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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Zimbabwe Canaan Sodindo Bananay al pueblo zimbabués

Zimbabwe(Harare), 16.12.1986

S

eñor Presidente, Quiero que mis primeras palabras sean para testimoniar a Vuestra Excelencia, y en su persona al gobierno y pueblo de Zimbabwe, el agradecimiento de la Reina y mío por la cálida acogida que nos habéis dispensado. En estas primeras y gratas horas de estancia en Harare hemos podido ver confirmadas las razones que nos impulsaron a visitar vuestro país. Por eso, me satisface sobremanera compartir ahora con vosotros unas breves reflexiones que son expresión de nuestros sentimientos al disfrutar de vuestra generosa hospitalidad.

Señor Presidente, la tradición humanista de mi patria y nuestra preocupación por los graves problemas que afligen a esta parte del continente africano justifican por sí solos nuestra presencia aquí esta noche, compartiendo vuestra mesa. Venimos, sobre todo, a declararos nuestra admiración y a daros testimonio de nuestra solidaridad.

Vuestro país, señor Presidente, con ser la más joven de las naciones africanas, es un ejemplo para todas las del mundo. El traumático acceso a la independencia no ha impedido la generosidad de la reconciliación y la existencia de un proyecto nacional unificador que hoy se revela en una democracia estable y próspera.

Esa actitud tan positiva de vuestro gobierno, se ha complementado, además, con una aproximación a los problemas internacionales constructiva e independiente. No es de sorprender, por lo tanto, que la Conferencia de los Países No Alineados haya depositado su confianza en Zimbabwe al encomendarle la compleja misión de dirigir el Movimiento.

Cuantos se reunieron recientemente aquí, incluyendo a la delegación de mi país, que fue huésped de vuestro Gobierno, expresaron su satisfacción no sólo por los resultados alcanzados, sino también por la eficaz organización de una tarea tan complicada.

Señor Presidente, cualquier persona con sentimientos de justicia comparte el rechazo de los principios en que se asienta el sistema de apartheid que repugnan a la conciencia y claman contra los más elementales sentimientos del ser humano. Resulta importante subrayar, en este sentido, que hoy día Zimbabwe constituye el más vivo ejemplo, frente a aquellos que fundan sus instituciones políticas en la segregación, de que es posible la convivencia radical dentro de un esquema integrador.

Comparto vuestra opinión, señor Presidente, de que es imprescindible la cooperación internacional para erradicar el sistema de segregación racial que se inscribe en el catálogo de los anacronismos y para eliminar la causa básica de la inestabilidad e inseguridad regionales. Mi gobierno promueve esta idea en todos los foros internacionales en que participa y entiende que es imperativa la solidaridad internacional para que Africa austral pueda consolidarse como área de prosperidad económica y libertad donde se respeten todos los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos.

No quisiera finalizar esta corta alocución sin dejar de señalar mi deseo sincero de que nuestra visita impulse nuestras cortas pero fructíferas relaciones bilaterales. Quiero reiteraros que en España encontraréis siempre a un país amigo, comprensivo de vuestros problemas y dispuesto a favorecer iniciativas que los alivien. En este espíritu solidario os adelanto la voluntad de mi gobierno de incrementar nuestra presencia y estimular la cooperación con Zimbabwe.

Finalmente, debo dejar aquí constancia de mi admiración por la encomiable labor de mis numerosos compatriotas misioneros que, desde hace muchos años, comparten con el pueblo de Zimbabwe trabajos, penas y alegrías.

Al renovar el agradecimiento de la Reina y mío a Vuestra Excelencia, a vuestro Gobierno y al pueblo de Zimbabwe, levanto mi copa y brindo por vuestra salud y bienestar personal, por el de la señora de Banana, por la prosperidad de vuestro pueblo y por la amistad entre Zimbabwe y España.

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