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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Filipinas Fidel Ramos y al Pueblo Filipino

Madrid, 12.09.1994

S

eñor Presidente, nos resulta especialmente grato dar a Vuestra Excelencia, a vuestra esposa y a la delegación que os acompaña la más cordial bienvenida a España.

Recibir a un Presidente de Filipinas en visita oficial a nuestro país, no sólo es un acto de cortesía insertado en la tradición española de hospitalidad sino que es el reencuentro con nuestra propia historia. Es la confirmación de unas relaciones de amistad que hunden sus raíces en el tiempo.

Por nuestro pasado común, España os acoge hoy con el sentimiento de estar recibiendo a quienes son parte de nuestra propia familia. La evocación del nombre de Filipinas trae a la memoria histórica de todos los españoles recuerdos de experiencias compartidas y de modos de ser y de sentir que han fraguado a través del tiempo rasgos comunes entre nuestros dos países.

Además, a la Reina y a mí nos trae los mejores recuerdos de una ya lejana estancia en vuestro país.

Lugar destacado de esta huella histórica en común lo ocupa la presencia de la lengua española en vuestro país. Conocida de forma independiente o integrada en el vocabulario tagalo, la lengua castellana forma parte de la realidad histórica y de la vida cotidiana de Filipinas.

Otras costumbres y tradiciones de origen español han enraizado en vuestra tierra. Recordamos también la importancia que tuvo Filipinas -a través de sus famosos galeones- en el comercio internacional.

Manila hizo llegar a toda la comunidad hispano-americana la cultura, el arte y los productos del Extremo Oriente, trayendo unido en aquellos materiales el espíritu del Pacífico y el sentido de otras vidas y otras tierras. A través de Filipinas llegó a otros países asiáticos la cultura española e iberoamericana. El conocimiento de los lacados, los marfiles, la orfebrería del oro y la plata, quedaron extendidos en todo el mundo, teniendo como centro de difusión vuestro país.

Así, la integración económica entre espacios regionales y la movilidad cultural entre hemisferios, tan de actualidad hoy, se realizaron parcialmente en Filipinas en siglos anteriores.

El pasado nos ha unido y nos anima a construir el futuro en armonía. Para afirmar esta unión en el presente, España y Filipinas han tomado recientemente algunas medidas de gran importancia con el fin de intentar proyectar hacia el porvenir la realidad de nuestras coincidencias y esperanzas para nuestros pueblos.

En el pasado mes de mayo fue inaugurado en Manila el Instituto Cervantes, primero de su clase en Asia. A dicha inauguración la Infanta Elena tuvo la ocasión de asistir, presidiendo los actos correspondientes de la misma. Aprovecho este momento para transmitirle el agradecimiento por la hospitalidad y el cariño con que recibisteis a nuestra hija. El Instituto Cervantes pretende, no solamente difundir la lengua española, sino a través de ella extender el conocimiento de la cultura actual española. Este hecho es de gran importancia para España y sabemos que también lo es para Filipinas, puesto que el legado literario en español de vuestro país contiene obras de los grandes libertadores de vuestra patria como Rizal, Aguinaldo y Bonifacio.

En otros ámbitos, el entendimiento entre nuestros dos países ha sido renovado en momentos recientes. España apoyó desde el primer momento el restablecimiento de la democracia en vuestro país, conseguido con tanto valor y esfuerzo. El Presidente del Gobierno español viajó a Manila en 1988 para recordar el compromiso solidario español con el futuro democrático y moderno de Filipinas en el concierto de las naciones. España sigue con interés las distintas medidas e iniciativas que vuestra excelencia ha tomado desde que asumió la presidencia. En particular, miramos con sumo interés el ambicioso programa de modernización y desarrollo conocido con el nombre de Filipinas 2000.

Tras su integración en la Unión Europea, España mantiene un diálogo fluido con una de las más grandes y sólidas organizaciones de carácter regional existentes en el mundo: la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, de la que forma parte Filipinas desde el momento de su creación. Deseamos que España y Filipinas, por su historia en común, puedan contribuir de forma importante al acercamiento de esta Asociación y la Unión Europea.

Las profundas transformaciones económicas que experimentan los países asiáticos del Pacífico son seguidas con enorme interés desde España y desde Europa. Requieren una colaboración para hacerlas mutuamente provechosas, para que el desarrollo sea equitativo y atienda a las exigencias y necesidades del conjunto de la sociedad.

En el umbral del siglo XXI, le expreso nuestro apoyo sincero para el proceso de desarrollo de su país, embarcado en un ambicioso programa de modernización que le vinculará firmemente a la zona de más intenso progreso económico a escala mundial en los próximos años. Que la libertad y la prosperidad caminen de la mano.

En nombre del pueblo español le reitero mi más calurosa bienvenida y en nombre de la Reina y del mío propio le deseo, al igual que a su esposa y a las distinguidas personalidades que le acompañan, una estancia muy grata en España. Estoy seguro que vuestra visita contribuirá a dar un impulso decisivo en la profundización de nuestras relaciones de amistad.

Por ello, invito a brindar por Filipinas, por la felicidad personal de Vuestra Excelencia y vuestra esposa y por la amistad entre nuestros dos países.

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