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Palabras de Su Majestad el Rey en la Generalitat de Cataluña

Barcelona, 23.05.1985

E

ncontrarnos de nuevo en Cataluña y tener la oportunidad que con interés hemos buscado, de vivir de cerca, sintiéndola y queriéndola, la espléndida capacidad de futuro de las gentes y las tierras catalanas, constituye para la Reina y para mí una satisfacción extraordinaria.

Hago hincapié en el sentimiento de esta proximidad física pues, precisamente, la alegría de compartir algunas jornadas integrándonos en vuestra vida, es consecuencia ineludible de la permanente presencia de Cataluña en las razones de Estado.

Porque las instituciones maduras y avanzadas, que desde hace siglos conforman la vida histórica catalana, están en constante actualidad para la Corona.

En esta hora importante de Cataluña, cuando asume el reto que para toda España representa el salto a la modernidad, quiero destacar vuestra labor al frente de la máxima institución democrática de esta Comunidad: la Generalitat.

Desde ella habéis contribuido a consolidar la democracia y respondéis a las exigencias legítimas de crear las condiciones necesarias para hacer posible una convivencia libre, justa y plural en esta hermosa tierra y en España entera.

La función moderadora, integradora, que corresponde a la Corona, ha de ejercerse de continuo por mí, con atención a esta casa, a sus hombres y a sus ambiciosos proyectos de prosperidad, en la común comprensión del destino de nuestra patria, su unidad inquebrantable y la firme vocación de progreso nacional.

La Generalitat tiene profundas raíces en el pasado de Cataluña, está legitimada en el presente por la irreversible decisión democrática de cuantos aquí viven, trabajan y crecen, y es el medio idóneo para cumplir la aspiración al autogobierno que ha sido constante de vuestra historia. Como Rey os estimulo a que cumpláis las exigencias del pueblo, gobernando con todos y para todos con libertad y justicia.

Cataluña os honra con su confianza. A vosotros os corresponde ganarla en cada circunstancia, por difícil que sea.

Como Rey, sé muy bien que el entramado social y político que engarza los deseos de progreso de los catalanes y los impulsa hacia el futuro, constituye un estímulo muy importante en el conjunto de la vida nacional. Hasta tal extremo que pudiéramos decir, sinceramente, con realismo y buen sentido, que si Cataluña va bien, va bien España. Y si, por el contrario, en esta comunidad las cosas se hacen difíciles, los problemas irresolubles y poco claras las perspectivas de futuro, también se oscurecerá el panorama general de nuestra patria.

Por eso sentimos, la Reina y yo, una especial emoción al visitaros.

Es el encuentro, cada vez más querido, con una parte esencial de España, la de vuestra tierra, que ordena y magnifica el gran solar de todos los españoles, inspira su optimismo, provoca su afán de superación y nos da la medida de proporcionalidad adecuada para la tarea que a todos y cada uno nos corresponde realizar.

Las virtudes, cualidades y circunstancias que en vosotros se dan, queridos catalanes, han encendido tantas polémicas y han asumido tantas responsabilidades, que excedería cualquier pretensión intelectual el resumirlas.

Pero sí es oportuno recordar que el ritmo de la vida española, para bien de todos, para acicate de la propia conducta nacional, recoge de vosotros sus modulaciones más rigurosas e inesquivables.

Una de las claves de la grandeza de Cataluña radica en haber sabido convertirse en una adelantada española en los más variados órdenes:Por su profundo sentido democrático, que al demandar respeto hacia sus características propias, acepta las de los demás.

Por sus actividades económicas, fruto de una personalidad inquieta y realista.

Por su enorme capacidad para recibir y potenciar a tantos como han venido de fuera y aquí han rehecho felizmente su hogar.

Se os ha conferido, catalanes, un doble papel en la historia: la posibilidad de proporcionar un equipaje de ilusión y de voluntad creadora en nuestra andadura nacional y el de ser la comunidad a la que más se exige por ser de la que más se puede esperar.

Hoy vivimos trascendentales momentos en la vida española, al culminar un largo proceso de integración en Europa.

Ha sido una tensa y fatigosa tarea, a veces de injustas proporciones para nosotros, hijos de una nación que ha sido corazón y mente de los grandes hitos de la europeidad.

El diálogo europeo no es, sin embargo, un contencioso para nosotros, sino que se configura como un hecho definitivo, porque Europa y España nos necesitamos mutuamente.

El continente no se concibe sin la grandeza de España y España, a su vez, amplía hacia otros continentes la proyección europea, en razón de una obra de siglos y de un mensaje humanístico de singular sentido universal.

Cataluña ha de asumir un papel de vanguardia en esta tarea de la integración europea, ya que su actividad es semejante a la que ha levantado la Europea próspera y unida.

Es hora de romper las fronteras. El abrazo de los hombres se hace múltiple e ilimitado. Cataluña que ha superado mares y cordilleras, ha de levantar ahora la antorcha que ilumine los nuevos caminos de la patria.

Sé que vuestros problemas son numerosos y que estáis empeñados en una tarea de transformación constante, creando nuevas posibilidades de desarrollo, abriendo los paisajes de esta tierra a la creatividad cultural y técnica.

Una vez más no podéis permitiros ni una sola pausa, ni un mínimo desfallecimiento, ni una mirada hacia atrás que os distraiga de la propia labor.

Porque como ha ocurrido en tantas etapas de la historia nacional, es aquí, entre vosotros, en esta comunidad plural y acogedora, donde se acrisola el ser de España.

Por eso, como siempre, os demandaré como Rey, el buen sentido, la moderación, la lucidez, el empeño, la serenidad y el coraje que han hecho posible las más altas empresas.

El saludo de la Reina y el mío se unen, pues, a la exigencia.

Una exigencia de acción esperanzada hacia el progreso.

Una exigencia de asunción de las responsabilidades propias de un gran pueblo, como es el vuestro.

Espanya espera que Catalunya segueixi, dia rera dia, convertint en realitat els seus somnis més ambiciosos.

L'exemple català en la transició ha estat bàsic per l'estabilitat i per la recuperació d'Espanya. Catalunya s'ha sentit segura d'ella mateixa i ha transmés aquesta seguretat a la resta d'Espanya tot i mostrant la seva modélica fermesa.

I em complau de finir les meves paraules en català perqué Catalunya se sent justament orgullosa de la seva llengua, tan rica tant ahir com avui en manifestacions literàries i tan arrelada en el poble fidel.

Pocs paisos poden, com Espanya, mostrar al món un tan divers i espléndid panorama idiomàtic i cultural, la qual cosa no constitueix un obstacle ans és un factor positiu per la unitat de la nostra pàtria. Perqué la unitat s'entén millor en els lligams amb el passat i en la promesa de futur, quan, impregnada de fe en els homes, àmplia i generosa, se sent vibrar de prop l'ànima catalana.

Gràcies, senyor President, senyors consellers, per la vostra acollença. La Reina i jo ens trobem ací com si fóssim a casa. A la gran Catalunya on, al llarg dels segles i per bé d'Espanya, s'han abraçat amor, treball, cultura i esperit de superació.

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