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Palabras de Su Majestad el Rey a la diplomacia española al clausurar el curso de la Escuela Diplomática

Madrid, 23.10.1991

U

na vez más nos disponemos a recibir a una nueva promoción de Secretarios de Embajada, en un acto en el que este año las notas diferenciales son la intimidad que da contar con una presencia mayoritaria de las familias de estos funcionarios diplomáticos, y el cambio en el equipo directivo de la Escuela Diplomática: a la actual dirección va a corresponder celebrar el cincuentenario de esta institución, dándole nuevo impulso y orientación.

Sois los representantes de una generación que se incorpora al quehacer internacional en circunstancias excepcionales, cuando el siglo XXI ha comenzado de hecho, adelantándose al calendario convencional. Un siglo que se prepara uniendo a la aceleración de la historia el vértigo de la libertad, que permite encarar el futuro sin mediaciones ideológicas que enmascaraban los hechos y dificultaban una realidad naciente, que hay que entender para crecer con ella misma.

Formáis un grupo de personalidades maduras, que habéis enriquecido vuestra identidad con la formación recibida en esta Escuela, formación que inmediatamente vais a poner en práctica en diferentes misiones y lugares.

Coincide, además, vuestra incorporación al servicio exterior con los últimos preparativos de la conmemoración de aquellos acontecimientos que iniciaron la universalización de la personalidad histórica de nuestro país y de su cultura, dando comienzo a una etapa decisiva en la evolución de los pueblos que conviven dentro de nuestra España. Con la adhesión a una historia compartida, con la evaluación de sus glorias y responsabilidades, se refuerza el proyecto de vida en común, se sacan nuevas fuerzas e ímpetu para entrar, sin reservas, en una nueva etapa de la historia de la humanidad y participar en su construcción.

La celebración del V Centenario ha de influir en vuestra presentación de nuestro país, en la defensa de sus intereses permanentes, adaptándola a las exigencias y realidades de cada momento histórico, sin olvidar nunca que nuestra singularidad internacional ha estado basada en ideales universales.

Nuestra tradición de paz y amistad hacia todos tiene que ser nuestra aportación al orden internacional que emerge.

La desaparición de la confrontación entre ideologías permite identificar los auténticos problemas y los intereses reales. Ayudar a la solución de los primeros y coordinar o llegar a un compromiso integrador en los segundos, es desde siempre la noble tarea de la diplomacia.

Utilizar nuevos métodos y técnicas para estos fines forma parte de su perpetua evolución como corresponde a países e instituciones vivas: este es vuestro reto, el de las promociones venideras, y especialmente el de esa Escuela Diplomática a cuya nueva dirección aliento para que enriquezca con estas reflexiones, la sólida tradición de esta institución que nos acoge.

Con la seguridad de que sabréis estar a la altura de vuestra misión, reitero a todos mi felicitación y hago votos porque vuestras ilusiones se hagan realidad, en una vida consagrada al servicio a España.

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