y hacen caminar a las sociedades.

Como ha señalado en su discurso el director del Instituto de Astrofísica de Canarias, los estudios en esta materia implican e inquietan al hombre. Una larga tradición desde la curiosidad, los sueños milenarios y los misterios del cosmos, nos acucia. En cada etapa de nuestro desarrollo científico se desvela un conjunto de problemas y se plantean otros nuevos, manteniéndose así la insaciable y hermosa vocación de saber y avanzar en nuestro destino.

Para esta tarea no bastan ya los esfuerzos aislados y los hallazgos y aportaciones individuales, sino que es preciso aunar conocimientos, coordinar recursos y plantear la actividad científica, a un tiempo vinculante y trascendente, en un continuo intercambio de experiencias y saberes.

Nosotros esperamos que, en este sentido, el Instituto de Astrofísica de Canarias, promueva un avance fundamental, no sólo para la comunidad científica europea de la especialidad, sino para todo el mundo.

Existen razones y causas profundas para que este extraordinario complejo haya sido levantado aquí. Estas Islas Canarias, plenas de belleza, en las que sus comunidades podrían quedar en el éxtasis y la delectación de sus maravillosos paisajes, han sido ejemplo, sin embargo, desde hace siglos, del caminar hacia adelante para romper misterios, alcanzar hitos de civilización y protagonizar la aventura perfectiva de los hombres.

Cielos y mares han sido la tentación en estos sublimes paisajes. Y aquí descansaron y de aquí partieron quienes nos han precedido en esta tarea. A ellos les debemos un sincero homenaje. Porque es muy cierto que la belleza nos conduce a la verdad y ésta al diálogo, al sentimiento positivo de la historia, a la paz y a la voluntad de convivencia.

Las Islas sirvieron en ese aspecto, de piedra de toque para alumbrar momentos estelares del saber.

Quienes servís a la ciencia, debatís sus incógnitas y os angustiáis por el proceso acumulativo de sus interrogantes, sois iluminadores de los que buscamos con afán la fraternidad entre todos los pueblos del mundo.

Estas instalaciones que hoy inauguramos son por ello, instrumentos vivos de la ciencia como actividad básica de la humanidad, pero también promotores de solidaridad, estímulos de fe en el porvenir y templos para una plegaria unánime.

La plegaria de que debemos renunciar cada hombre y cada sociedad a los intereses que nos desunan y abrazarnos en aquellos otros que, superando nuestras diferencias, nos hagan más grandes y mejores día a día, hermanados bajo los mismos cielos, mirando los mismos astros, conscientes de la armonía de la paz de las galaxias.

Cuando los navegantes españoles y portugueses abrían el cielo astral a la ciencia, nombrando y diseñando las nuevas constelaciones de las esferas celestes, se unían a otros que, desde distintos enclaves del mundo, hacían lo mismo buscando nuevas perspectivas y agrandando las imágenes y las fronteras del universo.

Y lentamente, algunas veces dolorosamente, el coraje y la clarividencia de estos antepasados, fueron imponiéndose hasta hacer olvidar a sus comunidades propias, en aquellas horas conflictivas, sus rencillas y particularismos, seduciéndoles ante sueños de grandeza e inmortalidad que han permanecido y que nosotros, orgullosamente, recogemos ahora.

Al recordarles con gratitud, debemos pensar que sólo seremos dignos servidores de la cultura y de la humanidad, si trabajamos con generosidad, sin miedo, con dedicación y esfuerzo, en la continuación de aquellos propósitos de universalidad y entendimiento que impulsaron las grandes investigaciones del cosmos y las experiencias ensayadas en su seno.

Hoy más que nunca, queridos amigos, nuestros pueblos miran el inmenso manto inacabable y resplandeciente de los cielos, y embargados como en otros siglos por su inquietante llamada, quieren seguir caminando para encontrar en cada paso por el insondable firmamento, la voz de Dios, la llamada de la belleza, el esquema indestructible de la razón, que nos hacen seres con aspiraciones divinas.

Estos observatorios, como muy bien han señalado quienes por su autoridad científica e institucional me han precedido en la palabra, abren una nueva etapa a la colaboración científica internacional en esta actividad permanente del hombre, fundamentalmente pacífica, que es la astronomía. Yo deseo y os pido, en nombre de España, la consideración prioritaria de la tarea que aquí se realice y el apoyo para ensanchar sus trabajos, extenderlos, divulgarlos, globalizarlos, y así enriquecer el acervo científico del mundo en esta frontera de un nuevo siglo.

Cuanto aquí se realice lo pondremos a disposición de todas las naciones. Europa permanecerá fiel de esta manera a su vocación universal.

Doy las gracias a cuantos habéis contribuido a la culminación de este proyecto internacional, de cuya andadura esperamos valiosos hallazgos.

Estas cimas canarias son vigías sensibles y clarividentes del universo. La tarea comienza, respaldada por la tecnología y los recursos adecuados, en el punto exacto para el éxito, instalados en el mejor paisaje, en una tierra de encuentro de civilizaciones, creadora de mitos.

España, la comunidad canaria, os acogen a vosotros y a las naciones que representáis con su más ancho y mejor abrazo. En esta tierra de convivencia, de luz y de diálogo no podemos por menos que sentirnos optimistas a la hora de las realizaciones.

Muchas gracias.

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